
Por Cristina L. de Bugatti
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Pese a su pequeñez (no logra erguirse por encima de los dos centímetros), es una planta completa, con raíz, tallos, hojas, flores y semillas. Además, luce, llama la atención y despierta interés. Se llama Soleirolia soleirolii o Helxine, es única en su especie y nativa de las islas de Córcega y Cerdeña, lo que constituye otro exotismo.
El nombre Soleirolia recuerda a un militar llamado H. Soleirol, nacido en 1792, que coleccionaba plantas en ambas islas mediterráneas.
Con ese nombre ya se conocía una especie anterior a Linneo, el sabio botánico que en 1758 editó una obra en la que se da un nombre, en latín, por sus características botánicas, a todas las plantas conocidas entonces. Se le agregó para diferenciarla el epíteto soleirolii. Para aumentar la confusión, se la llama también Helxine, nombre que lleva otra variedad de la misma especie llamada Parietaria , que prospera en las grietas de las paredes. Todas ellas son de la familia de las ortigas, es decir, Urticáceas, pero sin los pelos urticantes que tienen las ortigas.
La Soleirolia es una herbácea perenne de porte radicante, lo que significa que crece apoyando en el suelo los tallitos de cuyos nudos nacen raíces y las hojas, redondeadas, que cubren rápidamente grandes superficies. Suelen aparecer espontáneamente en lugares sombreados, no sombríos, donde la superficie del suelo retiene la humedad por alguna semilla llevada por los pájaros, y es muy fácil reproducirlas mediante gajitos, que enraízan sin problemas. Si hay sequía, la favorece un riego semanal. Su característica de planta tapizante le da una utilidad especial porque en poco tiempo forma una densa cobertura en torno de plantas, tanto en el suelo como en macetas, tapando las bases desnudas de los tallos, que pueden ser antiestéticas.
Su vigor la puede hacer invadir lugares adyacentes, incluso superando los límites que se le han impuesto, como bordes de ladrillo que superan y pasan al otro lado o veredas, en las que siguen avanzando. Como en toda planta, el remedio es la poda, sólo que en este caso se realiza con una tijera común, recortando el borde para quitar lo que sobra, como si fuera una tela. Cuando se la cultiva en maceta, sin posibilidad de expandirse, los tallitos crecen más verticales y otra vez la tijera los vuelve a su lugar.





