
Aunque viajó por todo el mundo, Shiva Safai encontró en la ciudad el lugar perfecto para armar su hogar. Casada con un empresario neerlandés, llegó para acompañar un proyecto de su marido y se enamoró para siempre de Recoleta
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Nació en Irán, pero como cientos de miles de iraníes, Shiva Safai (46) dejó el país con su familia tras la Revolución islámica de 1979. En 1986 se instaló con los suyos en Noruega, donde creció y donde nacieron sus hermanos. Después, se mudó a Los Ángeles con la idea de quedarse un tiempo, abrió una empresa de antecedentes penales para el empleo y, con el boom de las redes sociales, la plataforma creció exponencialmente y Shiva se convirtió en una emprendedora influencer. Cosmopolita, socialité, embajadora de marcas de lujo…, es una mujer inteligente y espléndida, vinculada a la moda, el arte, el diseño y el bienestar, y conocida en Hollywood como una “celebrity” por su relación con Mohamed Hadid (77), el padre de Bella y Gigi Hadid. Pero en 2019 se cruzó con Niels Houweling en el lobby de un hotel de Los Ángeles y su vida dio un giro de ciento ochenta grados. Este neerlandés que fue DJ, vivió en Uruguay (era vecino de Marcelo Tinelli), tuvo una compañía de marketing y ahora se dedica a la gastronomía –con su familia abrió el restaurante Presencia, uno de los más top de la ciudad–, le robó el corazón y cambió todos sus planes. Empezaron una relación y, pandemia de Covid-19 mediante, a principios de 2020 se comprometieron en Ámsterdam, seis meses después se casaron en Los Ángeles y ahora trajeron su amor y sus proyectos a Buenos Aires.

–¿Cómo llegaste a Buenos Aires y por qué decidiste quedarte a vivir acá?
–Llegué hace tres años exactamente. Vinimos de visita y después, a raíz de un proyecto familiar de Niels, de abrir un restaurante en Recoleta, decidimos quedarnos. Al principio vivimos en Puerto Madero, pero no lo sentía tan Buenos Aires. En cambio, ahora que vivimos en Recoleta, sí me siento en Buenos Aires. Con el tiempo me enamoré completamente de la historia, el encanto y la energía de Recoleta, que tiene mucho que ver conmigo, y de la calidez de las personas. Y desde que nos instalamos en este departamento, en marzo, lo siento un hogar: puedo salir a la calle y saludar, ya conozco a la gente. Amo la ciudad, su energía y sus costumbres.
–¿Te costó adaptarte?
–Aunque viví en distintos lugares del mundo, adaptarme fue un desafío, sobre todo por el idioma. Dependía de mi marido para todo, hasta para las cosas más básicas, así que durante un tiempo me dediqué casi exclusivamente a aprender español. Pero con el tiempo encontré mi ritmo y armé una vida maravillosa acá.
–¿Cuántos idiomas hablás?
–Farsi, inglés, noruego y ahora, un poco de castellano.

–¿Ya habías vivido en alguna ciudad de Latinoamérica?
–No, no conocía Latinoamérica y no tenía familia ni amigos acá.
–Una verdadera aventura…
–Sí, es una aventura, pero me gusta el desafío. Fueron muy importantes los amigos, que me ayudaron a sentirme como en casa. Amo a mis amigos de aquí.
–¿Qué costumbres argentinas adquiriste?
–Bueno, el fútbol, porque crecí en Noruega, donde el fútbol es una pasión. Para mí el Mundial es muy importante y me gusta mirar todos los partidos que puedo. También el asado: me divierte mucho comer asado con amigos, la sobremesa, la conversación.
–¿Dónde conociste a Niels?
–En Los Ángeles. En ese momento yo vivía allí y él, en Costa Rica.

–¿Qué fue lo que te enamoró de él?
–Su sinceridad: siempre fue muy directo conmigo. Es amable, generoso y, aunque es más joven que yo, tiene una mente muy madura. Se esfuerza para conseguir lo que quiere y trabaja para crecer. Eso es algo motivador para mí.
–¿Tenés contacto con tus raíces persas?
–Para mis padres era muy importante que tuviéramos conexión con nuestras raíces y en mi casa, ya sea en Noruega o en Estados Unidos, siempre hablamos farsi, comimos comida persa y tuvimos amigos de Irán. El vínculo con mis raíces fue y es valioso, porque me criaron con un profundo orgullo de ser persa, de nuestra cultura y nuestra historia. Yo, antes que nada, soy iraní: crecí en Noruega, pero soy iraní. No importa en qué lugar del mundo estén los iraníes, la conexión con nuestra tierra es muy fuerte.
–¿Fuiste a Irán alguna vez?
–Sí, la última vez que estuve de visita fue cuando tenía 13 o 14 años.

–¿Te gustaría volver?
–Es uno de mis sueños más preciados. Quiero volver sobre todo para que Niels conozca de dónde vengo.
–¿Tenés familiares directo en Irán?
–Ya no. Por el lado de mi papá toda la familia está en Estados Unidos, y por el lado de mi mamá, en Alemania.
–¿Qué relación tenés con la gastronomía?
–Me encanta viajar y probar todas las comidas típicas de cada lugar, me gusta cocinar, pero nunca había vivido la experiencia de tener un restaurante. Y a Niels también le encanta cocinar en casa y recibir gente, los dos somos buenos anfitriones.

–La famosa hospitalidad persa…
–Sí, somos personas amables y nos gusta abrir las puertas de nuestra casa. Me gusta invitar, hospedar y cocinarles a mis invitados. Un poco como los argentinos, que también tienen esa costumbre. Una de las cosas que más disfruto es organizar una comida para los amigos y la familia y llenar mi casa de amor y energía.
–¿Cómo fue recibida la propuesta de Presencia?
–Creo que es una propuesta diferente, un fine dining que no ofrece menú de pasos, sino un servicio a la carta con base en la cocina europea. ¡Y a los argentinos les encanta! La gente que va una vez vuelve, y lo recomienda a sus amigos y conocidos.

–¿Tu actividad profesional está ligada al restaurante?
–Estoy acá para apoyar ciento por ciento lo que Niels y Presencia necesiten de mí. Hago los arreglos florales y la curaduría de todos los objetos para el café y para el restaurante y, a raíz de mi conexión con la decoración y de mi trabajo buscando los objetos que acompañan Presencia, conocí a la gente de Airedelsur. Empezamos a pensar ideas juntos y nació esta cápsula que es Airedelsur by Shiva Safai, que son estos floreros que vienen en tres medidas y con tres piedras distintas. Es el primer paso de un trabajo que va a crecer.
–¿En qué te inspiraste para estos diseños?
–Creo que es una combinación de mi estilo con el de Airedelsur. Yo quería algo lindo, femenino, escultórico, que tuviera la impronta de la geometría y las líneas del art déco porteño, y también nos interesaba introducir materiales bien argentinos, como alpaca y ónix.
–¿Te gustaría ser mamá?
–Lo vengo pensando desde hace muchos años, pero no sé. Estoy muy feliz de estar rodeada de mis sobrinas (viene otra en camino), pero todavía no siento ese deseo. No lo sé, nunca digas nunca, pero creo que no. Tengo mucho miedo: la maternidad me da miedo.
–¿Y tu marido piensa lo mismo?
–Él siempre dice que no quiere hijos pero que, de tener, tendría sólo uno. Estamos en la misma sintonía con ese tema.

–¿Qué pensás sobre lo que pasa en Irán?
–Es horrible y yo, como mucha gente de la diáspora, siento culpa por poder vivir una vida libre cuando en mi país la gente la pasa tan mal. Por supuesto tenemos puesta la esperanza en que el régimen se termine de una vez después de cuarenta y seis años. Siempre trato de usar mi pequeño poder de llegada a los medios y en redes sociales para ponerle voz a esto y contar lo que pasa en Irán, sobre todo porque mucha gente no está dispuesta a escuchar, ni a decirlo. No siempre el mundo está mirando a Irán. Incluso ahora, que hay un conflicto bélico tan activo y pareciera que todos miran a mi país, lo que pasa fronteras adentro no se ve o no se quiere ver.
–¿Te imaginás viviendo allí?
–En este estado, no, imposible. Es inimaginable estar ahí y creo que preferiría morir que estar viviendo en este estado que es como una prisión. Estás libre, pero vivís peor que en una cárcel.


Maquillaje y peinado: Estudio Max Jara
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