
Casado con Rocío Guirao Díaz y padre de tres hijos, pasó del mundo de la construcción a un proyecto innovador propio para fotografiar el universo
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Desde que se mudó a Miami junto a su mujer, Rocío Guirao Díaz, y sus tres hijos buscando una mejor calidad de vida –de esto ya hace seis años–, Nicolás Paladini (48) empezó una etapa marcada por los desafíos y la búsqueda de nuevos horizontes, sin soñar que las estrellas marcarían su destino. Después de trabajar en Argentina y Estados Unidos en el rubro de la construcción desarrollando proyectos de real estate (shoppings, edificios y oficinas), descubrió en la astronomía una pasión que transformó su vida por completo. Hoy, al frente de Death Valley Observatories, un innovador proyecto ubicado en el desierto de Mojave, combina tecnología, ciencia y espíritu emprendedor ofreciendo a aficionados de todo el mundo la posibilidad de explorar el universo desde cualquier rincón del planeta. “Siempre me fascinó mirar el cielo y saber qué hay más allá de lo que los ojos pueden ver, pero la astrofotografía empezó como un hobby. Compré mi primer telescopio con la idea de aprender y, cuanto más me metía, más me apasionaba”, arranca Nicolás, con el entusiasmo propio de quien encontró el trabajo de sus sueños.

–¿Cómo pasó de hobby a proyecto profesional?
–Con el tiempo me di cuenta de que uno de los grandes problemas que tenemos los aficionados es depender del clima. Podés invertir muchísimo tiempo y dinero en un equipo, pero si vivís en una ciudad con nubes o contaminación lumínica, muchas noches simplemente no podés usarlo. Ahí nació la idea de crear un lugar donde cualquier persona del mundo pudiera tener su telescopio instalado bajo uno de los mejores cielos del planeta y controlarlo de manera remota desde su casa. Le compartí la idea a un amigo astrofotógrafo, Juan, quien me vendió mi primer telescopio y junto con él y otro amigo, Marcelo, avanzamos en esta idea.

–¿Cuán desafiante fue armar la granja de telescopios?
–Fue un desafío enorme. No existía un modelo exactamente igual al que imaginábamos. Tuve que buscar el lugar ideal, estudiamos el clima, diseñamos los observatorios y desarrollamos toda la infraestructura para que cada telescopio pueda funcionar de forma remota. Hoy cualquier cliente puede estar en Argentina, España, Estados Unidos, Japón o donde sea, abrir su computadora desde el living de su casa y controlar un telescopio que está en pleno desierto de Mojave, obteniendo imágenes del universo con una calidad increíble.

–¿Cómo funciona?
–No es un observatorio turístico. Nuestros clientes envían su telescopio, nosotros lo instalamos, lo configuramos y, una vez que están andando, les damos el acceso remoto. Después ellos hacen absolutamente todo desde su casa, como si el telescopio estuviera en su jardín, pero con un cielo infinitamente mejor. La granja está en Amargosa Valley, muy cerca de Death Valley, Nevada. Elegimos ese lugar porque tiene más de trescientas noches despejadas al año, uno de los niveles de humedad más bajos del planeta y cielos Bortle 1-2, que son de los mejores que existen para hacer astrofotografía. El primer observatorio se completó muy rápido y eso nos impulsó a construir un segundo espacio. Es un proyecto muy de nicho, pero la comunidad de astrofotógrafos es muy grande en todo el mundo y cuando encontrás un lugar con estas condiciones, la demanda aparece enseguida.

–¿Quién te introdujo en este mundo?
–Entré por curiosidad y por pasión. Nadie me llevó de la mano; fui aprendiendo, leyendo, equivocándome y compartiendo con gente que sabe muchísimo. A pesar de que hoy es mi trabajo, me sigue emocionando salir de noche y explorar el cielo.
–¿Ya no te dedicás a la construcción?
–Sigo vinculado a otros proyectos, pero Death Valley Observatories es mi principal foco. Es muy desafiante porque combina tecnología, ingeniería, servicio al cliente y una enorme pasión por la astronomía.

–¿Lograste entusiasmar a tu familia?
–Sí, terminó convirtiéndose en un proyecto familiar. Rocío participa activamente en la comunicación y el crecimiento de la empresa, y mis hijos también se entusiasmaron muchísimo con este mundo. Pasamos horas juntos mirando el cielo y les encanta visitarme en Vegas, porque allí el cielo es tan transparente y oscuro que a la noche se puede ver la Vía Láctea a simple vista. Compartir esos momentos en familia es una de las cosas más lindas que nos dio este proyecto.

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