
Sea para trabajar, leer o simplemente tener un lugar tranquilo donde concentrarse, hoy el escritorio ganó su lugar en uno de los ambientes más privados de la casa.
Hace tiempo el dormitorio dejó de estar dedicado exclusivamente al descanso. En tiempos en que la gente puede trabajar a distancia y los metros cuadrados valen oro, los espacios se aprovechan al máximo y más si lo que tienen para ofrecer es un poco de quietud y silencio. En ese nuevo escenario el matrimonio del escritorio en el cuarto es cada vez más frecuente.

Lejos de las fórmulas únicas, las posibilidades para armarse un escritorio en el cuarto son tan diversas como los espacios. Integrado a una biblioteca o a una mueble de guardado; en una pared libre, junto a la ventana o incluso en un rincón que estaba desaprovechado. En los cuartos infantiles y adolescentes, suele ocupar un lugar central y acompañar el crecimiento y los cambios de uso a lo largo del tiempo. Con soluciones a medida, muebles multifunción, puestos compartidos y rincones que aprovechan la luz natural: más allá de los metros, la clave está en encontrar la ubicación y lograr que el espacio de trabajo dialogue con el resto.

En esta selección, ocho dormitorios que proponen distintas maneras de incorporar un escritorio sin alterar el equilibrio del ambiente.
Un escritorio para dos
Ubicado junto a la ventana, este escritorio corrido aprovecha una pared completa para crear dos puestos de estudio independientes sin ocupar más espacio del necesario.
Trabajar con salida a la terraza
La ubicación junto al ventanal transforma al escritorio en un lugar privilegiado para estudiar o trabajar, con vistas al verde y conexión directa con el exterior.

Sencillo pero lleno de diseño el rincón combina un escritorio de Marini Estudio y una silla de La Feliz con un cuadro del artista Martín Villalonga.

Aprovechar cada centímetro
Un espacio angosto junto al balcón se convirtió en una estación de trabajo completa gracias a un mueble diseñado a medida que suma guardado en altura.

La carpintería incorpora escritorio, cajón y alacenas superiores en una única pieza que aprovecha al máximo un sector residual.

Dos en uno
La estructura de guardado que acompaña la cama incorpora una superficie de trabajo compacta, integrando dos funciones en un único diseño.

El escritorio nace naturalmente de la carpintería y funciona como apoyo para trabajar, estudiar o usar la computadora.

Escritorio integrado al mueble de guardado
Una superficie de trabajo liviana se desprende de la cómoda y aprovecha una pared libre para crear un rincón de estudio funcional sin sumar piezas ni recargar el ambiente.

Diseñado por la arquitecta Sara Plazibat, el escritorio gana carácter de la mano de su pie de esferas.

Entre dos ventanas
Instalado en la esquina más luminosa del cuarto, el escritorio aprovecha la luz natural que ingresa desde distintos frentes. Diseñado por la Arq. Cecilia Fidanza, este espacio rodeado por grandes ventanales, ofrece una ubicación privilegiada dentro del dormitorio.

Aprovechar la doble altura

En este loft, el escritorio se ubica junto a la baranda de la entreplanta para sacar partido de las visuales, la amplitud y la luminosidad del espacio.

Un escritorio que acompaña la calma
Compacto y de líneas livianas, este modelo encuentra su lugar entre el guardado y la salida al jardín sin alterar la atmósfera relajada del dormitorio.
Ya sea integrado a una biblioteca, reemplazando una mesa de luz, aprovechando un rincón residual o mirando al jardín, el éxito de un escritorio en el dormitorio depende menos de los metros disponibles que de encontrar la ubicación adecuada y diseñarlo como parte del conjunto. Así, el espacio de trabajo se suma de manera natural a las rutinas cotidianas sin perder de vista la función principal del ambiente: el descanso.







