
Por Cristina L. de Bugatti
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Cuando la tecnología irrumpió en la horticultura, por la década del 90, y la instalación de invernáculos en las huertas amplió los límites de las barreras climáticas se empezaron a encontrar, en verano y principios de otoño, plantitas de albahaca para trasplantar. Se ofrecían en las verdulerías, en envoltorios con corta raíz y fresco follaje, incitando a iniciar la propia producción, sólo que se sufría un desencanto: no olían a nada. Una pena, porque las albahacas normales ya ubicadas en el suelo o en macetas grandes con tierra suelta, al sol matinal o a media sombra, desprenden su intenso aroma.
Su nombre botánico es Oncimum basilicun y es una planta anual originaria de las regiones tropicales de Asia y cuyo cultivo se ha extendido e incluso popularizado en países templados, como Italia y España; de hecho, en Italia, es la base del famoso pesto, esa salsa fría que acompaña tan bien las pastas.
En el sur de España es común cultivar en una maceta varias plantas que se ubican en las ventanas para ahuyentar los mosquitos, y mereció una mención de Federico García Lorca en su obra La niña que riega la albahaca, en alusión a una leyenda inglesa. Keats había escrito el poema trágico Isabela o la maceta de albahaca en el que narra un drama de celos y enemistad familiar, ya que los hermanos de Isabela habían asesinado al joven Lorenzo, amante de Isabela, y ella guardó su cabeza en una maceta en la que sembró albahaca, leyenda que también inspiró un cuadro pintado por el pintor inglés Holman Hunt.
Esta planta se reproduce fácilmente por semilla sembrada normalmente a principios de primavera; alcanza los 40 cm de altura y es muy ramificada. Los andaluces ponen en una maceta valvas de caracoles mirando hacia arriba, vaciadas y rellenas de tierra, dejando un hueco en el centro con tierra común de jardín, donde se pone la planta de albahaca. Parece que las raíces se distribuyen en esas valvas rellenas, así estimulan a la planta para que aumente su ramificación, y volumen.
Las pequeñas flores son blancas, ubicadas en espigas. Esas inflorescencias deben cortarse al ras cuando asoman para que la planta siga brotando y así se forme una mata más densa y durable, ya que la misión de toda planta es crecer y multiplicarse, y eso lo podrá cumplir si llega a formar semillas.
El aroma se percibe en las hojas: si se mira una hoja a contraluz se pueden ver unos puntitos que son los huecos donde se aloja la esencia, que se define como con aroma deliciosamente picante, fuerte, cálido, fresco y apetitoso, y además, es muy volátil. Se han probado diferentes maneras de conservar ese aroma, pero con pobre resultado.
La albahaca es fuertemente tónica y antiséptica, estimulante y digestiva, se aplica a diferentes preparaciones, y su uso tiene una tradición de 5000 años.



