
En la ceremonia, que se realizó en Madrid, los tres hijos de la pareja fueron los protagonistas
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Sencilla, íntima y emotiva. A veces, uno se esmera por tener una fiesta increíble y, después, nada resulta como lo planifica. Nosotros organizamos nuestra boda semanas antes y salió como soñábamos: perfecta”, cuenta Luz Cipriota (40) sobre su casamiento con David Serrano de la Peña (50). Tras siete años en pareja, la actriz argentina y el director de cine y teatro, productor y guionista español dieron el sí en una conmovedora ceremonia el mediodía del viernes 17 de julio y que fue muy especial de principio a fin: no sólo porque fue al aire libre, en la casa que comparten en Madrid, sino porque contó con la presencia protagónica de sus tres hijos: Lorenzo (4) y las gemelas Aurora y Ángela (1). Para este gran día, la madre y las hermanas de Luz viajaron desde Buenos Aires… y también debió viajar el novio, que estaba en Valencia, rodando una película. Confiesa Luz: “Cuando llegó a Madrid, lo primero que hizo David fue ir a saludar a su abuela. Y, un rato antes de que llegara el juez y que las gemelas se despertaran de su siesta, dijo ‘¿Bueno… ¿qué me pongo? ¿Y qué se va a poner Lorenzo?’. ¡Improvisamos un poco!”.

La actriz, por su parte, lució un vestido de satén y encaje, estilo enagua, de Rapsodia que había comprado quince años atrás. “Cuando empecé a ver vestidos, todos me parecían rígidos. La semana previa al casamiento, recordé ese vestido que me había enamorado. Me acuerdo de que, cuando lo vi, pensé: ‘Si algún día me caso en una playa, me lo voy a poner”. Me lo había comprado en un arrebato sin siquiera tener novio. Lo tenía guardado y nunca había aparecido la ocasión para ponérmelo. Mis amigas, que todavía lo recordaban, aprobaron la decisión: ‘Es perfecto’, dijeron”.
–Llevaban siete años juntos. ¿Cómo surgió la idea de casarse?
–David me había propuesto matrimonio cuatro años antes, en 2021, cuando Lorenzo, nuestro primer hijo, estaba a punto de nacer. El embarazo de Lorenzo venía bien, pero, cuando transitaba la semana 36, sentí un dolor tan intenso que no podía respirar. En un primer momento, pensé que había sido por el chocolate caliente con churros que habíamos comido ese mismo día con Celeste Cid y Marta Betoldi, que estaban de visita en Madrid. “Hoy hay luna llena y los bebés nacen con luna llena”, habían bromeado ellas, que son fanáticas de la astrología. ¡No sé! Lo cierto es que esa noche me internaron de urgencia y, cuando los médicos se dieron cuenta de que el bebé estaba sufriendo, decidieron inducir el parto. Mientras íbamos hacia la sala de partos, muy asustados los dos, David me dijo: “Me había imaginado que sería de otra forma, pero ¿te gustaría casarte conmigo?”. Y yo le respondí: “Y vos, ¿querés tener un hijo conmigo?”. [Se ríe].

–Eso fue hace cuatro años...
–Por una cosa o por la otra, no llegábamos a concretarlo. De alguna manera, desde que nació Lorenzo, sentí que con David ya éramos marido y mujer, aunque no hubiéramos tenido una boda. Más que una fiesta, mi sueño siempre fue formar una familia. Vengo de una familia numerosa [Luz es la tercera de cinco hermanos]; me imaginaba que iba a encontrar a la persona indicada para armar la mía. David es increíble. Además de ser talentosísimo y trabajador, es cariñoso y romántico. Antes de la ceremonia, cuando le pregunté si nos comprábamos anillos, actuó como si no le diera importancia al tema. ¡Y, durante la ceremonia, sacó los anillos de su bolsillo!

–¿Cómo se conocieron?
–En 2013, en Buenos Aires, haciendo un musical para el que audicioné y quedé como protagonista. El director, nos dijeron, era español y lo conoceríamos cuando empezaran los ensayos. Al poco tiempo, nos dimos cuenta de que algo pasaba entre nosotros. Pero él tenía mucho trabajo en España y yo estaba trabajando bien en la Argentina. Viéndolo a la distancia, creo que me asusté. Entonces, decidimos seguir cada uno con su vida. Ocho años más tarde, lo contacté para contarle me había mudado a Madrid. Instalarme en España había sido decisión mía: tenía ganas de buscar nuevos desafíos. ¡Nos reencontramos! Dos años después, nació Lorenzo.
![Luz y David con las gemelas Aurora y Ángela en sus brazos rodeados por
los padrinos de la ceremonia: a la izquierda, Paula –que es una de las hermanas
de Luz, vive en Madrid y es productora de cine [La bola negra, su segunda película,
fue una de las más aplaudidas en el festival de Cannes]– y, a la derecha, Alejandro
Serrano, que es hermano de David y es músico](https://www.lanacion.com.ar/resizer/v2/luz-y-david-con-las-gemelas-aurora-y-angela-en-HQGGQIL2FRDFZBOP5U5TRMAJDM.jpg?auth=d726417fb6c54100955d345076dc61c49f857c760023213dd452a65ddcc194e0&width=420&height=315&quality=70&smart=true)
–Y el año pasado llegaron las gemelas Ángela y Aurora.
–Tener otro hijo nos parecía un poco una locura, pero lo deseamos muchísimo. Eso sí: ¡nunca imaginamos que serían dos! Desde el primer momento, la situación fue difícil. “Vengan, pasen al otro despacho”, nos dijeron después de la primera ecografía. Se trataba de un embarazo gemelar idéntico y, según explicaron los médicos, el escenario podría ser complicado. No fue un momento de alegría, sino de mucho miedo porque se trataba de un embarazo de riesgo; había que esperar para ver de qué caso se trataba: si compartían bolsa, pero no la placenta; si compartían la placenta y no la bolsa... Como no sabíamos si iba a llegar a término con dos, con uno o con ninguno, no le contamos a nadie del embarazo. Y con Lorenzo –él se daba cuenta de que algo pasaba porque yo no podía levantarme de la cama– fuimos muy cautelosos. Me hacían controles y ecografías cada diez días; y lo único que esperábamos era que los dos corazoncitos siguieran ahí. Fueron ocho meses muy duros: me sentí muy mal física y psicológicamente.

–Ese momento coincidió, además, con la sorpresiva muerte de tu papá [referente del softbol en la Argentina, Jacinto Cipriota fue presidente de la Confederación Argentina de ese deporte y, en su gestión, el seleccionado nacional masculino obtuvo la Copa Mundial de 2019 y dos títulos mundiales en la categoría junior en 2012 y 2014, entre otros logros].
–Sí, mi papá murió en un accidente de moto. Yo ya estaba embarazada cuando viajé a Buenos Aires para su despedida. Volví también para pasar con mi familia la primera Navidad y los primeros cumpleaños sin él. Y, al poco tiempo, nacieron las bebas. Fue por cesárea debido a que una de ellas no aumentaba de peso. Aunque hoy Aurora y Ángela tienen 1 año y muchos las confunden, para mí son perfectamente reconocibles: Aurora nació más grande que Ángela. Como son prematuras, son chiquitas. Desde que estaban en la panza, yo sabía que Aurora estaba ubicada abajo y Ángela, arriba. Necesité ponerles nombre porque, durante las ecografías, me hablaban del “feto a” y del “feto b”. ¡Tenía que ponerles nombre! A la primera que identifiqué fue a Angelita, que era la que necesitábamos que creciera. “¡Dale, Angelita!”, alentábamos.

–¿Van a irse de luna de miel?
–¡Quizás más adelante! De hacerlo ahora, sería más estrés que descanso: nuestros tres hijos son todavía muy chicos. Hoy estoy bajando un poco las revoluciones. El cansancio y la ansiedad de no cumplir al ciento por ciento con mi trabajo me estaba quitando disfrute con las bebas, algo que las madres múltiples quizás entiendan. Quiero conectarme con mi casa: nos mudamos hace un año y todavía no decidí qué color pintar el cuarto de las gemelas. Quiero generar espacio no sólo para otros proyectos, como dirigir, sino también para reencontrarme conmigo.
–¿Sentías que te habías perdido?
–Con la maternidad, una se pierde un poco. Al menos, al principio, cuando la dinámica diaria está regida por dos personitas de 1 año con horarios y necesidades diferentes y, además, un hijo de 4 que mimamos mucho para que se siga sintiendo el rey. Cuando tenés un hijo, tenés que reinventarte y cuando tenés tres, ni te cuento. Nunca soy la misma Luz y no tengo miedo de descubrir otras más. En mi vida, me reinventé muchas veces: me fui a trabajar a Brasil y a Colombia; y en Madrid, donde desembarqué hace ocho años, monté una escuela de teatro musical [la SOM Academy] a cuya dirección renuncié en junio. En la escuela que dirigía, tenía mil alumnos, pero en mi casa tengo tres hijos. Tener una familia con la persona que me hace feliz y tener ganas de estar en mi casa es lo que más quiero cuidar en mi vida hoy.


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