La mujer de un conocido polista rompe los moldes. Rosario Oyhanarte: “Él, de entrada, supo con quién se casaba”
Viven en Aspen junto a Alejandro Novillo Astrada y sus dos hijos, pero no se conforma con “acompañar”: además de ser best seller, es una activa influencer y está por publicar nuevo libro
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En eso tan argentino de etiquetar gente, a Rosario Oyhanarte le quedó el estigma de “atípica mujer de polista”. Nobleza obliga, sí es cierto que se trata de una mujer “original”, que con sus redes y libros revolucionó todo un mundillo, pero aún así, ella pone el acento en lo antipática que le resulta la generalización.
Lo cierto es que esta licenciada en Letras que desde hace un tiempo está instalada en Aspen junto a su marido e hijos y trabajó varios años como periodista, es bastante más que la mujer de Alejandro Novillo Astrada (siete de handicap, miembro de una de las familias más tradicionales del polo). Sin proponérselo, dejándose llevar por el instinto y una efusividad indisimulable, la nieta de quien fue ministro de la Corte Suprema de Justicia se transformó en influencer y también best seller: es autora de Mi marido y su mujer, Rosie’s Blossoms y El libro más lindo del mundo. Empezó escribiendo sobre libros, historias de vida, crianza, belleza, moda, viajes y hasta recetas. Y a partir de eso surgió @rosiestips en Instagram, donde narra historias de amor en capítulos. Y es un verdadero boom.
–Venías con los consejos, las historias de los otros, pero todo explotó cuando contaste la historia de amor con el padre de tus hijos. ¿No se asustó cuando tomó semejante repercusión?
–La verdad es que ninguno de los dos se imaginó que podía tener la repercusión que tuvo. Yo, obviamente, le había pedido permiso porque no publico nada sin antes charlarlo con él. Pero no me requirió ningún tipo de negociación. No hubo súplicas ni nada. Enseguida me dio el ok. Nunca se sintió amedrentado o asustado, y eso que él tiene un perfil muy bajo.

– Por eso. Muchos, con su perfil, te hubieran pedido que pares. ¿El es muy moderno o vos un tremendo huracán?
–Me resulta muy loco escucharlo así porque ni él es tan moderno ni yo tan huracán. Bueno... un poco sí. En realidad él tiene una combinación bastante extraña porque, por un lado es perfil muy bajo con lo propio, un tipo muy sencillo, pero a la vez respeta un montón lo que hago y siento que en alguna parte le gusta que yo sea así de extrovertida y suelta. Supongo que es lo que lo enamoró de mí. Aunque somos muy distintos no soy un huracán que lo avasalla y no le deja opción. Él, de entrada, supo con quién se casaba.
–La creadora del plan maestro. ¿Nos lo contás?
–(Risas) Me divierte decir eso. La historia empieza en un boliche. Lo vi por primera vez en Tequila, él se me acercó a hablar, pero no le di mucha bola porque estaba de novia. Pero sí es cierto que en ese instante tuve una especie de visión, me pasó algo. Y hasta llegué a decir con este tipo me voy a casar. Yo no sabía su nombre, nada, pero tuve esa intuición. Independientemente de que me pareció buen mozo, la cosa pasaba por otro lado. Porque la verdad es que yo había conocido miles de hombres buenos mozos y nunca sentí eso. Fue algo más profundo que no puedo poner en palabras.
–¿Flechazo es muy cursi?
–Mejor lo dejamos sin título. Porque pasaron muchas cosas a partir de ese momento. Si la historia es: nos conocimos, nos enamoramos y nos casamos, ya no es una historia. Lo dijo Denis de Rougemont, el amor feliz no tiene historia.
–¿Hubo muchos obstáculos?
–Desde ese primer encuentro en la disco hasta que salimos pasaron casi dos años. En el medio sucedió de todo (los detalles están en mi libro). Pero bueno, la historia sigue. Me pasó que corté con mi novio de entonces, pero al Negro lo seguía teniendo en la cabeza. Obviamente ya había averiguado su nombre y sabía quién era. Entonces me propuse conquistarlo, pero como un juego. El plan era cruzarlo pero teniendo una buena excusa. No quería acercarme como una mina más y decirle, ‘hola, qué tal, ¿te acordás de mí?’ En ese entonces trabajaba como periodista y se me ocurrió fingir una nota.
–¿Cómo fingir?
–Me refiero a proponer algo con intención. Había visto una nota en Vanity Fair España en la que hablaban de los solteros codiciados del ambiente, personalidades tal vez no famosas pero destacadas; mujeres y hombres. ¡Y la hice! Lo que yo quería era destacarme por mi personalidad, mi carisma. Que él se enamore de mi inteligencia y chispa. Porque minas monas hay un montón, así que no íbamos a entrar por ahí. Por otro lado, yo que soy tan ansiosa, me propuse hacer esta conquista sin ansiedad, casi con frialdad. Me propuse metas muy cortitas sabiendo que a la larga iba a terminar casada con él.
–Ahora se entiende por qué después de este cuento y saberse “víctima” del feliz plan (con dos hijos y uno en camino, además), no se sorprende con tu exposición mediática.

–No, a él no le sorprende nada. Siempre fui una mujer dada, curiosa, muy suelta. Hay muchas anécdotas mías de chiquita haciéndome amiga de quien tuviera al lado, en el contexto que fuera. Creo que estar tan abierta a conocer gente e interesarme por las personas es algo que me nutre y me hace ser como soy.
–¿Una distinta?
–No sé si una distinta pero sí una mujer abierta, que disfruta de eso. Supongo que soy un poco audaz, pero ojo que la audacia es acompañar a mi marido más que el tema de mi profesión. Porque, más allá de las logísticas, hijos, adaptaciones, colegios, médicos y etcéteras, sabemos que el polo es un deporte de alto riesgo, con todo lo que eso implica. Creo que mi veta más audaz la pongo en juego ahí.
– ¿Te molesta cuando hablan de las mujeres de polistas como simples consortes, sin agregar nada más?
–No, porque sé que no es así. Se repite mucho, seguro está el prejuicio. Me hace gracia porque si yo les presentara a mis amigas o a mis cuñadas, que son todas mujeres de polistas... Hay todo tipo de mujeres, que venimos de diferentes lugares del país, con distintas inquietudes. Por eso cuando me señalan como mujer atípica en este mundo, me sorprende. ¿Será porque me gusta leer? Qué tontería. Tengo un montón de amigas, mujeres de polistas, que tienen carreras universitarias impresionantes, ávidas por aprender, que aman el mundo académico.

–Mencionabas los prejuicios y las cosas que de alguna forma se dan por estipuladas. Ejemplo: chat de mamis, un plomo eterno.
–Bueno, tampoco tengo ese discurso. Los chats de mamis tienen muy mala fama pero yo, hasta ahora, no he tenido ninguna fea experiencia. Tengo otro con las amigas del polo y ahí sí, bueno... nos divertimos un montón. Pero porque se dio. Hay gente con mucho carisma; mujeres inteligentes, picantes, divertidas.
–¿Es cierto que a tu marido, que acá llaman “Negro”, se le esfumó el apodo viviendo en el exterior?
–La verdad es que intentamos no llamarlo así. Porque en Argentina ese apodo es muy frecuente y cariñoso, algo que culturalmente está aceptado y súper generalizado. Pero afuera no lo entienden. Conclusión: lo llamamos Alejandro.
–¿Próximos sueños?
– El año que viene va a salir mi cuarto libro, así que en este momento mis desafíos van por el lado de convertir mis historias en formato audiovisual, una serie o una película.






