
Una nueva era comienza de la mano de su hijo, Haakon VIII
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Con la muerte de Harald V, Noruega despide a un rey muy querido y llega el fin de una era. Con su desaparición también se cierra el capítulo de un monarca que rompió moldes dentro de la realeza europea. Harald ya había hecho historia desde su nacimiento, el 21 de febrero de 1937, al convertirse en el primer príncipe nacido en Noruega en 567 años, y décadas más tarde volvería a marcar un precedente al ser el primer heredero del trono de Europa en casarse con una mujer que no pertenecía a una familia real. Tras 35 años de reinado, la Corona inicia una nueva etapa encabezada por su hijo, desde ahora Haakon VIII, y marcada por el creciente protagonismo de la princesa heredera Ingrid Alexandra, llamada a encarnar el futuro de una de las monarquías más modernas de Europa.




En este nuevo escenario, las miradas también están puestas en Mette-Marit, la flamante reina consorte, que afronta el desafío de acompañar a su marido en el trono mientras sigue lidiando con su salud.

“AHORA ES MI TURNO”
El más longevo de los monarcas europeos tenía 89 años al momento de su muerte, el pasado viernes 28, y había sido internado en las últimas semanas en el Hospital Nacional de Oslo por una anemia hemolítica, aunque su salud hace rato se había debilitado. Tal como dicta la tradición, al instante la corona pasó a manos de su hijo, que asumió con el lema familiar “Alt for Norge” (‘Todo por Noruega’) ante el Consejo de Estado extraordinario. Ese primer acto institucional lo cumplió acompañado por su primogénita. Con apenas 22 años, Ingrid Alexandra lo acompañará en actos oficiales, y asumirá un papel cada vez más relevante dentro de la institución. Tras firmar oficialmente como heredera en el Palacio Real, podrá participar en reuniones de gabinete y, llegado el caso, ejercer la regencia. Destinada a convertirse algún día en la primera reina regente de Noruega en más de seiscientos años, ya completó quince meses de formación militar en el Ejército y cursaba estudios universitarios en Australia, pero temporalmente seguirá en Noruega.



EL DISCURSO DEL REY
Horas después, Su Majestad dio su primer discurso como soberano: “Gracias por ser un padre tan bueno para Marta y para mí”, dijo, refiriéndose a su hermana, que ya no forma parte de la familia real ni tiene funciones oficiales, pero conserva su título de princesa. “Lo voy a extrañar. Voy a extrañar su risa, su forma afable de relacionarse con la gente y afrontar las situaciones”, continuó, antes de señalar que ese día deberían estar celebrando el 58° aniversario de casamiento de sus padres. “Ahora que nos dejó, tengo por delante una gran tarea. Siempre nos recordó en la familia que cada uno debe hacer las cosas a su manera. Encontrar su propio camino. Ser uno mismo (...) Ahora es mi turno”.

LA NUEVA REINA CONSORTE
Mette-Marit adaptará su agenda institucional a lo que dicte su salud: en 2018 le diagnosticaron fibrosis pulmonar crónica y en junio pasado se sometió a un trasplante de pulmón. Precisamente, el martes 1, nuevas complicaciones derivadas de esa intervención le impidieron acompañar a su marido en su jura como soberano. Una vez finalizada la histórica ceremonia ante el Parlamento, Haakon VIII se dirigió al Hospital Nacional de Oslo para acompañarla donde, al cierre de esta edición, estaba bajo observación médica. La llegada al trono como reina consorte le llega en un momento por demás desafiante. A los temas vinculados a su salud, a Mette-Marit se le sumó que tuvo que dar explicaciones por su cercanía en el pasado a Jeffrey Epstein, y que su hijo mayor, Marius Borg Høiby, está cumpliendo prisión domiciliaria con tobillera electrónica en el Palacio de Skaugum tras ser declarado culpable de 34 delitos, incluyendo dos cargos de violación.


Sobre la historia de amor con el Rey, se sabe que empezaron a salir a finales de los 90. Ella ya había participado en un reality buscando pareja, era madre soltera y el padre de su hijo había estado preso por tráfico de cocaína. Sin embargo, a pesar de los detractores, contó siempre con el apoyo incondicional de sus suegros. De hecho, el día de su casamiento, Harald V brindó por ella y le dedicó: “Sos una mujer excepcional, fuerte, valiente. La Reina y yo estamos muy orgullosos de vos y tenemos un gran respeto por lo que significas”.

EL DOLOR DE LA REINA VIUDA
El fin de semana estuvo marcado por el luto nacional y una serie de homenajes que unieron en el dolor a la familia real y al pueblo. La ceremonia más emotiva se celebró en la iglesia de Asker, a donde el nuevo rey llegó junto a su madre y sus hijos, la princesa heredera y el príncipe Sverre Magnus. La elección del templo no fue casual: la nueva pareja real vive en Skaugum, a pocos metros de allí y mantienen un vínculo cercano con la comunidad.


A las once, al mismo tiempo que empezaba la celebración, las iglesias y catedrales de todo el país hicieron repicar sus campanas sumándose al homenaje. Las lágrimas en los ojos de la reina viuda dejaron una postal que habló por sí misma. Hija de un comerciante textil, Sonia Haraldsen se veía partida de dolor, imaginando cómo será su vida sin el hombre al que conoció en 1959 y del que nunca volvió a separarse. Quizás en ese momento recordó la batalla que ambos libraron para poder casarse. Como único hijo varón del rey Olav V, Harald se mantuvo firme frente a la oposición de la Corona, el gobierno y parte de la sociedad: era Sonia o nadie. Su determinación no sólo le permitió casarse con la mujer que amaba, sino que abrió el camino hacia una monarquía más cercana y menos condicionada por los matrimonios dinásticos. La boda se celebró el 29 de agosto de 1968.




LA DESPEDIDA
Tras los homenajes del fin de semana, el lunes 31 se llevó a cabo el solemne traslado de los restos del monarca dentro del Palacio Real de Oslo, una ceremonia cargada de simbolismo que reunió a los principales miembros de la dinastía Glücksburg. Haakon VIII y la princesa heredera encabezaron el cortejo y tras ellos avanzó el resto de la familia, incluido Marius Borg Høiby, que reapareció públicamente gracias a un permiso especial de la policía para sumarse a la despedida.

El homenaje empezó con el traslado de la corona real, el cetro y las principales insignias de la Corona, que precedieron al féretro durante su recorrido desde el Salón Rojo hasta la Capilla del Palacio, donde desde el martes está abierta la capilla ardiente y sus restos permanecerán hasta el funeral de Estado, previsto para el 9 de septiembre.


También participaron el príncipe Sverre Magnus y la princesa Marta Luisa junto a sus hijas (su actual marido, el chamán Durek Verrett, se está recuperando de un trasplante de riñón), mientras que las reinas Sonia y Mette-Marit cerraron la procesión tomadas de la mano, una escena que pareció tender un puente entre el reinado que termina y el que acaba de empezar.

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