
Por Cristina L. de Bugatti Para LA NACION
1 minuto de lectura'
En Maipue, publicación sobre plantas y jardines, que edita el Club de Jardinería de Cipolletti, se transcribe la entrevista que María B. Costa Paz le hizo a Eduardo Rapoport, biólogo e investigador de la Universidad del Comahue, acerca de las malezas comestibles. El tema es más que interesante y me tienta para mencionar e identificar algunos yuyos comestibles que pueblan nuestras veredas, banquinas y baldíos. El más difundido es el diente de león ( Taraxacum officinalis ), adaptado a toda circunstancia: desde la plantita que florece a ras del suelo hasta los que vi en Copahue, de grandes flores y follaje vigoroso, tal vez por los minerales del agua. Es reconocible por la esfera plumosa, o panadero, que aloja sus semillas. Los franceses lo cultivan y consumen la hojas en ensalada, y realizan un segundo cultivo de las raíces sin las hojas para obtener pequeñas endibias. El nombre que le dan, pissenlit , alude a sus propiedades diuréticas. Con las flores se hace un jarabe que es el Vino del Estío del delicioso libro de Bradbury, y las raíces, tostadas, son medicinales. Toda la planta aporta minerales y vegeta casi todo el año. El Sochus oleraseus es también una compuesta y tiene semejanzas con el diente de león, sólo que a partir de la roseta basal el tallo, alto, se ramifica y las flores se agrupan en umbelas poco densas. Se lo llama cerraja , pero también se lo conoce como el yuyo de los ravioles, pues sus hojas, tiernas y sabrosas, se usan, cocidas, para rellenos.
Apenas se va el invierno aparece, en tierras cultivadas, el mastuerzo ( Coronopus dydimus), una crucífera, de la gran familia de las coles. En un viejo Almanaque de la Salud, el médico Ramón Carrillo destacaba sus virtudes antianémicas por su gran contenido de hierro y vitamina C; también se la llama quimpe, y tiene muchos usos externos. Se la reconoce por su fuerte olor a repollo. Heredé la receta de unos canapés de pobre: rodajas finas de pan duro, rociados con aceite y vinagre, cubiertos de picadillo de mastuerzo. Canapés menos sobrios son aún más sabrosos. Y, por fin, la agresiva ortiga ( urtica dioica), yuyo de primavera e indicador de suelo fértil, es un alimento valioso por sus minerales y vitaminas. Se consume hervida, así se suaviza, es muy sabrosa y los escoceses tienen una sopa de avena y ortiga coronada por crema fresca que, dicen, es deliciosa. No terminan ahí sus servicios: macerada 10 días en agua se cuela el líquido y, aplicado sobre las plantas, combate pulgones y fungosis, y sobre el suelo, lo abona. Es el famoso purin de ortiga .
1
2Créditos hipotecarios: los 3 hechos concretos que muestran señales positivas para el futuro de los préstamos
3Misterio resuelto: se confirmó que este extraño chalet “de geometría perfecta” lo diseñó Gaudí a 1500 metros de altura
- 4
En el barrio porteño que se ideó con Harvard se construirán 1000 viviendas



