

“Sabíamos que teníamos en nuestras manos una joyita olvidada”, dicen las arquitectas Lucía Cassullo y María Civale, socias de Madra Estudio, sobre la propiedad de 120 m² ubicada en Coghlan, cerca de la estación de tren. Lucía y su marido, Pablo –médico–, buscaban mudarse por la zona. Como el día en que se podía visitar esta casa él estaba de guardia, ella fue sola.
Me encantó, pero porque pude poner un ojo profesional. Es verdad que estaba bastante descuidada –pisos de madera levantados, techos sin mantenimiento– y todo el exterior (que para nosotros era clave) súper desaprovechado.”
— Arq. Lucía Casullo, socia de Madra Estudio, y dueña de casaCuando volvió junto a su pareja, el desconcierto llegó: “Era difícil ver lo que estaba viendo yo como arquitecta. Sobre todo, la posibilidad de explotar ese espacio exterior tan desmejorado. Entonces volvimos una tercera vez, con la paisajista Valeria Micou, para terminar de convencerlo”, cuenta Lucía. Ya comprada la casa, las dos arquitectas pusieron en marcha el proyecto.

El plan
“Nuestra estrategia fue atacar la planta baja, lo que en peor estado se encontraba”, resumen Lucía y María. En el hall de ingreso, decidieron mantener los elementos originales de la casa –pisos calcáreos y una escalera de madera maciza–, enfocándose en hacerles el mantenimiento que necesitaban.

Para la reforma, tuvimos una visión clara basada en elementos originales que hoy resultan difíciles de replicar, como los postigos, las aberturas de madera, la escalera de madera maciza y los pisos calcáreos originales”
— Arqs. Lucía Cassullo y María Civale, socias de Madra Estudio
Lugar de encuentro
En el espacio social, living y comedor conviven pero al mismo tiempo mantienen su distancia, marcada por las aberturas y la circulación. Los programas quedaron bien diferenciados. De este lado, el estar con sillones, biblioteca y TV.

El mueble a medida ocupa la esquina de la sala, con terminaciones curvas del lado de la puerta para evitar tropiezos e imitando su altura. El espacio libre de arriba deja que el rincón respire.

Al otro lado está el comedor. La paradoja: con muebles de estilo antiguo –comprados en tiendas de segunda mano y recuperados–, combinados con otros nuevos, este ambiente se siente muy actual.

Al revés
“Uno de los puntos destacados de la reforma fue la cocina, que se amplió significativamente y cuya distribución se invirtió por completo para mejorar los accesos y la apertura hacia el patio”, cuentan las arquitectas.
Para ello, el mueble de cocina y las conexiones de servicios fueron mudados al otro lateral del ambiente, liberando el muro que da al exterior. De la abertura que ocupaba la antigua puerta roja solo quedó la parte superior, ahora una ventana ideal para pasar lo necesario a quien esté en la parrilla.

“Nuestra rutina es desayunar en la cocina, reubicar la barra y trabajar ahí con la compu, mirando a las plantas y el pasto. Los fines de semana desayunamos afuera, para aprovechar el sol”, cuenta Lucía.

“En el día a día, tenemos muy incorporada la parte exterior de la casa porque siempre dejamos las puertas-ventana abiertas, en parte por los perros, pero también nos gusta mucho esa dinámica”
Transformación exterior
“Queríamos una casa con espacio exterior usable porque tenemos perros, y porque además nos gusta proponer nuestra casa para reuniones de amigos y familia”, explica Lucía. Originalmente, este patio estaba tomado por la vegetación y desconectado del resto de la casa; revertir esa situación fue el foco.

El paisajismo de Valeria Micou concibió el jardín para que sirviera de soporte a las actividades sociales vinculadas al comedor y a la cocina. “La vegetación perimetral da carácter al entorno de la casa y desarticula la rigidez de las medianeras”, cuenta.

Personal
El toilette fue reubicado –al lado del lavadero exterior, para dejarle metros extra a la cocina– y tuvo un cambio radical de personalidad, marcada por los muros color vino tinto, el uso del granito y la decisión de apoyar el espejo y una obra sobre la mesada.

En la planta alta están la habitación principal, otra para visitas y un escritorio que se alternan los dueños de casa. En ese piso, solo actualizaron la conexión eléctrica y ampliaron el espacio de guardado, como se ve en el cuarto: un placar diseñado al milímetro que aprovecha al máximo la superficie disponible.

Antes y después
Además de la entrada principal, la casa tiene otra a través de un pasillo. Allí instalaron una puerta de entrada rosa, imitando el color de la pintura original de la casa.

“Todavía nos reímos de que Pablo se espantó al ver la casa original y me dijo: ‘¿Vos estás loca? Esto es un horror’. Y ahí me tocó tratarlo como a un cliente más, y decirle: ‘Vos confiá’”








