
“La arquitectura siempre es la respuesta para agregar valor”, sostiene la arquitecta Vanesa Franco Gómez, fundadora del estudio Proyecto Madriguera, de la marca de objetos Liebre Creaciones y responsable de esta obra que potenció al máximo el uso y la eficiencia del espacio.

Vanesa fue convocada por una pareja que vive en un sector de Castelar que conserva casas bajas en calles arboladas y luminosas. Querían reformar un depósito en desuso, conectado a la casa familiar y con entrada desde la calle, para que su hija tuviera mayor independencia.
¿Entramos?
El desafío de la arquitecta era crear lugar para dormir, recibir amigas y tener un estudio. Y su propuesta fue elevada (de manera literal) y contundente: resolvió esas necesidades en un programa de cuatro niveles, con diseño moderno, iluminación natural y ventilación cruzada.

Apenas traspuesto el umbral, nos encontramos con la cocina. La barra, rebatible, también funciona como límite con el living.


Si se aplican el pensamiento y la arquitectura, existe la oportunidad de dar respuestas para habitar de forma eficiente, en lugares conectados con la luz y donde nos dé gusto vivir.”
— Arq. Vanesa Franco Gómez, fundadora de Proyecto Madriguera, a cargo de la reforma
Subiendo dos escalones desde la cocina, lo angosto del living se compensa un tanto por la doble altura y la vista abierta que le ofrece el ventanal.

Escalera al cielo

El primer tramo de la escalera conduce hacia el entrepiso donde está el baño completo junto a un depósito, resguardados por un frente integrado de madera.


Los volúmenes iban a cargar el espacio, así que decidieron no usar puertas. Con una estética oriental y minimalista, la privacidad del dormitorio se resolvió con una cortina blackout.

A través de un puente rampante, el cuarto se conecta con el estudio.


































