
Por Cristina L. de BugattiPara LA NACION
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Mariposas suspendidas en el aire,/ sus alas de seda rosa se agitan./ Ciclamen en flor . Tal es el emotivo haiku que Sue Littleton transcribió en su bello libro para nombrar a esta flor que, desde los viveros, nos inunda los ojos. Aun quien sólo adquiera una maceta con la planta en flor, si la ubica en interior luminoso o en exterior abrigado, tendrá durante varios meses esa atractiva presencia. Aunque algunos simples cuidados no le vendrán mal.
Cuando se la adquiere, ya que la propia producción no es fácil, se debe observar la planta desde su base y elegir aquella que tenga numerosos pimpollos aún muy cerrados en los tallos florales todavía cortos, lo que asegurará una prolongada floración. En estos días en los que se abusa de la calefacción, si está dentro de la casa conviene buscarle el lugar más fresco. También el riego que necesita (poco, pero imprescindible) puede ser problemático. Una operación algo complicada consiste regar desde abajo, sumergiendo la maceta en un recipiente con agua hasta el borde por un lapso de 15 minutos, permitiendo que la humedad suba a través del orificio de drenaje. El riego común debe hacerse suavemente y sin mojar las hojas. En todos los casos, se riega cuando al presionarla se nota la tierra seca.
Si se le han dejado los tallos florales hasta que hayan caído las flores, y éstas han llegado a fecundarse, puede llegar a semillar. Se verá que los tallos ya sin flores, pero con su fruto se tuercen en espiral y apoyan en el suelo de la maceta; ahí caen las semillas y se puede llegar a ver nacer las plántulas. Esas pequeñas plantas pueden desarrollarse sin problemas en esa misma maceta, e incluso ser trasplantadas; pero el posterior cultivo ha demostrado no ser exitoso aunque tengan un buen sustrato de tierra y turba.
La llegada de los calores es su mayor enemigo, ya que el clima mediterráneo donde se han originado, en el este de Europa y Asia Menor, tiene pocos rigores. He visto un manchón de esas plantas, silvestres y con los tallos de hojas y flores menos enhiestos, al borde de una ruta en Nápoles.
Su raíz es un bulbo chato, y si bien guardado en lugar fresco rebrota si se lo planta en buena tierra y turba, en la siguiente temporada su floración será más escasa, y la planta poco atractiva.
Pertenece a la corta familia de las primuláceas, y si bien sus flores miran con timidez hacia abajo, los colores que visten el blanco y toda la gama del rojo no dejan de destacarse.



