
“La mudanza fue una movida fuerte. Por más que para ese entonces ya vivía con mi hija, la mudanza no dejaba de marcar el cierre de una etapa y la confirmación de un estado”, confiesa Mabel Scaletzky, arquitecta y dueña de este PH en el barrio de Núñez.

Llegó al lugar después de -finalmente- encontrar un comprador para el departamento en que habían crecido sus hijos. Lejos de sumergirse en la melancolía, la decisión fue empezar una nueva etapa abierta a lo que podía traer.
La idea fue buscar menos metros y más manejables, una reducción en los gastos fijos y cierta conexión con la naturaleza o la tierra, algo que nunca tuvieron los departamentos en los que había vivido.

Necesitaba un lugar que la enamorase. Y eso fue exactamente lo que encontró en este PH remodelado por los arquitectos Matías Beccar Varela y Ariana Werber.
Planta abierta

“En esta planta abierta de tres metros de altura, había algo en lo que tenía que ser muy certera: las lámparas. Se ven permanentemente””
— Arq. Scaletzky, arquitecta y dueña de casaLa búsqueda de las lámparas terminó cuando, en las calles de Barcelona, se cruzó con estas ‘Formakami’, una reversión de las clásicas de papel de arroz que hizo el español Jaime Hayón para & Tradition.

En el planteo minimalista de Scaletzky, las paredes son despojadas. Frente al sillón, solo puso un espejo sin marco que multiplica el verde y las lámparas. Su redondez sencilla se reitera en varios elementos de la decoración.

Practicidad y diseño
Para que convivieran mejor con tanta madera, Mabel adaptó los muebles que traía con pequeños ajustes: laqueó una mesa, removió el lustre de otra y retapizó la banqueta.

A la apuesta estética del mueble de petiribí se le suman una cantidad de funciones fundamentales: organiza cocina, toilette y lavadero, algunos camuflados, otros ocultos.

Aunque la madera como revestimiento en la cocina gana cada vez más terreno, no siempre es el material más conveniente en términos prácticos. Para no preocuparse por salpicaduras y facilitar la limpieza, la alzada está cubierta con vidrio.

Frente a la escalera, la estructura se aprovecha como espacio de guardado. A la apuesta estética se le le suman una cantidad de funciones fundamentales.

La escalera, en planta baja, es de madera, mientras que arriba es de hierro pintado, en sintonía con la estética de cemento alisado y paredes blancas que reina en pasillos y cuarto.

Cambio de tono
Fundadora de Áurea, una marca desde la que selecciona y ofrece piezas de tejidos artesanales, la casa de Mabel no podía escapar a la lógica de lo hecho a mano. En su cuarto, en vez de mesas de luz, eligió unos tochos de guayubira tallados que acompañó con almohadones hechos en telar y un poncho.

En el balcón corrido, los olivos en maceta ayudan a separarse de los vecinos.

Lo que no se ve
Oculto detrás del mueble que contiene la cocina, un toilette resuelve el baño para las visitas en muy poco espacio. La estética despojada oriental se mantiene aquí también.

Patio protagonista
Como el patio es protagónico, se confió su paisajismo a Par Estudio. Entre otras cosas, propusieron un cantero a tierra y una jungla de bananeros y palmeras que suma vistas y clima.







