
Con un narrador de lujo,su hijo Pepe Cibrián Campoy, repasamos la increíble y larga historia de amor de José “Pepe” Cibrián y Ana María Campoy
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“Fue un amor a primera vista”. Así definía Ana María Campoy el instante que cambió su vida para siempre. Desde aquel encuentro en México con José “Pepe” Cibrián, la actriz escribió una historia digna de película: un matrimonio de 56 años, una familia unida y una carrera compartida que ayudó a construir los cimientos de la televisión argentina. A veinte años de su muerte y de la mano de su hijo mayor, el reconocido director y dramaturgo Pepito Cibrián Campoy, recordamos a la artista que hizo reír a varias generaciones y que encontró en el amor, el trabajo y la pasión por los escenarios los grandes motores de su vida.


“Papá fue el gran amor de su vida y ella, el de él. Se amaban con locura: formaron una pareja fabulosa”, dice Pepito, mientras comparte de manera generosa algunas fotografías del álbum familiar. Y sigue: “Cuando él murió, entre todos tratamos de seguir acompañándola para que no se sintiera tan sola, sin embargo, en el fondo podías ver su corazón hecho pedazos. Creo que cuando papá murió, se fue con él la mitad de su vida. De hecho, cuatro años después ella partió”.
EL PRINCIPIO DE TODO
Descendiente de familia de actores, Ana María había nacido en 1925 en Colombia, en medio de una gira teatral de sus padres españoles, Ernesto Campoy y Anita Tormo, y debutó en los escenarios a los 4 años. A los 17 ya había formado su propia compañía de actores y participado en una veintena de películas. En 1946, ya consagrada en España, aceptó filmar en México con Tita Merello la película Cinco rostros de mujer, y así huir también de los estragos de la guerra.

“Cumplí 21 años en ese avión. Cuando aterricé y vi lo que era América, me pareció que estaba en un oasis. Yo tenía 11 años cuando estalló la guerra civil y 14 cuando terminó, tal vez por eso América me resultó un paraíso. Todo el mundo era libre, maravilloso. Ahí decidí quedarme”, recordó alguna vez la actriz. Para cuando desembarcó en tierra azteca, Cibrián ya era una figura reconocida en México, donde se había exiliado durante la guerra civil (nació en Buenos Aires pero vivió años en España). Una comida con amigos los unió. Si bien se habían cruzado una vez cuando ella tenía apenas 8 años y él 18, en un teatro en Barcelona, el reencuentro trece años después fue explosivo y determinante.


“Abrí la puerta y ahí estaba él, con un saco de tweed azul oscuro, con botones de cuero trenzado, pantalón gris y camisa abierta sport, todo bronceado por el sol, guapísimo. Fue un amor a primera vista”, confió la artista. “En la vida hice todo muy rápido, al igual que nuestro noviazgo. Vivimos una relación de un mes y medio y después nos casamos”, reveló en otra oportunidad Ana. El 6 de enero de 1947 se casaron en una íntima ceremonia en la Embajada de España de Guatemala, en medio de una gira teatral. Al año siguiente, en La Habana, nació su primogénito, José, conocido como “Pepito” (78), y diez años más tarde, llegó Roberto, o “Roby”, que es arquitecto y empresario digital.


LA TIERRA PROMETIDA
Tras una larga gira por Latinoamérica, en 1950 el matrimonio llegó a Argentina. “Veníamos de Bolivia, habíamos recorrido América. Todo era muy bonito, pero ninguno de esos países era la tierra prometida. Me acuerdo que llegamos a las doce de la noche a Buenos Aires. Tita Merello nos fue a buscar con su coche y su chofer y nos llevó a recorrer la ciudad hasta las tres de la mañana. Enseguida me llamó la atención ver las vidrieras con bifes de chorizo, algo que nunca había visto en mi vida. Después nos llevó al departamento que habíamos alquilado con Pepe en avenida Córdoba y Montevideo. Estábamos cansados pero felices. Ya a punto de irnos a dormir, nos miramos y le dije. ‘Yo de acá no me quiero ir’”, reveló la Campoy en 1992. Si bien sus comienzos en Buenos Aires fueron arriba del escenario, la irrupción de la televisión, en 1951, cambió radicalmente sus vidas y sus carreras. Debutaron juntos en Teleteatro de suspenso y Néstor Villegas vigila, dos ciclos de tinte policial que cautivaron a la audiencia.

Sin embargo, la adaptación de la popular comedia estaodunidense I Love Lucy, que acá se llamó Cómo te quiero, Ana, los ubicó entre los favoritos del momento. “Pepe me tuvo que convencer para que apostáramos a la televisión porque la oferta económica era tan insignificante que no alcanzaba ni para comprarse un café y un sándwich. Él me dijo: ‘Ya vas a ver que en un año la gente va a estar como loca queriendo ver televisión´. Y así fue”, dijo Campoy. Tan entusiasmados se mostraron con su proyecto televisivo que cedieron ambientes de su casa para la grabación de algunos capítulos. “Ellos literalmente crearon el Canal 7, que al principio se llamó Radio Belgrano Televisión, y quedaba en Recoleta, cerca de la calle Posadas. Nosotros nos habíamos mudado y vivíamos a dos cuadras de ahí, en un petit hotel inmenso, y dejábamos dos salones vacíos para las grabaciones”, señala Pepito.

La dupla repitió la fórmula no sólo en otras comedias televisivas como Cómo te odio, Pepe, Pepe y Ana y El humor de Niní Marshall, entre otras, sino también en el cine y en más de doscientas obras de teatro. “Tenían funciones de marzo a noviembre, todos los días. Y después se iban a comer afuera. Siempre fueron muy sociables, invitaban gente a casa... Por lo general, mamá se acostaba muy tarde porque se quedaba charlando con las amigas hasta las cinco de la mañana”, revela Pepito. La pareja de actores también supo cosechar un éxito en solitario. Así como Pepe en Argentina llegó a participar en diecisiete películas, la Campoy fue la “reina de la comedia” gracias a su histrionismo, carisma y talento. Aún hoy, su personaje de Eleonora Salas es uno de los más recordados por sus admiradores.
JUNTOS HASTA EL FIN
“Soy una mujer feliz y en parte es gracias a Pepe. No podría concebir mi vida sin él... He estado muy muy enamorada, y me refiero a ese estado de pasión, de deseo, de estar juntos entre cuatro paredes y sentir que el mundo es nuestro. Eso no hubiese podido perderlo, tal vez podría haber encontrado otro compañero de teatro, pero nunca un hombre como Pepe. Es un caballero, un tipo muy especial”, confió años más tarde en una entrevista homenaje donde fue con su marido, sus dos hijos, su nuera, Graciela “Gachi” Tapia y sus nietas Magalí y Candela.

En 2002, a los 86 años, murió Cibrián. El actor, que años atrás había sufrido un derrame cerebral que lo había dejado con dificultad de habla, movimientos y problemas de memoria, vivió sus últimos años recluido en su casa de Belgrano bajo los cuidados de Ana. Y cuatro años después, el 8 de julio de 2006, la tan querida actriz murió afectada por una neumonía. Apenas unas semanas antes había estado dando clases de teatro. “Fue una mujer única. A pesar de que tuvo una infancia muy dura, siempre vivió la vida con mucha alegría. La pobreza y la guerra sin dudas le dejaron sus marcas, pero así y todo, siempre se mostró como una mujer muy alegre, vital, libre, apasionada”, dice Pepito, que en junio estrenó su nuevo musical, Drácula II: Resurrección, en la Gran Carpa del Circo Rodas del Hipódromo de San Isidro.

–¿Cuál fue el secreto de tus padres para compartir tantos años juntos?
–Se reían y se divertían mucho juntos. Creo que eso fue uno de los motivos por los que más duró ese matrimonio. Cuando una relación respira humor, creo que logra un beneficio maravilloso.
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