
Integra el living de la casa y en los primeros tiempos del country se utilizó para reuniones culturales
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Olga Wainstein de Krasuk se ganó la etiqueta de innovadora hace treinta años. En 1974, cuando las casas sólo vestían ladrillo a la vista y techo de teja, ella se embarcó en la aventura de darle forma. Así creó una vivienda de estilo moderno, llena de ventanales, que tiene como epicentro una pileta invernadero integrada al living.
Es el corazón de la casa, ya que todos los sectores participan o desembocan allí. Las habitaciones del primer piso dan a la piscina, que juega distintos roles: espejo de agua que forma parte del living, espacio lúdico y elemento decorativo.
Espacio con variantes
"En la época que nos vinimos a vivir aquí, el country tenía muy poca infraestructura y no había muchas actividades dirigidas a la gente adulta. Entonces se nos ocurrió organizar en casa los sábados a la noche funciones de cine, teatro y conjuntos musicales. Se presentaron artistas como Antonio de Racco, el grupo Música Ficta de Buenos Aires y el Coro de Rosario, entre otros", relata Olga.
La residencia funcionaba como una especie de centro cultural, donde incluso una vez se realizó una Bienal de Arquitectura. Con una fila de sillas entre el living y la pileta y utilizando su escalinata como gradas, hay espacio para aproximadamente 50 personas.
La vegetación puebla la vivienda. Glicinas y durazneros en el jardín inspiran a su dueña, que trabajó 30 años en el Studio Staff, en el área de vivienda social. Actualmente dirige el Centro de Estudios del Hábitat y la Vivienda de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, es profesora y organiza jornadas.
"Antes, con mis dos hijos aprovechábamos mucho más la casa. Ahora están casados, uno vive afuera y la otra rara vez viene al country. Con mi marido nos venimos el fin de semana", cuenta Olga.
"A mis suegros les gustaba estar en el frente y disfrutar de la sombra, los chicos siempre coparon el jardín y la pileta. A mi marido le gusta leer en algún sillón afuera de la casa y yo tengo un lugarcito en el piso de arriba que da a la pileta, donde trabajo", explica la arquitecta.
La pileta está cubierta por un techo de vidrios que se bajan en tres módulos, si se quiere aprovechar el sol a pleno. También tiene iluminación artificial y está climatizada para disfrutarla todo el año. La casa, que fue pensada como residencia de fin de semana, y se ganó su espacio en publicaciones internacionales, aún conserva el mobiliario de los días de su inauguración.





