
El estándar de oro para fabricar arcos de instrumentos de cuerda durante siglos ha sido el árbol de pernambuco brasileño. Ahora su futuro es incierto.
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NUEVA YORK (The New York Times).– Hasta que los elefantes africanos y las tortugas carey estuvieron en peligro de extinción, los fabricantes de instrumentos usaron trozos de colmillo y caparazón por sus cualidades acústicas o decorativas. Esos animales ahora están protegidos, pero muchos de los instrumentos más antiguos hechos con sus materiales, como violonchelos y fagotes, todavía se tocan en la actualidad. Es fácil imaginar los problemas que esto puede acarrear.
No todas las piezas de un instrumento se pueden remplazar tan fácilmente como la punta de marfil de un arco. El verano pasado, el gobierno brasileño causó pánico cuando propuso aumentar las protecciones internacionales para un árbol exótico de madera dura en peligro de extinción conocido como pernambuco, que se utiliza en la gran mayoría de los arcos de instrumentos de cuerda.
Como resultado, miles de arcos de pernambuco podrían estar sujetos a confiscación en las filas de aduanas, lo que pondría de cabeza a una industria de giras orquestales que factura millones de dólares y obligaría a los músicos a considerar arcos fabricados con materiales alternativos, como la fibra de carbono.
Sin embargo, la relación entre el pernambuco y la música no es la típica del consumo excesivo ambiental. Los principales consumidores de este recurso, los fabricantes de arcos, son quienes más se han esforzado por conservar la madera. En las últimas décadas, han trabajado para documentar las reservas legales y rastrear la procedencia de los arcos terminados, y han replantado árboles por millones.

Chase Maggiano, restaurador de arcos en Rare Violins of New York y un firme conservacionista, dijo: “Para poner las cosas en perspectiva con respecto a la deforestación: por lo general, un solo fabricante de arcos en su vida va a usar aproximadamente un árbol de pernambuco”.
Él y otros fabricantes de arcos lideraron la ofensiva contra el impulso de Brasil por aumentar las protecciones, convocando a músicos de todo el mundo, así como a investigadores ambientales. Y tuvieron éxito. En la conferencia más reciente de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites), representantes de Estados Unidos y otras naciones persuadieron a Brasil de llegar a un acuerdo: en lugar de aumentar las protecciones en todos los ámbitos, ahora se requieren permisos gubernamentales estrictos para la mayor parte de la actividad comercial internacional del pernambuco, que incluye la venta o el comercio de arcos.
La industria de las giras orquestales respiró con alivio. Los músicos pueden continuar viajando como de costumbre con arcos de pernambuco. Sin embargo, la tranquilidad puede ser temporal. Se espera que el tema surja en la próxima reunión de Cites en 2028.
Una especie esquiva
El árbol nacional de Brasil, el Pau Brasil, cuyo nombre científico es Paubrasilia echinata, es quisquilloso en el sentido de que crece solo en la humedad sofocante de la mata Atlántica de Brasil, uno de los ecosistemas con mayor diversidad biológica del mundo después de esa otra porción de vegetación del país, la selva amazónica.

Décadas de expansión agrícola llevaron a Brasil a declarar el pernambuco en peligro de extinción en 1992. En el periodo previo al cambio, los fabricantes de arcos de todo el mundo se abastecieron de la madera, dijo Rodney Mohr, un maestro fabricante de arcos en Ohio, quien compró alrededor de 450 kilogramos de pernambuco en 1991 a una empresa maderera que lo había importado en la década de 1960.
“Nunca hubo una fuente de madera buena y confiable”, dijo Mohr en un correo electrónico. “Tenías que comprar tanto como pudieras cuando se ofrecía buena madera”.
Declarar el pernambuco en peligro de extinción también avivó un dinámico mercado negro que continúa hasta el día de hoy. A medida que Brasil y Cites aumentaron las protecciones de la madera, su valor aumentó, lo que llevó a una caza furtiva de árboles atrevida y de alta tecnología.
“Estos madereros a veces van por un solo árbol en el medio de un bosque”, dijo Daniel Piotto, profesor de agroforestería en la Universidad Federal del Sur de Bahía en Brasil. “Estoy 100 por ciento seguro de que eso va para la fabricación de arcos”.
A lo largo de los años, las autoridades brasileñas han incautado más de 150.000 arcos y varas de madera. Han multado a madereros, así como a fabricantes de arcos que usan pernambuco de origen ilícito, por más de 10 millones de dólares, según un informe de 2022 del Proyecto de Denuncia de la Corrupción y el Crimen Organizado.
El material de preferencia
El pernanbuco sigue siendo el material preferido de casi todos los músicos de cuerda profesionales. Cuando el relojero parisino François Xavier Tourte se dedicaba a la fabricación de arcos a mediados de la década de 1770, experimentó con muchas maderas diferentes y se decidió por el pernambuco, que se había utilizado como lastre de barcos y en tinte rojo para ropa, debido a su densidad y flexibilidad. Otros fabricantes de arcos se apresuraron a copiarlo.
“Si se hubiera descubierto algo mejor en los últimos 150 años (y todavía lo intentan=, entonces la gente no se habría indignado tanto por el pernambuco”, dijo Maggiano, el restaurador de arcos, quien a principios de este año presentó una exhibición de arcos históricos raros en Nueva York, incluidos algunos hechos por Tourte que valen más de 1 millón de dólares. Desde la implementación de las nuevas regulaciones en marzo, ha tenido experiencias fluidas en la aduana y calificó el proceso como “más bien un dolor de cabeza” pero que “vale la pena”
La fabricación de arcos de fibra de carbono, por otro lado, ha tenido un crecimiento casi lineal en los últimos 30 años, pero muchos músicos y fabricantes lo consideran un material claramente de segunda clase.



