Son plantas resistentes, bastante fáciles de cuidar, con formas muy esculturales. En macetas o en el jardín, son dignas de coleccionar.
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Originaria de América, de tierras secas de cowboys, indios y fuente del Tequila, esta planta encuentra en su imaginario una tierra fértil para las aventuras. Una vez en los jardines, su encanto no caduca. Bella y resistente, es una opción ideal para jardines de bajo mantenimiento, climas secas y áridos. Es generoso en fitoquímicos como vitaminas y saponinas, que son benéficas para la salud.

Estamos hablando de los agaves, que por sus formas son esculturas vivientes. Puestos al diseño, se usan en jardines de roca, bordes mixtos, xerojardinería. Pero también en jardines locales, donde los jardineros eligen al agave por los siguientes motivos:
- Es resistente a la sequía y requiere poca agua.
- Puede crecer en diferentes tipos de suelo.
- Su forma arquitectónica agrega interés visual a los jardines.

Sebastián Ojeda es ingeniero agrónomo especializado en gestión de espacios verdes y creador de cultivares, explica: “Las lluvias frecuentes o las heladas condicionan las especies suculentas que pueden “saltar” de las macetas al jardín, pero siempre tendremos a los agaves”.

Se recomiendan estos agaves para incursionar :
- Agave stricta, A. salmiana, A. victoriae-reginae pueden atravesar inviernos con algunos grados bajo cero.
- Agave desmettiana, A. attenuata o A. lophantha pueden estar a la sombra.
- Para espacios bien pequeños: A. potatorum y sus cultivares.
- ¿Colores increíbles? Mangave ‘Kaleidoscope’, Mangave ‘Bloodspot’, Mangave ‘Macho Mocha’, Mangave ‘Night Owl’, entre otros.

Buenas compañías
Los agaves pueden ir asociados a gramíneas, salvias, iris, dietes, tulbagias, en jardines de grava o sobre lomas. También con arbustos como buxus, teucriums, santolinas, Leucophyllum; o bajo arbolitos como cina-cinas, brea, chañar. Ojeda concluye: “Siempre vamos a encontrar el acento en estas esculturas vivientes”.

Las raíces de los agaves se extienden en el suelo, profundizando el perfil en busca de arraigo contra los fuertes vientos. Necesitan suelos bien drenados. Una vez que florecen, lo que sucede después de muchos años, mueren. Luego de la formación de los frutos producen gran cantidad de hijuelos en la vara floral. Algunas especies se van reproduciendo antes de florecer, con hijuelos en la base o a través de rizomas o estolones. Así, se aseguran su continuidad en la naturaleza.
Algunos son realmente pequeños y otros, como el Agave americana, se transforman en verdaderos gigantes.

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