National Geographic estrena hoy el documental “El último tepuy” en el que el gran montañista Alex Honnold (Free Solo) emprende una travesía de casi un mes junto al biólogo Bruce Means.
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Los tepuyes son mesetas con la parte de encima bien plana. Son característicos de la triple frontera entre Brasil, Venezuela y Guyana, y, por su difícil acceso, suelen ser tratados como uno de los últimos territorios vírgenes de la Tierra. De hecho, se considera que el 90% de los tepuyes no han sido pisados nunca por el ser humano, lo que los vuelve especialmente atractivos para la ciencia: es probable que conserven varias especies de flora y fauna aún nunca relevadas. Están delimitados por acantilados verticales que los hacen prácticamente imposibles para exploradores “tradicionales”: la escalada en roca es indispensable para hacer cumbre.

Para Bruce Means, biólogo especializado en estas singulares formaciones, la propuesta de National Geographic de llegar a la cima del Monte Wei Assipu y filmar un documental de la serie Explorer era muy atractiva, pero implicaba una serie de riesgos. No sólo por su avanzada edad y lo dificultoso del terreno; por motivos de salud, Means está anticoagulado, de modo que si se caía y se lastimaba –no era tan difícil que esto sucediera– podía desangrarse y morir, lo cual –según dijo en conferencia de prensa– no le habría molestado porque el sitio le gustaba, pero habría hecho fracasar la expedición. “Creo que a mi familia le hubiera gustado esparcir mis cenizas en otro lugar”, ironizó.
Altos en el cielo
Más allá de lo poético que pueda sonar “isla en el cielo”, como muchas veces se menta a los tepuyes, la denominación es literal. Las cumbres estuvieron alguna vez conectadas en una gran planicie, y cuando se levantaron, obedeciendo a la fuerza de los plegamientos, las especies que allí vivían quedaron aisladas, y tuvieron que adaptarse a través de largos períodos de tiempo a su nuevo ecosistema. Evolucionaron. Y eso no es todo.

Otra singularidad de los tepuyes es que su mayor biodiversidad no está en las cumbres, sino en las pendientes y grietas que se dan en el acceso, donde se forman los bosques nubosos. De modo que se puede llegar en helicóptero a la cima del tepuy, pero para investigar las especies deben encararse dificultosas expediciones a pie.

Durante la travesía que Honnold y Means emprendieron juntos para el documental El último tepuy que se estrena hoy por Disney Plus, terminaron bromeando sobre que el suelo parecía slime (esa sustancia pegajosa con la que juegan los niños). Pasaron varios días mojados y embarrados, resbalando en esos musgos. La pared vertical que precedía la cumbre era el mayor desafío. Por prudencia, y para no arriesgar el éxito de la misión, Means no llegó a treparla. El equipo de rodaje se adelantó y tomó las muestras. Al bajar, sin embargo, y más allá de las dificultades técnicas de la escalada, Honnold aseguró que atravesar la selva fue lo más complicado de todo.

Hallazgos
En total pasaron casi un mes –una semana y media subiendo, y 15 días en la pared– y encontraron 20 especies de ranas, de las cuales tres serían nuevas. Aún falta la confirmación oficial de las pruebas de ADN, pero estiman que a ellas se sumarían una serpiente y una lagartija, también desconocidas hasta ahora. Los descubrimientos resultaron muy estimulantes para Means, que, si bien siente que se le “está agotando la nafta”, renovó sus ganas de seguir explorando.

Para Honnold, que es conocido por encarar paredes verticales sin cuerdas y en solitario, la posibilidad de colaborar con la ciencia resultó más gratificante que la de escalar con el único objetivo de la cumbre por delante. “Me gusta pensar que lo que hago pueda resultar más útil, desde el punto de vista científico, para la humanidad”, dijo. “Estar allí te da un sentido de humildad. Confirmás que sos apenas una pequeña parte de este mundo tan amplio y que todavía no lo conocemos todo”.

Honnold nunca había estado en un tepuy, de manera que no había tenido contacto con la fauna típica de este tipo de selva. Cuando le preguntaron si tenía miedo a las arañas y serpientes, confesó que no, pero que no se había sentido del todo cómodo, aunque le bastó con no aproximarse ni tocarlas.
Means, por su parte, alardeó sobre lo significativo que fue compartir la expedición con una figura del porte de Honnold, aunque no haya podido llegar a la cima. “Para la próxima, vamos en helicóptero y bajás en rappel”, bromeó su joven compañero de aventuras.
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