Influyente y respetado, el especialista asegura que hay demasiado esnobismo alrededor del vino, que no habría que temerle a poner el tinto un rato en la heladera y que casi nunca bebe solo
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Visitó alrededor de 50 bodegas en 25 días y evaluó más de 1.200 vinos. Su nombre es Tim Atkin, nació en Inglaterra y es uno de los críticos de vinos más influyentes del mundo. De la mano de Wines of Argentina, volvió a nuestro país por decimosexta vez y anduvo desde la Patagonia a Salta, pasando por Córdoba, Catamarca, La Rioja, Buenos Aires y Mendoza, por supuesto. Antes de publicar su veredicto –las nuevas puntuaciones– se dejó entrevistar para reflexionar sobre el vino, sus significancias y alcances.
–¿Recuerda cuando y en qué contexto tomó vino por primera vez?
En Inglaterra no se puede beber alcohol legalmente hasta los 18 años, pero –definitivamente– fue antes de eso. Casi con seguridad en España, donde mi familia tiene una casa desde principios de los años 70. Creo que tendría alrededor de 15 años, pero no tengo idea de lo que bebí… Probablemente haya sido algo muy básico proveniente de Emporda. Tengo un recuerdo muy vago de haber bebido de un porrón… Crecí en Kent, que es tierra de lúpulo, así que, hasta que entré a la universidad a los 19 años, bebía más cerveza que vino. Eso, obviamente, ha cambiado desde entonces.
–¿Hay que tener sensibilidad para catar y evaluar vinos? ¿O es sólo técnica?
Creo que es un poco de los dos. Primero y principal, es un trabajo. Y es un trabajo que requiere tiempo para especializarte. En mi caso, muchos años. A veces me sorprende que algunas personas no se den cuenta de que catar vinos es una habilidad (o un conjunto de habilidades) que se adquiere con tiempo y esfuerzo. Dicho esto, algunos de nosotros tenemos una predisposición natural mayor para la degustación. Es naturaleza y también aprendizaje. No soy un genio en ese sentido, lejos de eso… Pero creo que tengo una capacidad natural para apreciar aromas y sabores. Así que, sí: hay un lado técnico, como catar a ciegas y evaluar la calidad, pero también hay algo más. Me gusta tu palabra “sensibilidad”. Es escuchar lo que el vino tiene para decir.
–Sin contar las catas o situaciones en las que toma vino por trabajo, ¿con quién o en qué circunstancias suele tomar vino? ¿Suele pasar algún día sin tomar vino?
Es muy raro que pase un día sin que beba vino, pero trato de no beber demasiado cuando estoy en casa. Cuando viajo, cato y bebo vino todos los días. Una de mis reglas no escritas es que casi nunca bebo solo. Mi forma favorita de tomar vino es compartirlo, preferentemente durante una comida, con mi familia y amigos. El vino está hecho para compartirse. La mayoría de mis amigos no son del mundo del vino, así que la conversación suele girar en torno a otros temas. Pero saben lo suficiente como para apreciar que están bebiendo buenos vinos.
–Después de tantos años recorriendo nuestro país y por sus conocimientos de economía, ¿diría que el vino podría convertirse en una industria de exportación que nos ayude a salir adelante como país? Así como ocurre con la soja o la carne.
¡Sí! El vino es una parte muy importante de la cultura argentina, y creo que no está lo suficientemente valorada por el gobierno. Son tiempos difíciles para la industria y creo que necesita apoyo para exportar. Argentina tiene una muy buena imagen entre los consumidores, en parte, aunque no únicamente, gracias al Malbec, y creo que debería capitalizar eso.
–¿Hay alguna región o algún varietal que lo haya sorprendido de este último viaje a nuestro país?
Este año volví a Salta y Cafayate y también probé vinos de Jujuy. Me alegró ver cómo los vinos están evolucionando hacia una mayor fineza y elegancia, algo que no es fácil en esa latitud. Ya conocía estas regiones, pero siento que esta vez las vi con otros ojos. También visité un nuevo sitio en la parte alta de Los Chacayes, El Manzano, que es espectacular. Todavía no hay viñedos allí, pero predigo que será un futuro viñedo Grand Cru.
–¿Qué opinión le merecen los nuevos “vinos sin alcohol”?
No tengo nada en contra de ellos, pero no son vino. Son bebidas hechas a partir de uvas. Personalmente, prefiero beber agua o jugo de fruta. Los procesos utilizados para elaborarlos son invasivos. Le quitan al vino su carácter.
–¿Cuáles son los errores más frecuentes que cometemos los argentinos al tomar vino? Tal vez en relación con la temperatura, con qué maridarlo o a la conservación…
No existe algo así como un error. Siempre le digo a la gente que beba lo que quiera, con lo que quiera y con quien quiera. Pero si me pidieras un consejo como amigo, diría que si tomás un buen vino en una buena copa (y no tiene que ser una copa cara), va a saber mejor. También prestaría atención a la temperatura. La mayoría de los vinos se sirven demasiado fríos; la mayoría de los tintos, demasiado calientes. No tengas miedo de poner el tinto un rato en la heladera. A mí me gusta servir los blancos entre 10°C y 13°C y los tintos entre 15°C y 18°C, pero es cuestión de prueba y error. Encontrá lo que funcione para vos.
–Messi contó que toma vino con Sprite, ¿lo ve como una profanación de la bebida?
¡Para nada! Messi es un genio, así que puede hacer lo que quiera. Hablando en serio, me parece bien que esté tomando vino. Y si elige mezclarlo con otra cosa, es su decisión. En mi opinión, mezclar vino con Sprite (o con agua) es mucho mejor que servir un “vino” de bajo alcohol. Y estoy seguro de que Messi también toma vino sin Sprite. De hecho, es alguien con quien me encantaría compartir una copa.
–¿Hay una “manera correcta” de tomar vino?
No. El vino es, ante todo, disfrute. Un amigo australiano decía que el vino es “75cl de diversión”, y estoy de acuerdo con él. Hay demasiada pomposidad y esnobismo alrededor del vino. Sí, tiene una cultura y una historia maravillosa, y para mí eso es importante, pero cuando se deja todo eso de lado, no deja de ser jugo de uva fermentado. Hoy necesitamos nuevos consumidores de vino, y la forma más rápida de alejarlos es decirles que hay una manera “correcta” o “incorrecta” de beberlo.
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