Se fue de Fleetwood Mac y se recupera de un problema de salud. Pero Lindsey Buckingham todavía hace ruido.
19 minutos de lectura'

Lindsey Buckingham dice que no quiere hacer drama. Que el drama lo hagan sus antiguos compañeros de banda.
No todos los miembros de su familia comparten el sentimiento. Su hijo Will publicó una declaración poco después de que lo expulsaran de Fleetwood Mac, en 2018: “Papá, te arruinaron la vida”.
“¡Ni de lejos!”, responde Buckingham, con una sonrisa seca.
Tiene razón, en cierto modo. En los últimos tres años ha habido otros candidatos a arruinarle la vida que tenían un poco más de respaldo. En poco tiempo: Buckingham estuvo a punto de morirse, después perdió la voz, pospuso indefinidamente un disco y la pandemia le pegó muy mal.
Aun así, dice, está bien ahora. En este momento, Buckingham se encuentra en una sala de ensayo en Burbank, preparándose para la gira de presentación de su nuevo disco solista, una joya pop de 10 canciones en 37 minutos, salpicada de suficiente melancolía californiana, incertidumbre doméstica y riffs soleados que le sacarían una sonrisa hasta a un poeta divorciado que viviera solo frente al océano. El disco le ha llevado tres años, pero debido a los “contratiempos” recién mencionados estuvo guardado hasta el mes pasado. Combinado con las mejores canciones de su álbum a dúo de 2017, con su ex compañera de banda Christine McVie, Buckingham ha producido una sucesión de obras maestras del pop en una época en la que la mayoría de sus contemporáneos están teniendo dificultades para resistirse a las tentaciones de la nostalgia. El nuevo disco es el último en el sorprendente renacimiento tardío de Buckingham (un proceso que, no por casualidad, comenzó poco después de que el consumado soltero se casara con su esposa, Kristen Messner, y nacieran sus tres hijos).
El disco fue grabado en su estudio casero, detrás de su casa principal. “Grabar con la banda recuerdo que era como la producción de una película, tenías que tener un horario, un guion, negociar todo, era un tira y afloja constante”, dice.
Ahora, insiste, está feliz. Ya han pasado los días de la (así descrita por Buckingham) máquina mayor, con sus canciones zombis y sus conciertos de estadio diseñados para los playoffs de la NBA más que para sacarle arpegios a la guitarra con la punta de sus dedos. Ahora démosle la bienvenida a la máquina menor: Buckingham invita a sus amigos a tocar en pequeños teatros acogedores y canta sus canciones más nuevas. “Trabajar solo es más como pintar un cuadro”, dice. “Hay menos drama”.
¿Seguro que hay menos drama? El lugar principal en el estacionamiento de la sala de ensayo está, dice un cartel, “reservado para Kristen”. Eso no tendría nada de especial, si no fuera que Kristen solicitó el divorcio a principios de año.
“Todavía estamos tratando de resolverlo”, dice Buckingham.

Su peinado estilo Eraserhead se ha vuelto gris: el antiguo dios del rock ahora se parece a un oráculo romano ya retirado del servicio activo. Me da un montón de información adicional que no habría estado fuera de lugar en la época de Fleetwood Mac, cuando Stevie Nicks y él estaban separándose, así como Christine y John McVie.
“Con la pandemia, estuvimos haciendo terapia de pareja por teléfono”, dice. “Durante una de las sesiones, ella le dijo al terapeuta que quería presentar la solicitud [de divorcio] ‘para ver qué sentía’. No me pareció lo mejor, mi idea es que uno debe averiguar primero qué es lo que quiere y después ver qué hace. Pero los abogados me dijeron que aparentemente es algo bastante común”.
La banda trabaja en lo que va a ser su primer recital. Al comienzo, todo lo que puedo escuchar es la guitarra de Buckingham, que toca con los dedos, una maravilla sonora tan preciosa que es como si estuviera tocando en 4D. Después, la apertura:
Leyendo el diario, vi una reseña
Que decía que era un visionario, pero nadie lo sabía
Y es un problema, sentirse invisible
Como si estuviera viviendo el sueño de alguien más
Mis hijos miran hacia otro lado, no saben qué decir
Mis hijos miran hacia otro lado, no saben qué decir
Buckingham canta en un registro de lamento angustiado, que generalmente se reserva para los niños cuyos padres se olvidan de ir a buscarlos a la clase de fútbol. Es un poco extraño escucharlo, ya que durante la mayor parte de su vida adulta, Buckingham lideraba una banda que vendía decenas de millones de álbumes. Dios nos ayude al resto de nosotros si él se siente “invisible”.
Es la primera vez que escucho música en vivo desde que comenzó la pandemia, y es un placer: Buckingham y su banda hacen una pasada de toda la lista de temas. El tramo del medio incluye algunas canciones de Mac: “La multitud asaltaría el escenario si no tocara un par”. Buckingham las modifica, acelerando algunas y ralentizando otras. Su vozarrón es su segundo instrumento: a veces lo maneja como una guitarra adicional. Así lo escucho en el bam-bam-bam-bam de “Second Hand News”, o en el groove de su último single, “I Don’t Mind”.
Pero puedo escuchar una variación casi imperceptible en la voz de Buckingham: está operando en un registro ligeramente más bajo. El descenso se debe en parte a la edad, pero principalmente a un susto que atravesó en 2019. Sintió dolor en el pecho durante una cirugía de rutina y fue trasladado de urgencia al quirófano, donde le hicieron un triple bypass de emergencia. Uno de los instrumentos del cirujano lastimó las cuerdas vocales de Buckingham durante el procedimiento. El miedo de perder la voz para siempre fue bien real.
Buckingham se disculpa por un minuto para saludar a un antiguo director de iluminación de Fleetwood Mac, que ha pasado por la sala de ensayo. Su guitarrista, Neale Heywood, se acerca y nos ponemos a conversar. Sacude la cabeza con asombro. “Todos nos preguntábamos si le llegaría o no el día de volver a cantar”, dice Heywood, que ha tocado con Buckingham durante décadas. “Las cosas parecían bastante difíciles por un tiempo, pero ha podido recomponer algunos músculos, y el trabajo que ha hecho con la respiración, y suena fantástico. Estoy orgulloso de haberlo visto luchar como luchó”.
Buckingham regresa y la banda vuelve al trabajo. Alguien comenta que siente que es viernes (una observación astuta, ya que efectivamente era viernes).
“¡Sí, es verdad!”, dice Buckingham con el entusiasmo de un oficinista fumón y un poco vago que estuviera contando los minutos que faltan para salir del laburo. “Parece viernes realmente”. Hace una pausa por un segundo y dice: “Ok, ahora volvamos al trabajo”.
¿Ves? Sin drama.
Me vuelvo a reunir con Buckingham en su casa en el barrio de Brentwood, Los Ángeles, el día después del ensayo. Salen algunos temas. Independientemente de lo que pienses de Lindsey Buckingham, su ética de trabajo nunca estuvo en duda (The Washington Post publicó este titular cuando se fue de la banda: “Lindsey Buckingham, fuera de Fleetwood Mac: ¿genio incomprendido o idiota superlativo del rock?”). En varias ocasiones, tuvieron que quedarse toda la noche trabajando para grabar Tusk. Era una forma artística de mostrarles el dedo del medio a las compañías discográficas que les insistían con repetir el éxito de los aproximadamente 40 millones de copias que vendió Rumours. Ahora, Buckingham es un hombre de 71 años que sufre del corazón y planea una gira mientras la pandemia sigue. Llego preguntándome si un genio artístico también puede lograr una vida significativa fuera del foco de atención. Tres horas después, todavía no estoy seguro.
Más de una vez, Buckingham me señala el camino equivocado al indicarme su estudio casero, donde escribe canciones que comienzan como melodías tarareadas frente a su teléfono. Es comprensible: hace un par de años, él y su esposa vendieron su antigua casa, en Brentwood, y se mudaron a cinco casas de distancia.
Sus tres hijos ya han crecido, y su reciente separación ha dejado a Buckingham viviendo solo, si dejamos de lado a la mujer que trabaja en la casa y a un trío de perros. Su casa está decorada con buen gusto, las paredes llenas de cuadros. No hay objetos vinculados a su carrera, y los toques personales son mínimos, más allá de algunos libros sobre películas de la nouvelle vague.
Buckingham lleva una remera negra y jeans cuando aparece y cierra la puerta doble que separa la sala de estar de la cocina. De vez en cuando, uno de los perros ladra, con suficiente énfasis como para provocar una entendible respuesta (“¿querés callarte, hijo de puta?”) de mi anfitrión. Pero no hay mayores señales del lado espinoso de la personalidad de Buckingham. En su momento, y en varias ocasiones, se lo acusó de incivilidad, como cuando le tiró una guitarra a Nicks durante un concierto, en 1980. La trifulca supuestamente terminó cuando Christine McVie le dio un cachetazo a él (Buckingham ha dicho que no recuerda el incidente de esa manera).

Pero el pasado, en realidad, ni siquiera es pasado todavía. Hasta ese punto es imposible, para Buckingham, conversar sobre su nuevo álbum sin caer en el berenjenal de la historia con Fleetwood Mac. Como con todas las cosas de Mac: es complicado. En el fondo está el mismo conflicto de siempre entre Buckingham y Nicks, que ha existido desde que los dos se conocieron a finales de los sesenta, cuando iban juntos a la secundaria en Atherton, California.
Siempre ha sido así, comenzando con Buckingham Nicks, un álbum que grabaron juntos hace 48 años y que llevó a Mick Fleetwood a pedirle al dúo que se uniera a su banda. La guerra fronteriza comenzó con el resentimiento de Nicks hacia Buckingham, cuando pidió que ambos posaran sin remera para la tapa. El disco es un clásico del pop underground pero nunca ha sido reeditado por la simple razón de que ellos no han podido ponerse de acuerdo en los términos de la reedición.
Luego llegó la ruptura y esas viscerales puteadas que escribieron para Rumours. Desde entonces, ha habido décadas de conflicto y alegría resumidas por la imagen de los dos dándose la mano durante algunas actuaciones de “Landslide”, y por las innumerables miradas indicando intención criminal que solían cruzarse arriba del escenario.
Buckingham incluso dejó Fleetwood Mac durante una década entera, después del lanzamiento de Tango in the Night, en 1987. “Necesitaba pasar a la siguiente fase de mi crecimiento creativo y emocional. Si se terminan las cosas con alguien pero durante los próximos 10 años tenés que estar cerca de esa persona y convivir y ver lo frío que es todo... obviamente no es fácil”. La banda se reformó brevemente para tocar “Don’t Stop” en la ceremonia de investidura presidencial de Bill Clinton en 1993, lo que finalmente llevó a Buckingham a regresar al redil. Y ya no era el mismo que se había ido.
Alrededor de 2015 hubo un breve lapso de paz en la banda. Christine McVie volvió, después de un retiro de 16 años, y la reunión de los “cinco clásicos” por primera vez en décadas resultó en una gira triunfal que recaudó casi 200 millones. Después Christine entró al estudio de grabación con Buckingham, Fleetwood, John y el productor Mitchell Froom.
Cuando escribí un perfil de Fleetwood en 2014, me expresó su entusiasmo por el potencial de un nuevo álbum de Fleetwood Mac. “Lo único que necesitamos es que Stevie ponga su parte y estamos”, me dijo Fleetwood mientras aceleraba, en la isla hawaiana de Maui, un BMW que parecía un auto de payaso conducido por un baterista de dos metros de altura.
Buckingham se mantuvo crónicamente escéptico. “Siempre se lo dije: ‘Se están engañando a ustedes mismos’”, dice ahora. “Stevie no quería hacerlo”.
Y estaba en lo cierto. El álbum nunca existió. Si bien es posible que el temperamento de Buckingham se haya suavizado, todavía se le escapa la lengua hablando de su ex.
“Tengo que dar por hecho que ella no tenía canciones nuevas, nada más”, dice encogiéndose de hombros. “Le mandé algunas pistas mías, porque en los comienzos de Fleetwood Mac era algo que le encantaba. Que realmente la inspiraba, de una forma que no creo que le haya pasado después. Se podría haber agarrado de eso, pero no quiso”.
Buckingham resolvió su frustración en el estudio, convirtiendo esas canciones descartadas en el bien recibido álbum (y posterior gira) Lindsey Buckingham Christine McVie de 2017. En el nuevo disco solista, canaliza su angustia en una canción gruñona: “On the Wrong Side”. Se trata de su insatisfacción cuando le tocaba salir de gira sin cesar con Fleetwood Mac sin tener canciones nuevas (“Siento vergüenza, estoy en otro lado/ Otra ciudad, otro crimen”) tanto como de la sensación de que había perdido muchas horas intentando enderezar el caos de la banda (“El tiempo corre por la ruta/ El amor va en coche fúnebre/ Éramos jóvenes, ahora somos viejos/ ¿Alguien puede decirme qué es peor?”). La canción tiene algunos toques característicos de Buckingham: un solo de guitarra desgarrador, un ritmo insistente y voces procesadas que hacen que Buckingham suene un poco como Nicks y McVie. “Es una canción sobre recuperar el centro, que por un tiempo había perdido ocupándome de la banda”, dice.

Buckingham fue liberado permanentemente de esa ocupación cuando lo expulsaron, a principios de 2018. Había señales de una ruptura en el aire. La banda hizo una aparición horrible en el Dodger Stadium, como parte del Classic West de julio de 2017. Cuando le preguntaron sus expectativas respecto del show, le dijo a Los Angeles Times: “Cerrar los ojos y agarrar el dinero”. La banda volvió a reunirse en enero de 2018; eran los invitados de honor en un evento de MusiCares Grammy, que contó con una introducción de Bill Clinton, y donde hicieron un prolijo set de cinco canciones. Buckingham fue despedido poco después de regresar a Los Ángeles.
En ese momento se dijo que Nicks se había cansado del comportamiento de Buckingham, en particular al verlo sonreír y hacerse el bravucón durante su discurso en el evento MusiCares. Buckingham dice que es mentira y que fue su nuevo disco el que forzó la ruptura. Cuando ya estaba grabado y masterizado, le pidió al resto de Fleetwood Mac que retrasaran una gira por tres meses, para poder lanzarlo e incorporar sus nuevas canciones en la gira. Cuando se negaron, Buckingham sugirió que, dado que la banda solo hacía tres shows a la semana, él podría fechar conciertos como solista para las noches libres en cada ciudad que estuvieran. Creía que podrían ponerse de acuerdo cuando de repente el manager de la banda vino a decirle que estaba fuera. Durante meses, sus emails y llamadas a los otros miembros de Fleetwood Mac no recibieron respuesta. Buckingham presentó una demanda contra el grupo, que ya obtuvo sentencia. Al hablar con él, no hace falta insistir para que se ponga a ladrar sobre este tema. Según Buckingham, la villana es (¡sorpresa!) Stevie Nicks: “Supuse que ella le quería dar forma a la banda a su propia imagen, darle un sonido más blando, y si ves la última gira, creo que no me equivoqué”.
Fleetwood Mac agregó al ícono de Crowded House, Neil Finn, y al guitarrista de Tom Petty y antiguo amigo de Nicks, Mike Campbell, a la formación. Y siguieron adelante, con un repertorio que incluye a Finn cantando “Second Hand News”, así como canciones de Fleetwood Mac anteriores a la presencia de Buckingham, Christine y Nicks.
“No lo vi”, dice Buckingham, “pero estoy seguro de que estuvo bien. Aunque, con solo mirar la lista de canciones, me pareció muy genérico, al borde de ser el repertorio de una banda tributo. Todos hemos tenido altibajos, pero siempre anteponemos el legado de la banda. Y lo que ella hizo fue deshonrar ese legado que construimos”. Buckingham no ha visto a ningún miembro de la banda desde su salida, pero ha vuelto a estar en contacto con Fleetwood. Arreglaron para cenar no hace mucho, pero debieron cancelar debido al último brote de Covid-19. Para él, su salida fue el resultado de que los otros miembros se acobardaron ante Nicks. La analogía que emplea es hiriente. “Varios deben haber sentido que no cortan ni pinchan en la banda, de lo contrario le hubieran dicho algo”, dice. Hace una pausa por un segundo y luego continúa. “Fue un poco como Trump y los republicanos”.
Fleetwood ha insinuado que Buckingham podría volver a ser bienvenido si Nicks está de acuerdo. Es poco probable que compararla con Trump ayude. Buckingham se pregunta si Nicks no se habrá resentido porque él se casara y formara una familia teniendo entre cuarenta y cincuenta años.
Nicks le dijo a Rolling Stone en 2015 que “Lindsey y yo siempre decíamos entre risas algo que ambos sabíamos que nunca sucedería: que cuando tuviéramos 90 años y todos los demás estuvieran muertos, tal vez terminaríamos juntos en una residencia de ancianos... Entonces, cuando llegó su primer hijo, creo que estábamos caminando dentro de un aeropuerto y le dije: ‘Bueno, supongo que nunca vamos a ir a esa residencia de ancianos’. Y él me dijo: ‘Sí, es verdad’”.
“No se le pasó por alto que al final tuve hijos, aunque esperé hasta los 48 años, fue casi en tiempo suplementario, pero al final lo hice”, dice Buckingham.
Este parece un buen momento para que veamos qué piensa Nicks, que respondió con esta declaración cuando se le pidió comentario: “Es lamentable que Lindsey haya optado por contar una versión revisionista de lo que sucedió en 2018 con Fleetwood Mac”, escribió. “Su versión de los hechos es inexacta y, aunque nunca he hablado públicamente sobre el tema, y en general creo que la ropa sucia se lava en casa, pienso que ha llegado el momento de echar luz sobre la verdad.
“Después de un momento difícil con Lindsey en MusiCares en Nueva York, en 2018, decidí que ya no estaba dispuesta a trabajar con él. Podría extenderme sobre las muchas razones que tuve, y tal vez lo haga algún día en un libro de memorias. Por ahora es suficiente decir que hay una extensa lista de razones muy precisa, muchas cosas que pasaron entre 1968 y 2018, y que me llevaron a decidir no trabajar más con él. Para ser muy clara, no hice que lo echaran, no pedí eso, no lo exigí. En realidad, me fui yo. Me alejé de la banda y de una situación que consideré tóxica. Ya lo había hecho antes. Si la banda seguía sin mí, que así fuera. He defendido la independencia toda mi vida y creo que cada ser humano debería tener la libertad de establecer sus límites en términos de qué puede y qué no puede hacer. Y después de largas discusiones grupales, Fleetwood Mac, una banda cuyo legado está arraigado en la evolución y el cambio, encontró un nuevo camino hacia adelante con dos nuevos miembros enormemente talentosos”.
Por desgracia, al igual que Nicks, Buckingham ahora está solo. El guitarrista cree en el proverbio “escribí sobre lo que te pasa” y por eso, como la mayoría de los escritores, en su cabeza acumula material contra quienes lo rodean. Le menciono que disfruté del tono melancólico de “Santa Rosa”, del nuevo álbum. Sin mucho preámbulo, me larga el fardo: “Mi esposa quería mudar a toda la familia al valle de Santa Rosa”, unos 80 kilómetros al noroeste de Brentwood. “Quería construir una casa en un establo de caballos”. La canción deja en claro que Buckingham no planeaba seguir a su esposa. “Yo pensaba: ‘Los chicos van a quedarse sin sus amigos’”, recuerda. “Pero al final se echó atrás”. Buckingham dice que su esposa se acostumbró a que él explote sus asuntos personales en sus canciones (una de las más alegres de Buckingham es “It Was You”, de 2006, una efusiva canción de amor para Messner, en la que le agradece por casarse con él y darle una familia cuando ya es grande). Claramente ha estado pensando en su relación y se pregunta dónde terminó todo.
“En febrero pasado, me dijo: ‘Necesito algo de espacio, voy a alquilar un lugar por un tiempo’. Comenzaron siendo tres meses”, dice Buckingham. “Quizás haya una diferencia entre dos momentos. Cuando yo tenía 50 años y ella 30, cuando nos conocimos, era una cosa, y tal vez no es lo mismo que yo tenga 70 y ella 50 ahora”, dice. “Tiene que ver con cómo te percibís. Pero se puede tomar todo el tiempo que quiera. Cenamos una vez a la semana, y me dijo que quiere venir a algunas fechas de la gira”. Los ojos se le llenan de ilusión: “Soy optimista”.
A pesar de sus dificultades, Buckingham sabe lo mucho que le debe a Messner, que lo ayudó a recuperarse después de la cirugía cardíaca en 2019. “Si iba a recuperar la voz, al principio era un tema tabú. Estaba más concentrado en poder caminar y moverme de nuevo”. Buckingham vio a un terapeuta del habla pero hubo pocos avances. Después fue a Boston, a tratarse con un especialista en cuerdas vocales en el Massachusetts General. “Me dijo que mi voz sería lo que tenía que ser y que era cuestión de esperar”.
Y Buckingham esperó. Perdió a su padre y a un hermano cuando era chico y sabe lo que significa el tiempo perdido. Lo ha abordado en sus discos como solista, en su versión de la canción de Jagger-Richards “I Am Waiting” y en su propia “Time Precious Time”. El nuevo disco continúa esa tendencia con una versión del clásico folk de los sesenta “Time”. “Lo primero que grabé fue ‘Time’”, dice. “Creo que en ese momento la idea de que el tiempo se va era algo maś teórico”. Sonríe. “Pero en los tres o cuatro años transcurridos desde entonces, con la cantidad de cosas que han pasado, el significado de la canción se convirtió en algo mucho más visceral”.
Buckingham admite que le encantaría volver a tocar con Fleetwood Mac: “Sería genial terminar casi medio siglo con la banda de la mejor manera”. Pero se encoge de hombros. “No depende de mí”.






