
Llegamos un domingo a la tarde, bajo un cielo plomizo. Todo permanece cerrado y no hay nadie en la calle. Alguien menciona que rige una alerta naranja y que, por eso, todos están en sus casas en esta ciudad que, en marzo de 2025, vivió la peor tragedia natural de su historia. Cayeron 290 milímetros en 12 horas, se anegaron las calles y la inundación, que dejó un tendal de daños materiales, se cobró 18 vidas.

A poco más de un año de aquel episodio, Bahía Blanca resurge como el Ave Fénix. Para redescubrirla, nos encontramos con Alexandra Dinardo, guía de la Oficina de Turismo. Mientras desandamos la plaza Rivadavia, repasamos: Bahía Blanca figura con ese nombre en la cartografía naval desde el siglo XVI, cuando los expedicionarios portugueses quedaron impresionados por los salitres de esta zona difícil para atracar.
La ciudad se fundó el 11 de abril de 1828 como parte de una línea de fortines. Al mando estaban el ingeniero Narciso Parchappe y el coronel Ramón Estomba. “La ciudad tuvo tres grandes etapas. La fundacional, que duró 80 años. Luego, el auge, con la llegada del ferrocarril en 1884. Y finalmente, en las décadas de 1960 y 1970 del siglo pasado, con el desarrollo del polo industrial, entre la petroquímica y el puerto”, asegura la guía, mientras nos señala la avenida Colón, cordón umbilical –administrativo y comercial– en dirección al puerto.



En la plaza se erige el palacio municipal, de 1911, apenas elevado y con una rampa de acceso para los carruajes, entre el barro y los charcos. Al frente está el busto de Luis Caronti, el primer intendente nativo e hijo de italianos. Lo secundan el Banco Nación, la catedral Nuestra Señora de las Mercedes, la Biblioteca Rivadavia y el Club Argentino, por donde pasaron Carlos Gardel, Roosevelt y Saint-Exupéry.
En auto vamos al puerto, que está en Ingeniero White, una localidad vecina integrada a la ciudad. Se llama así por el ingeniero que extendió la línea del ferrocarril de Bahía Blanca a Neuquén. En rigor, son varios puertos –industrial, cerealero y petroquímico– en un mismo estuario al que todos le dicen ría. Caminamos por un paseo portuario, donde hay un par de barcazas que pertenecieron a pescadores italianos de fines del siglo XIX. Devotos de San Silverio, dejaron descendencia: hoy hay diez familias que usan esos barcos para pescar artesanalmente.



El Museo Ferrowhite y el Museo del Puerto explican la historia de la localidad. “El primero funciona en una usina de 1932 que es Monumento Histórico Nacional y Provincial. Fue levantada en hormigón en un terreno que estaba anegado y tiene aspecto de castillo medieval, con algo de gótico y bastante ecléctico. La diseñó el ingeniero italiano José Molinari, jefe de proyectos de la Compañía Ítalo-Argentina de Electricidad, de forma similar a la estética historicista que ostenta la Usina del Arte de La Boca.
El predio se completa con talleres y la Casa del Espía (hoy café), que ocupaba el jefe de la planta, que en algún momento –dicen– colaboró con el nazismo. El espacio, que reabrió completamente renovado en 2024, alberga un patrimonio único. “La colección se empezó a armar en 1987 en el Museo del Puerto y recién hace dos años, después de un gran trabajo de restauración, la mudamos acá. Se creó a partir de donaciones –herramientas, enseres, maquinaria y uniformes– de gente que trabajaba en el tren”, detalla Nicolás Testoni, director del lugar.
A pocos metros, el Museo del Puerto funciona en la antigua aduana. Abrió en la década de 1980 para mostrar la vida cotidiana de la gente de la zona, además de la del tren. Muy bien puesto, habla del esfuerzo de los pescadores, de los oficios portuarios y del rol de la mujer. “Se pone en valor la historia colectiva del pueblo. Hay gente que perdió todo en la última inundación y vino a vernos para reencontrarse con ese bordado, esa foto o esa carta que había donado. Por suerte, el museo no se inundó”, comenta Lucía Bianco, a cargo del espacio.
El despegue foodie
Resiliente, Bahía Blanca se levantó después del último desastre y su gastronomía florece. Entre los proyectos a destacar está Casa 12, una vermutería que ofrece muy buenas tapas. En la esquina estratégica de 12 de Octubre y Caronti, al frente se encuentran Juan Francisco Pocai y Mariano Blanche, bahienses, amigos y socios. Nos convidan pizza de masa madre de mortadela y pistacho, buñuelos de acelga, empanadas fritas y shakshuka, que es huevo en salsa de tomate. La decoración del espacio, con detalles de cantina contemporánea y barra larga, va en consonancia con la onda de los dueños.



Sobre Alem y Sarmiento, en otra esquina del centro histórico, Liberté nació del empuje de Sebastián Sureda, gastronómico con trayectoria. Su cocina está basada en el producto y gira en torno a pastas de estilo italiano y pescados no tradicionales, como palometa y corvina de Monte Hermoso. Los sorrentinos de calabaza los aprendió de Néstor, su padre cocinero. El restaurante –elegante, pero libre de toda rigidez– sobresale en la propuesta local. Probamos los capeletti de osobuco con fonduta de queso y pangrattato, el arroz en paellera con langostinos y calamar, y una crème brûlée bien untuosa.
De Buenos Aires, Ernesto Oldenburg está casado con una bahiense y por eso llegó a estos pagos. Para él, la cocina es mucho más que un trabajo: es una forma de vida. Hijo de Elisabeth Checa, consagrada periodista gastronómica, heredó sus saberes y sensibilidad gustativa. Después de pasar por varias cocinas, hace 15 años creó el restaurante 12 Servilletas en Belgrano R. Tiempo después, se mudó a Lobos para apostar por la comida criolla. Hace dos temporadas recaló en Bahía para reabrir 12 Servilletas, esta vez con comida casera para take away. Entre tartas de verdura y tortilla de papas, nos ofrece empanadas que son un mix de hongos, carne cortada a cuchillo, pollo y humita salteña. Pueden ser fritas o al horno. Muy bien ejecutadas, hacen que cada bocado valga la pena.
Otro clásico que no decae es la Taberna Baska, que recibe comensales en el club social de la comunidad vasca. Con Julio Allo al frente de la cocina hace más de dos décadas, es el lugar ideal para disfrutar de pescados y mariscos de excelente calidad, que no se consiguen en todos lados y están tratados con maestría. Se luce con las ostras gratinadas, el pulpo español con papas y el abadejo con arroz azafranado. Muy buena carta de vinos y atención cordial.



A tono con el crecimiento de la gastronomía, la localidad tiene su propia ruta del aceite de oliva. Sobre la ex-RN 3, Franco Tamburo lidera Finca Oliva Olivos. Su familia compró el campo en 2013 para hacer eventos y una casa de té, pero su mamá murió sorpresivamente y tuvieron que reinventarse. Licenciado en Producción Agropecuaria, aprovechó las 11 hectáreas plantadas con olivos y apostó por el AOVE (aceite de oliva virgen extra). Le llevó siete años poner a punto las plantas y montar la almazara –donde se hace la extracción– para hoy posicionarse en el mercado y ofrecer los varietales arbequina, coratina y un blend de ambos.
Lo visitamos en plena cosecha, que se hace en abril y mayo. “Cuanto más verde está la oliva, más concentrado y mejor es el aceite. Para cosechar, la planta debe tener un tercio de cada color: violeta, negro y verde. El proceso se hace con rastrillo. La poda, que es fundamental, se realiza entre junio y agosto. La extracción se logra triturando las olivas, obteniendo una pasta y separando el aceite en un aparato cilíndrico por fuerza centrífuga”, explica Franco mientras caminamos por el suelo arenoso y mineralizado, ideal para los olivos.



En Cabildo, a 40 minutos de Bahía, la apuesta de Olivos del Napostá son los varietales changlot real, arbequina, coratina y arbosana, repartidos en un sector intensivo y otro ecológico. El emprendimiento pertenece al cirujano Víctor Serafini, quien se apasionó por las olivas y trabaja en sociedad con Alicia Barrera y Ricardo Molini, productores de su propio AOVE, Della Terra. Están muy bien equipados con maquinaria de última generación y por eso también procesan los frutos de emprendimientos vecinos.
Datos útiles
Land Plaza Hotel. Con ubicación privilegiada y moderno, aloja en 108 habitaciones bien equipadas y amplias. Hay spa y pileta, además de estacionamiento. El servicio es muy eficiente. Desde $190.000, la doble con desayuno. Saavedra 41, Bahía Blanca. T: (291) 431-4133. IG: @landplazabahiablanca

Casa 12. Juan Francisco Pocay y Mariano Blanche son bahienses, amigos y socios. Abrieron hace un par de meses una vermutería con toda la onda, que ofrece tapas suculentas y pizza de masa madre. Todos los días, menos los martes, desde las 18.30 hasta la madrugada. 12 de octubre 506, Bahía Blanca. IG: @casa12vermuteria
Liberté. Del consagrado Sebastián Sureda, es la opción que se destaca de la ciudad. La paella, las ensaladas y las pastas están entre lo más pedido de la carta. Conviene reservar. Lunes a sábado mediodía y noche. Sarmiento 505, Bahía Blanca. T: (291) 646-7291. IG: @liberte.gastrobar
12 Servilletas. El genial Ernesto Oldenburg dirige este local de despacho de comida casera de primerísima calidad. Tartas, tortillas y empanadas imperdibles. De martes a sábado de 10 a 14 y de 7 a 22 horas. Belgrano 486, Bahía Blanca. T: 11 4947-4601. IG: @12servilletas

Taberna Baska. Julio Allo se luce desde la cocina de este club social de la colectividad vasca que abrió en la década del 70. Las ostras gratinadas, el pulpo con papas y el abadejo con arroz azafranado están entre los platos que no defraudan. Todos los días, mediodía y noche. Lavalle 284. T: (291) 450-2500, Bahía Blanca. IG: @tabernabaskabahia
Oficina de Turismo de Bahía Blanca. En el centro de la ciudad, orienta sobre circuitos y actividades. Se destaca la guía Alexandra Dinardo. Lunes a viernes, de 9 a 19; y sábados, de 10 a 13 y de 16 a 19 horas. Peatonal Drago y Av. Colón, Bahía Blanca. T: (291) 439-0122. IG: @turismombb
Museo Histórico Municipal. Funciona en un edificio de 1891. Desde 2014 es museo y archivo. Gran colección que expone la fundación y el devenir de la ciudad. De lunes a viernes, de 9 a 12; sábado, de 15 a 18. Saavedra 951, Bahía Blanca. T: (291) 456-3117. IG: @museohistoricobahiablanca
Museo Ferrowhite. Gran muestra permanente sobre vida de los ferrocarriles en la ciudad y alrededores. Se armó en un edificio imponente –tipo castillo– que fue usina y en los antiguos talleres ferroviarios. Hay un bar muy lindo. De lunes a viernes de 8 a 13; sábados y domingos, de 15 a 19. Juan B. Justo 3885, Ingeniero White. T: (291) 457-0335. IG: @ferrowhitemuseotaller
Museo del Puerto. Muy bien puesto, pone en valor las costumbres, la vida cotidiana y el legado de la gente del puerto. De lunes a viernes de 9 a 13; sábados de 15 a 18; domingos de 15 a 19. Guillermo Torres 4180, Ingeniero White. T: (291) 457-3006. IG: @museodelpuertoingenierowhite

Olivos de Napostá. Tienen las mejores máquinas procesadoras de olivas de la región. Coordinan degustación, con reserva previa. RP 51 Km 698,5, Cabildo. T: (291) 437-0918
Finca Oliva Olivos. Ofrecen guiadas, degustación y tienen salón de ventas con reserva previa. RN 3 Vieja s/n, Bahía Blanca. T: (291) 402-6545. IG: @fincaolivaolivos




