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Los hombres y las mujeres de la Revolución de Mayo de 1810 comían mucho esta olla podrida, una especie de guiso colonial. Un menú nunca tenía menos de cinco platos más postres. Carnes, maíz y vegetales, por ahí pasaba la dieta básica de aquellos tiempos. La olla podrida es un guiso que tiene porotos rojos, embutidos, carne de cerdo y, como todo cocido, se elabora el día anterior para que se ablanden los ingredientes y se intensifiquen los sabores. Para que la olla podrida sea todavía más completa, se le suele agregar una tortilla francesa a cada plato al momento de servirlo. Pese a que el nombre parezca referirse a un plato malogrado, en verdad surge del castellano antiguo “olla poderida”, es decir, era un plato que los poderosos o más pudientes podían preparar por ser un plato de ricos.
