
Es un asunto que genera divergencias; datos básicos, pero útiles
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La época de poda de las plantas es uno de los tantos temas en discusión dentro de la horticultura. Muchos técnicos aconsejan realizarla cuando la planta --árbol o arbusto-- está en pleno vigor, para que las heridas cicatricen más rápidamente y sea más fácil discernir qué partes son más débiles, están dañadas o deben eliminarse. Entre nosotros, la poda se efectúa cuando la planta está en reposo para minimizar pérdidas de savia y las de verano, siempre son circunstanciales. Sucede a menudo que el calor y las lluvias estimulan demasiado el crecimiento de un ejemplar y se hace imperioso limitarlo. Se debe tener en cuenta que toda poda es estimulante y la brotación posterior será proporcional a la amputación, de manera que es conveniente efectuar podas continuas de control en vez de cortes drásticos.
Pero en primavera y verano hay podas que deben efectuarse siempre.
En especies con tendencia a emitir brotes desde la raíz --como el Acer negunda y la Tilia moltkei o tilo-- se impone ir quitando esos brotes al ras, desde que se los ve aparecer. En nuestros tilos, de una variedad estéril, esos cortes son la manera de reproducirlos. Los álamos emiten brotes desde sus raíces gemíferas, aun a muchos metros del tronco, y obligan a suprimirlos o elegir otras clases de árboles.
En plantas injertadas, como los rosales, algunos frutales y ciertas magnolias japónicas, puede suceder que el vigoroso pie de injerto se tome una revancha y brote con fuerza. Hay que quitarlo al ras apenas se lo ve, ya que su vigor quita fuerzas al injerto y puede llegar a secarlo. Se lo reconoce por su explosivo crecimiento y por diferencias en el follaje.
A veces se ve, con sorpresa, que del pie nace una planta totalmente diferente, tan valiosa como la injertada, como en el caso de ciertos jazmines, cuyo pie es una especie rara para nosotros.
Y bueno, es un dilema para jardineros pensantes.
Cortar flores es podar. En los rosales se aconseja cortar las rosas por encima de la tercera o cuarta yema del tallo floral, para asegurar el rebrote y reflorecimiento. En todos los casos, quitar las flores ya marchitas o secas no sólo prolija la planta, sino que asegura las próximas floraciones. Paseando por el jardín hay que estar siempre pronta al pinzamiento o pellizco, que se realiza con el pulgar e índice de la mano: la pinza perfecta hecha por Dios.
En las herbáceas con una floración anual, que disponen sus flores sobre una vara floral, como conejitos (antirrhinum), espuelas de caballero (delphinium), algunas campanulas, la supresión del tallo central ya florecido estimula el crecimiento y la floración de tallos laterales: la planta pierde su forma espigada y se convierte en una mata, pero produce una segunda floración. La poda es para que las plantas nos obedezcan, pero como todo poder, debe usarse con sabiduría.
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