Las diseñadoras Malena Perkins y Celina Aspiroz recorrieron distintas galerías de arte en pos de encontrar las piezas justas para cada espacio
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“El arquitecto Gastón Leloutre recibió el encargo de reformar esta casa en Zona Norte y nos convocó con la idea de potenciar el proyecto de obra gruesa y abordar de manera integral la reorganización del programa, así como las decisiones de materiales, iluminación y mobiliario”, cuentan Malena Perkins, historiadora del arte, y Celina Azpiroz, arquitecta. “Entendemos este tipo de procesos como una oportunidad para construir propuestas coherentes, donde cada elección forma parte de un todo”, dicen las profesionales que, ante algunos desafíos aúnan su expertise como interioristas, trabajo que también realizan de modo independiente.

“La interiorista Camila Torassa, cercana a la familia, participó activamente de los intercambios, y su sensibilidad facilitó la incorporación de pinturas y esculturas importantes, cuidadosamente elegidas para responder al lenguaje sofisticado de la casa”, dicen.

Esta reforma se planteó para que vivieran tres mujeres adultas, que nos pidieron reflejar un universo sereno, femenino y elegante. Abordamos la premisa con una paleta de colores neutros, texturas silenciosas y objetos que quiebran su escala con control.”
— Malena Perkins y Celina Azpiroz, interioristas a cargo del proyecto

“El escritorio de la planta baja se integra al living con un cerramiento vidriado y tiene una mesa con sillas iguales a las del comedor; entonces puede usarse como un espacio más cuando se recibe mucha gente”.

El aporte de Perkins y Aspiroz trasciende los diseños a medida y se extiende al campo del arte: cada blanco en estas paredes las invitó a activar su mirada curatorial y recorrer galerías hasta dar con la pieza adecuada.

“Al haber elegido una colgante para el living y otra para el escritorio anexo, el comedor pedía otro gesto: por eso, el juego de lámparas tubo (Idea Iluminación) a lo largo de la mesa”.

“Hay casas que funcionan con el ‘más es más’, pero la premisa aquí fue la contraria, así que la incorporación del arte se hizo de manera paulatina, compensando llenos y vacíos, y siempre en un diálogo consciente con la paleta cromática y las texturas del mobiliario”.

“Una parte del cielo raso de la planta baja tenía que bajar sí o sí para ocultar las instalaciones de aire. Así que, en la otra, hueca, montamos una seguidilla de tirantes decorativos para generar movimiento y disimular la reducción de altura”.


Arte en la escalera


Gracias a su perímetro vidriado, el escritorio queda integrado al volumen de llegada a la planta alta. Está pensado para funcionar como lugar agradable para el trabajo, la lectura y el ocio, y por eso se aprovechan la luz natural y la conexión con las obras de arte de alrededor.

“Además de cumplir la función de ordenar los libros de la clienta (muy lectora), la biblioteca es un objeto artístico y escultórico que respeta la atmósfera general de sosiego: solo ella ve los lomos coloridos al salir de su cuarto. Desde el otro lado del pasillo, la imagen es una secuencia de paneles blancos”.


“El lino, el perímetro negro, los entramados, el papel de arroz, las líneas puras... Incorporamos ciertos elementos que vienen del diseño japonés para evocar la calma que caracteriza a ese estilo arquitectónico”.


Como ecos del respaldo, algunas puertas del vestidor forradas con esterilla.



“Como el piso elegido es una piedra caliza bastante clara, decidimos, desde el principio, sumar varias alfombras y planos verticales de madera natural que lo acompañen con calidez”.

Alfombras, también en la galería

“Usamos mucho el recurso de las alfombras de alto tránsito para exteriores, superponiendo medidas y patrones para cubrir la superficie de los livings. Hace que el espacio se vea más consolidado y que los muebles no queden flotando sin sentido en las galerías”.

El paisajismo fue trazado por Elena Macome.


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