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Se suelen encontrar, en viejos jardines, espléndidos ejemplares de estas magnolias de origen asiático a las que, en general, llamamos japónicas, pero que se plantan poco en jardines nuevos. Tienta sentirse analista y opinar que tal vez por ser especies de lento crecimiento la sociedad actual las rechace u olvide porque no satisfacen sus prisas y sus deseos de resultados rápidos. Sólo que cuando se ve alguna añosa planta en flor produce gran encanto. La Magnolia liliflora tiene flores agudas, pétalos color violeta oscuro con el dorso más claro. La M. denudata es blanca, de corola redondeada, compuesta por nueve pétalos y muy florífera. Estas dos especies, originarias de China, fueron hibridadas en Francia y se obtuvo la Magnolia soulangeana, que produjo cultivares con flores en diferentes tonos de rosa y púrpura con blanco, de profusa y prolongada floración. La Magnolia stellata, originaria de Japón, forma un arbusto denso, de forma redondeada y flores blancas con numerosos pétalos angostos, que le dan aspecto de margarita. En libros extranjeros se mencionan muchas especies más, algunas originarias de Asia como la Magnolia cambelli y otras obtenidas por hibridación en Estados Unidos, Japón y Francia. En todos los casos tienen hojas caducas y floración primaveral, anterior o coincidente con sus hojas, y tardan muchos años en alcanzar la maduración para florecer. La Magnolia grandiflora, originaria de América del Norte, es la más popular y aclimatada en el país. En Buenos Aires hay varios ejemplares históricos: las magnolias del Protomedicato, frente a la iglesia de San Pedro Telmo, y la que está en la entrada del Jardín Japonés.





