Con otros negocios en simultáneo, diseñaron un espacio estético y funcional junto al estudio de arquitectura Mora Hughes: un proyecto coherente con su entorno que creció a paso lento, con la premisa de contener el mundo del vino en una obra sustentable.
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La bodega está diseñada en forma lineal: por un extremo recibe la uva y por el otro sale el producto terminado. Esa sería una sinopsis posible del espacio MAAL, una obra arquitectónica reconocida a nivel internacional por llevar el reciclaje al extremo. En Luján de Cuyo, Mendoza, unas 500 toneladas de materiales de descarte le dan una segunda oportunidad a pedazos y restos de otras historias.

“MAAL nace sin querer queriendo, con la idea de hacer vinos para amigos y con la uva de un viñedo abandonado que compré en el 2009 en el Valle de Uco. En este sentido nunca fue concebido como un negocio”, dice el empresario gastronómico, Matías Fraga. Junto a su par y enólogo Alfredo Merlo, socio del propósito desde el inicio, celebraron su primera cosecha en 2010 con una microvinificación de seis barricas. A medida que lograron mejores resultados, fueron por más.
“Así, de a poco y casi sin darnos cuenta, nos transformamos en un proyecto serio que requirió de mucho tiempo y compromiso”, resume Matías. “En el 2016, Daniel Merlo, hermano de Alfre y gran amigo, nos empujó a ir por todo y se sumó al proyecto ayudándonos a comprar una finca para construir nuestra bodega propia. La condición era que fuera en Luján de Cuyo, de donde la familia Merlo es una especie de embajadora por su tradición en la industria y la vitivinicultura”.

Fue en el histórico distrito de Las Compuertas, rodeados de la Cordillera de los Andes, donde sintieron lo que describen como “amor a primera vista”. Bajo un cielo limpio y un terroir próspero, MAAL tomó forma en 2021 con la brújula puesta en los materiales reciclados, en un terreno largo y angosto con vistas privilegiadas a las montañas. La consigna era fabricar una bodega sustentable y dejar la menor huella de carbono posible sin otras referencias en el mundo, como plantean sus dueños y los arquitectos a cargo, Eugenia Mora y Tom Hughes.
“Lo más desafiante fue hacer realidad el delirio que teníamos en mente con lo que fuimos encontrando. Y si bien varias ideas parecían imposibles, al final se lograron de una mejor forma en un proceso creativo previo que duró dos años hasta que empezamos a materializarlo”, resume Alfredo. En la actualidad, MAAL transita su última etapa de construcción, que incluye una playa de fraccionamiento, una sala de barricas y un espacio para el almacenamiento de producto y etiquetado de vinos.


“En lo personal no conozco otra bodega que haya llevado el concepto del reciclaje tan al extremo. MAAL tiene muchísimos materiales reutilizados y elementos en desuso que forman parte de los interiores, es decir, de lo que está por dentro. Los dueños sostuvieron esta postura a rajatabla y avanzamos a medida que conseguimos lo necesario para hacerlo”, explica la arquitecta Eugenia Mora sobre esta obra que cuenta con una nave principal, espacio de turismo, sala de degustación, área de eventos sociales al aire libre, parador, depósitos y oficinas.
En una finca de seis hectáreas, de las cuales cuatro están plantadas con Malbec, levantaron un espacio de 900 m2 con unos 500.000 kilos de chatarra. De nuevo, sólo hay cemento y vidrio. Techos viejos de madera, cabriadas de una antigua bodega de adobe, caños de perforaciones petroleras y contenedores marítimos fueron aprovechados para darle vida al esqueleto y la esencia del edificio. Planteada de manera secuencial, MAAL ilustra en su arquitectura el proceso del vino.

“La obra fue un desafío constante porque los materiales los conseguimos en chacaritas y demoliciones. Por este motivo el avance se vio interrumpido muchas veces y el diseño sufrió ajustes hasta el final y modificaciones sobre la marcha adaptadas a los elementos disponibles. Cada pieza rescatada cuenta su historia”, agregan los comandantes del estudio Mora Hugues, con experiencia destacada en la industria del vino.
El resultado es una bodega armoniosa que combina lo nuevo y lo antiguo, con detalles únicos que acompañan el proceso de vinificación. “Tanto Alfre como yo tenemos una afinidad especial con lo reciclado y a la hora de pensar en un concepto para la construcción de la bodega, nos pareció un lindo desafío hacerlo con elementos que otros desecharon. Fue nuestra manera de demostrar que no hace falta invertir millones para hacer algo que impacta desde lo estético con un sentir verdadero”, destaca Matías.

Una bodega festiva y a puro Malbec
MAAL viene de Ma-tías y Al-fredo y es el nombre que quedó desde el origen, a pesar de que luego se incorporó Daniel. Además de un concepto arquitectónico particular, el proyecto vitivinícola se destaca por elaborar exclusivamente vinos Malbec, con un portfolio de 16 etiquetas expresivas y con carácter. “Sólo vendemos lo que hacemos. Sólo hacemos lo que nos gustaría tomar”, resumen.

Además, apuestan con fuerza a la hospitalidad con un parador para almuerzos relajados, un bar de día y degustaciones guiadas o autoguiadas que conviven con un calendario de eventos corporativos, bodas, sunsets y fiestas, como la reconocida MAAL Max. Es que como afirman sus dueños, la invitación es a vivir el mundo del vino de una forma descontracturada, con el disfrute puesto en el momento y sin descuidar la calidad.

“MAAL Max es un ciclo de fiestas que surgió en el 2021, en plena pandemia, cuando todo parecía apocalipsis y fue una forma de unir nuestras pasiones: el vino, la música y la amistad. Ya vamos por la edición número 15 y pronto se vienen nuevas fechas”, confirma Alfredo, DJ y autor fundamental de este encuentro que reúne música electrónica e instalaciones en un festival vivo y participativo.
Pje. de la Reta 975, Las Compuertas, Luján de Cuyo,
La bodega se puede visitar de miércoles a sábados de 9 a 16.
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