Desde un café liderado por bartenders, una cocina libre de gluten y un bar de vinos hasta una panadería artesanal de barrio que al anochecer se convierte en pizzería
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1.Maraña

Esta panadería artesanal con cafetería y despacho de pizzas montada en un local donde funcionaba una biblioteca es el resultado de la unión de dos emprendimientos de la ciudad. En pocos meses logró captar la atención con sus productos de calidad en un ambiente diseñado para la calma.
Agustina Bacciadone es pastelera y abastecía a las cafeterías de la ciudad de laminados y otras piezas dulces. Por otro lado, Felisa Michelet y Maximiliano Gillone tenían un local de panes y pizzas para llevar. La historia de Maraña comenzó cuando los dueños del local les dijeron que tenían que dejar el local. “Enseguida empezamos a buscar un nuevo lugar para continuar”, cuenta Feli. “Y nos enteramos que Agus también estaba buscando local para producir, por lo que se nos ocurrió ofrecerle hacer algo en conjunto”. Así es como decidieron habitar el mismo techo y en abril de 2025 abrieron Maraña. “La verdad que está buenísima esta unión porque nos complementamos perfectamente”, dice Agus.

Maraña está ubicado en un barrio muy tranquilo de Mar del Plata, lejos del circuito tradicional. Un espacio enorme que fue distribuido en distintos sectores: el mostrador de despacho, salones armoniosamente decorados para sentarse a comer algo rico, la cocina, un espacio de amasado y donde se brindan talleres, además de un patio al que planean acondicionar para habilitar mesitas.

“Nuestra propuesta está centrada en la comida. Un buen café servido como en los viejos tiempos: café cortado, café con leche…”, cuentan. Utilizan granos de Eurocafé, tostado en Mar del Plata. El alma de Maraña es la carta de laminados. Agus volcó toda su experiencia en el exterior (vivió unos años en Río de Janeiro, Estocolmo y Copenhague) y desarrolló productos que son la debilidad para los amantes de las facturas. La medialuna, el croissant de almendras y la “maraña de canela”, que da nombre al local son los más solicitados del mostrador; aunque también las danesas, la rosca de café y el sol de pastelera o dulce de leche.

Hay también pasta frola, crumble de manzana y cuadrado de limón. El menú salado cuenta con chipa, croissant, palitos de queso, crackers y un repertorio de sándwiches en pan focaccia como el de lomito horneado, gouda ahumado, mostaza y pepinos, o el de hongos, tomates secos, crema de cajú, maní tostado, cebollita encurtida y rúcula para los vegetarianos. Por supuesto que hay panes en mostrador, en su mayoría de harina integral “aunque hacemos pan blanco para los tostados”, acota Felisa. Se trabaja con un blend de harinas agroecológicas (Monte Callado y Campodónico) y masa madre. “El pan molde de semillas vuela, porque es fácil de cortar y sirve para tostadas”, dicen.

Al anochecer la panadería se convierte en pizzería, estirando el disfrute del barrio hasta la cena. Pizzas de masa madre a la piedra y de fermentación lenta. Entre las favoritas del público están la clásica margarita, la de papa y provolone y la de tomates asados que viene con provoleta, gremolata, ralladura de limón y muzzarella. También preparan calzones, fugazzeta rellena, fainá en porciones y los sanguches que se ofrecen durante todo el día.
Dirección: Bolívar 4252 En IG: @maraniamdp
2. Sardina

Cafetería de día, bar de noche. El flamante espacio fue montado por los hermanos Maximiliano (“Machi”) y Alexander Martínez, dos reconocidos bartenders con ganas de tener un proyecto propio en Mar del Plata.
“Siempre soñamos con tener nuestro propio bar”, dicen. Los Martínez son oriundos de Carmen de Areco y cuentan con una amplia experiencia en barras. “Cuando decidimos venir a Mar del Plata buscamos un nombre alusivo al mar argentino. La sardina es un pez que se mueve en cardumen y refleja lo que somos nosotros, el trabajar en equipo, porque incluimos en este proyecto a nuestros padres, también gastronómicos; hoy tenemos esa chance de trabajar todos juntos con la misma pasión”, cuentan.

Los Martínez unieron sus mundos y crearon un espacio híbrido donde el café convive con total naturalidad con el bar. Sumaron al equipo a Clari Pera Guidi, bartender y pareja de Alex. Juntos apuestan fuerte a conquistar la comunidad marplatense.
“Sardina es un bar - café clásico pero con toques modernos, porque nos representa como familia, y también a Mar del Plata que es un destino tradicional que nunca pasa de moda”, dice Alex. El lugar está ubicado lejos del circuito tradicional, en una zona de oficinas y dependencias públicas. Ese fue uno de los motivos por los que abre temprano, para ofrecer café y básicos de desayuno. La cafetería tiene terminología clásica y utilizan granos de Borana, un tostador de Mardel. “Es un café muy bueno el que tenemos, y lo dulce lo elabora nuestra madre, pues ella es pastelera”, deslizan.

El diseño del bar está pensado para que la mirada siempre termine en el corazón del lugar: la barra. Banquetas altas y mesitas estratégicamente ubicadas para conectar visualmente con el bartender en la preparación de cada trago. Una cortina separa un salón posterior que funciona para momentos de mayor convocatoria. Hay referencias de identidad marplatense en las paredes y objetos en la decoración que revelan la pasión de sus dueños, como la camiseta de boca firmada por Maradona. Algunos detalles anuncian que tiene una propuesta honesta: un solo estante con las bebidas que se utilizan para los tragos de carta y una heladera exhibidora dedicada exclusivamente a enfriar la cristalería.
El punto fuerte es la coctelería. La carta tiene una estética retro clásica, y así pensaron los tragos. “Decidimos buscar nuestra propia versión de clásicos, desde las técnicas y los balances pero respetando los ingredientes”, cuentan. “Uno de ellos es el Mojito: ron, lima o limon, azúcar y menta. En este caso maceramos el ron en menta, y le agregamos agua con cedrón. Todo eso lo ponemos en una botella y lo gasificamos. Se sirve en vaso con hielo y un penacho de menta”, explica Alex y agrega: “Esa es la búsqueda que tenemos, que sea un clásico diferente”.

Son 15 cócteles con variedad de perfiles de sabores. A ellos se les suma los mocktails y sodas cítricas caseras. Para comer, hay opciones simples y variadas. El plato insignia es el pan con sardina y tomate. Para picar hay quesos, salames, escabeches y arrollado de matambre. Quienes buscan algo más contundente, sándwiches de focaccia.
Al final de la carta una sección de recomendados gastro de la ciudad inspirada en los folletos que entregaban en la ruta 2 al llegar a Mar del Plata. “Es un cariño que le hacemos a los colegas que trabajan bien”, concluyen.
Dirección: Falucho 3266 Instagram: @sardinabar
3. Cachito
Abrió en 2025 y ya es un punto obligado para los amantes de los platitos y los buenos vinos. Una propuesta impulsada por cuatro amigos: los hermanos Lucas y Cristian Rivera, Sergio Rodriguez y Tomas Sainz, y a la que después se sumó Tomás Fernández.
“El proyecto nace como un homenaje a nuestro papá (por eso el nombre) y para homenajear la cultura gastronómica de Mar del Plata y nuestras familias” cuenta Cristian, uno de los dueños. “Mi hermano es gastronómico desde hace 12 años y siempre soñó con tener algo propio. Hace un tiempo me propuso acompañarlo con su idea y unimos fuerza con otros amigos”.

Cachito se ubica en una coqueta esquina del barrio Chauvin, una zona gastro cada vez más en auge. Luces bajas, un ambiente cálido donde predominan los colores tierra, y con una cocina abierta que permite a los comensales observar el proceso de elaboración de los platos mientras disfrutan de la experiencia.
El alma del espacio son los vinos. En la cava, una selección de etiquetas pensada para todos lo paladares pero con un concepto en común: vinos jóvenes, frescos y fáciles de disfrutar. Los vinos por copa o por botella presentados por los sommeliers Ezequiel Elbao y Victoria Ortemberg. “Intentamos ampliar la propuesta gastronómica de Mar del Plata, trayendo una iniciativa renovada con vinos que nos representen de diferentes partes del país”, explica Cristian, y hace referencia a las jornadas especiales de cata: “Invitamos a los productores que quieran venir para que la gente conozca a los hacedores de los vinos que tenemos en nuestra cava”.

La cocina es otro de los pilares del proyecto y está comandada por Martina Duran, quien despliega todas sus habilidades y técnicas para resaltar el sabor de los productos. Una propuesta gastronómica inspirada en la fusión de las raíces argentinas, el tapeo español y el alma de los bares de vino. Algunos puntos fuertes de la carta son los arroces a leña, una reversión del socarrat español.
Cachito trabaja con proveedores locales y regionales, “de esta manera nos aseguramos que el producto llegue lo más fresco posible”, asegura Cristian y agrega: “Los vegetales y las frutas son de los productores agroecológicos agrupados en Cooperativa Che Verde; la carne con certificación Angus de Tango Beef; y las anchoas de Belleza de Mar; pescados y mariscos de la mano de pescadores locales”.
La carta tiene una sección de entradas, con platitos como las clásicas gildas, anchoas en oliva sobre brioche tostado, pintxos, mejillones al vino blanco y tortilla, entre otros. Hay frituras (papas bravas, croquetas, falafal, gírgolas, etc) y en los principales se destacan los arroces, el ribeye de Angus y la pesca fresca.
“Somos un grupo de jóvenes que intentamos llevar la idea de Lucas a la mesa de cada comensal. Que cada plato tenga una intención, con sabores auténticos y que la calidad de la materia prima que utilizamos se refleje en cada plato y en cada tapa”, concluyen.
Dirección: Alvarado 2296 (esq. Corrientes) En IG: @cachitobardevinos
4. Lola Quintana

En la zona de Alem abrió una cafetería con cocina 100% libre de gluten. El proyecto fue impulsado por tres hermanos celíacos con ganas de ofrecer un espacio con un compromiso total con la seguridad alimentaria, en una ciudad donde escasean las propuestas libres de gluten.
Dolores “Lola” Gougy tiene 27 años y hace 10 que es celíaca. “En realidad convivo con la alimentación sin gluten hace 20 años, cuando le detectaron la enfermedad a mi hermano mayor (Martín)”, cuenta Lola. “Cuando recibí el diagnóstico empecé a probar recetas y a hacer mi propia comida porque no me gustaba lo que había. Y me encantó la cocina”. La joven comenzó a tomar cursos de pastelería sin gluten y a vender tortas mientras estudiaba Administración de Empresas. “Cuando empecé a trabajar, tuve que dejar el emprendimiento. Y me habían quedado esas ganas de volver… siempre soñé con tener un cafecito”. A fines de 2024 Lola dejó su profesión y puso en marcha el proyecto con el apoyo incondicional de sus padres y hermanos.

Después de un año gestando el proyecto, Lola puede desarrollar su pasión por la cocina acompañada de sus seres queridos. “Mis padres pasan por el local a cuidar de que todo esté bien; mi hermana María (22) viene a la caja los fines de semana y mi hermano Martin (30) se encarga de la parte administrativa”, detalla. “Estoy feliz con este espacio que armamos”.
El café es de Cabrales, con granos seleccionados y hay un barista que garantiza que el café llegue correcto a la mesa. En mostrador hay cookies, budines, alfajores, chipá. “Me preguntan por qué no tengo medialunas”, desliza Lola y responde: “Porque no salen bien las medialunas sin gluten. Yo quiero tener productos que estén a la altura de la propuesta, porque acá todo es de excelente calidad”.
En la heladera mostrador se exhiben las tortas, todas muy tentadoras. La carta incluye especialidades de brunch, como la trucha ahumada con tabule de pepino, hummus, palta huevo y pan; o los clásicos huevos revueltos. El sándwich de chipá es uno de los más solicitados, al igual que el Cheesecake de pistacho y frutos rojos.
Por su parte, la carta de mediodías presenta un menú con variedad de opciones, desde bowls (ensaladas), hasta principales como hand rolls de trucha, tacos, greek souvlaki de bife de chorizo, milanesa de hongos y pasta (malfatti y pomodoro).
El impacto no sólo es gustativo, sino también visual. Al cruzar la puerta se encuentra una arquitectura que equilibra la modernidad con la calidez de hogar. Materiales nobles como la madera y texturas crudas como el hormigón crean una atmósfera sofisticada y orgánica. Su imponente techo casetonado da una sensación de amplitud, al igual que la abertura del fondo que conecta con un patio enorme rodeado de plantas.
Dirección: Quintana 241 En IG: @lolaquintana
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