
Por Cristina L. de Bugatti
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No recuerdo cuándo pude haber incorporado a mi jardín plantas capuchinas o taco de reina, o Tropaeolum majus -difícil nombre de origen griego-, que querría destacar la forzada semejanza de la flor con un casco guerrero -tropaion-, pero sí me acuerdo que llegaron para quedarse. Y así, estas plantas anuales nacen por todas partes, lo que me alegra porque son muy bonitas. Finos tallos de hasta medio metro que se apoyan o arrastran, hojas casi circulares con largo pecíolo -también voluble- insertado en su centro de forma peltadas y graciosas flores de hasta 3 cm de diámetro, amarillas, anaranjadas o rojas -con un espolón-, el taco de reina. Tienen grato perfume, son durables en floreros y, además, comestibles. Sus pimpollos y frutos tiernos, encurtidos en vinagre, reemplazan a las alcaparras. Y por si esto fuera poco aportan abundante vitamina C. Si tiene poco riego, o está en lugar seco y soleado, se cubre de flores. Esta rústica especie ha dado origen a muchas variedades jardineras, todas anuales y de diferentes tonalidades de rojos o amarillos, o con flores dobles, o enanas de mata muy compacta. Se reproducen por semillas sembradas a principios de la primavera o por gajos. A esta capuchina de origen peruano le podemos oponer otra variedad, de hábitat más cercano, ya que se la encuentra en nuestro litoral, bajando desde Brasil: el Tropaeolum pentaphyllum o flor de pitito. En este caso se trata de una planta herbácea perenne, trepadora con finos tallos volubles, que puede superar los tres metros con raíz tuberosa que parece formada por varios bulbos adosados, y hojas de unos cinco cm de diámetro, de corto pecíolo, compuestas por cinco folíolos. Las flores, abundantes entre la primavera y el otoño, son de color verde y rojo vivo, tienen forma de un largo tubo de unos 3 cm que termina en un espolón y se ensanchan en pequeños pétalos. Se cultiva en esta zona y se reproduce por semillas o bulbos. Otras especies de este género aparecen en regiones cordilleranas desde el norte de Chile hasta Colombia, como el Tropaeolum tuberosum -añú o apiñamama perenne-, de flores rojas, cultivado sobre todo para el consumo de sus bulbos comestibles, ricos en hidratos de carbono; el Tropaeolum incisum de Chile y la Argentina, también perenne, de follaje grisáceo y flores amarillas con tintes cobrizos. Ambos son rastreros, de tallos débiles, necesitan soportes para crecer hacia arriba y se multiplican por semillas y bulbos.




