Durante más de siete décadas, la Unidad Turística de Embalse fue una pieza central del modelo de turismo social nacido en el primer peronismo. Recibió contingentes escolares, jubilados y delegaciones deportivas de todo el país. Hoy el complejo quedó habilitado para su eventual venta y atraviesa una etapa de incertidumbre
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“Fui en el año 1976, viaje de egresados de primaria… qué lindos recuerdos”. “Ganamos el segundo premio en Feliz Domingo y viajamos en tren junto a 16 cursos”. “Hermoso recuerdo: en 2014 tuve mi viaje de egresado en ese bello lugar!!”.

Los comentarios se repiten debajo de un viejo video de YouTube realizado por El Pregón del Sur sobre la Unidad Turística Embalse. Cambian los años —1974, 1985, 1998, 2014—, cambian las provincias —Jujuy, Chaco, La Pampa, Buenos Aires—, pero la escena es casi la misma: chicos de guardapolvo blanco que, por primera vez, ven un hotel inmenso frente al lago; jubilados que recuerdan la luna de miel; delegaciones deportivas que descubren el bowling, el cine, los bailes nocturnos.

Durante más de siete décadas, los hoteles de Embalse —junto con los de Chapadmalal— fueron el corazón del turismo social argentino. Hoy, tras la resolución 2/2026 de la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), el complejo cordobés fue desafectado de la órbita de la Secretaría de Turismo y Ambiente y de la Administración de Parques Nacionales. El predio, de 2,3 millones de metros cuadrados, queda a la espera de un nuevo destino.
Para entender qué significa esa decisión, hay que retroceder varias décadas.

La Unidad Turística Embalse fue concebida en el marco de la política de turismo social impulsada durante el primer peronismo. A fines de la década de 1940 y comienzos de los años 50, el Estado argentino asumió una premisa novedosa para la época: las vacaciones también eran un derecho de los trabajadores.
En ese contexto se construyeron dos grandes complejos: la Unidad Turística Embalse, en el valle de Calamuchita, y la Unidad Turística Chapadmalal, sobre la costa bonaerense.
Embalse se desplegó con siete hoteles de gran escala, más de 50 bungalows, piletas, confiterías, capilla, cine, áreas deportivas, proveedurías y un museo. El conjunto, rodeado de pinos y paraísos frente al lago Río Tercero, fue pensado como una pequeña ciudad del descanso. Su arquitectura —sobria, funcional— respondía a la lógica de alojar miles de personas por temporada.

El proyecto incluyó una forestación masiva de alrededor de 800.000 ejemplares, plantados para modificar el entorno serrano y generar un microclima propio. El bosque que hoy rodea el complejo es el resultado de esa planificación.
Edificios de gran escala, circulaciones amplias, materiales robustos, diseño pensado para alojar miles de personas por temporada. El tanque de agua, por ejemplo, fue diseñado como mirador panorámico. Dentro del predio también se construyó la gruta de San Martín de Porres y la capilla Nuestra Señora de Loreto, que más tarde daría origen a una tradición cultural propia: el festival que en 1986 comenzó como “Festival de la Fe y el Folclore” y hoy convoca a miles de personas bajo el nombre “Un Canto a la Vida”.

De política masiva a estructura sobredimensionada
Durante varias décadas, Embalse y Chapadmalal ocuparon un lugar visible dentro de la política turística nacional. Recibían contingentes escolares, sindicatos, jubilados y delegaciones deportivas. Para miles de chicos, el viaje de egresados transcurría en alguno de sus hoteles; para muchos adultos mayores, era una alternativa accesible de descanso.
Pero la escala que había sido su fortaleza empezó a convertirse en un desafío.

A partir de los años 70, los cambios económicos y políticos afectaron la continuidad de inversiones. El mantenimiento de una infraestructura pensada para miles de huéspedes simultáneos requería presupuestos estables y planificación sostenida. Con el tiempo, esa continuidad se volvió intermitente.
En las décadas del 80 y 90, el turismo social perdió centralidad en la agenda estatal y el complejo comenzó a mostrar signos visibles de deterioro: sectores cerrados, hoteles fuera de servicio, instalaciones deportivas con uso irregular. La estructura quedó parcialmente subutilizada.

En 2013, mediante el Decreto 784/2013, el conjunto fue declarado Monumento Histórico Nacional, reconocimiento que consolidó su valor arquitectónico y social, pero que también fijó límites a cualquier transformación futura.
Para 2017, solo los hoteles 2, 4 y 7 permanecían habilitados en forma regular. Otros edificios presentaban distintos grados de abandono o vandalización. Hubo intentos de recuperación en distintos momentos, relevamientos técnicos y refacciones puntuales, especialmente a partir de 2021, pero el funcionamiento pleno del conjunto ya no volvió a ser la norma.
El presente: un hotel abierto y recursos mínimos
Hoy, de los siete hoteles originales, solo uno permanece abierto: el hotel 7. Está bajo uso de la Municipalidad, que lo utiliza para alojar delegaciones cuando organiza eventos. El resto de los edificios permanece cerrado.
Leonardo Ladoux coordina tareas de mantenimiento dentro del predio. Su descripción del presente dimensiona la situación. “Hoy la caja que tenemos para mantener más de doscientas hectáreas es de 300 mil pesos por mes. Con eso tenés que cubrir combustible, lámparas, cables, pintura, lo que haga falta”, explica. “Nos dan 80 litros de gasoil. Con eso no movés un tractor una semana”.

El complejo ocupa alrededor de 240 hectáreas parquizadas y forestadas. El equipo de mantenimiento que queda es mínimo: un plomero, un electricista y cuatro personas encargadas de cortar el pasto en toda la extensión. Además, personal reducido para recolección de residuos y tareas en sectores puntuales.
“Con las instituciones hablo yo. Si nos falta combustible, lámparas o pintura, lo gestiono por ese lado. Lo que se ve cuidado es por gestión nuestra, no porque haya presupuesto del Estado. No nos dan ni el 10 por ciento de lo que se necesita”, señala.
Las imágenes que circulan en redes suelen mostrar sectores deteriorados. Él matiza esa percepción: “Hay hoteles que no se terminaron o que están cerrados, pero los que están en pie están cuidados. No los hemos abandonado”.

Menos personal, más incertidumbre
El impacto también se siente en la planta de trabajadores. “Éramos 96 empleados. Hoy quedamos 43. Y ya nos dijeron que va a haber una baja de diez personas más”, cuenta Ladoux.
La incertidumbre es total. “Hoy no tenemos ninguna novedad de si hay comprador o no. Se habla mucho, pero acá no hay nada concreto”.
Según explica, el proyecto de venta incluiría todos los hoteles, sin excepciones, incluso el hotel 7 que actualmente utiliza la Municipalidad. El gremio analiza presentar un recurso de amparo ante la posibilidad de privatización y la pérdida de puestos de trabajo.
Monumento histórico y futuro incierto
La resolución publicada en el Boletín Oficial formalizó la desafectación del predio cordobés de la órbita de Turismo y Parques Nacionales, en el marco de un estudio de inmuebles “pasibles de ser enajenados”. Ahora será la AABE quien defina su destino.
Un punto central es que la condición patrimonial se mantiene. Según explicó una fuente de la Comisión Nacional de Monumentos, la desafectación implica que el bien puede dejar de estar bajo administración nacional, pero no pierde su carácter de Monumento Histórico Nacional. Puede transferirse a una provincia o a un privado, pero cualquier venta, restauración o cambio de uso deberá contar con aprobación previa del organismo.
En septiembre, la Comisión consideró “procedente la desafectación y venta” del conjunto, con la condición de preservar y restaurar los valores arquitectónicos, paisajísticos y ambientales: los hoteles, los bungalows, el entorno forestado, los senderos y las calidades constructivas originales.
Más que ladrillos
En los comentarios del video alguien escribe: “Ideal para jubilados de la mínima por su costo”. Otro recuerda un cuadro con la vista aérea del complejo y un Fiat 600 azul doblando frente al lago. Otro habla de “luces galácticas” sobre los árboles. Hay historias de hoteles embrujados, tesis de arquitectura, viajes ganados en televisión, delegaciones deportivas, lunas de miel.
La historia de Embalse no se agota en su infraestructura ni en la discusión administrativa actual. La desafectación y posible venta abre una pregunta más amplia que excede el destino de un predio de 2,3 millones de metros cuadrados: qué lugar ocupa hoy el turismo social en la Argentina y cómo se resignifican estas grandes estructuras estatales en un escenario donde el rol del Estado y los modelos de acceso al descanso ya no son los mismos que hace 70 años.
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