
Por Gabriela Navarra De la redacción de La Nación
1 minuto de lectura'
En una época en que a menudo se recurre a suplementos alimentarios para compensar los déficit de una dieta desequilibrada o con carencias, encontrar un alimento que mejore el aporte de minerales, vitaminas y fibras es un hallazgo interesante.
Nos referimos a las algas, vegetales que los inmigrantes orientales -coreanos, chinos, taiwaneses- introdujeron en las mesas argentinas. Existen algas verdes, rojas y pardas; todas son bajas en calorías, no contienen colesterol y constituyen una muy buena fuente de iodo, calcio y potasio.
Entre las distintas variedades, la nori , de color rojo, es la más indicada para mejorar la mineralización del organismo y la prevención de enfermedades como la osteoporosis, por su aporte de calcio. Sin embargo, al ser muy rica en sodio, hay que restringir su consumo en casos de hipertensión. Puede incorporarse a través del furikake , un condimento de mesa (se consigue en las dietéticas) ideal para acompañar el arroz. La kombu , de color pardo, está indicada para agregar a la cocción de las legumbres, porque mejora muchísimo su digestibilidad. Se utiliza sólo un pedacito del tamaño de una estampilla: es que cuando el alga se hidrata en agua (paso indispensable antes de su utilización) aumenta varias veces su tamaño.
Las algas verdes o wakame pueden incorporarse a sopas y salsas de todo tipo, cortadas en trocitos. No tienen sabor definido y se confunden con el gusto de la preparación. Son muy nutritivas, ideales para niños, adolescentes, embarazadas y mujeres que dan de mamar. Si bien pueden incorporarse también en ensaladas, quizá no sean sabrosas para todos los paladares.
El alga agar-agar , de color rojo, está especialmente indicada en casos de constipación crónica. Actúa como un laxante natural. Se solidifica como una gelatina y pueden elaborarse postres mezclándola con frutas naturales. Por ejemplo: frutillas, manzanas o naranjas licuadas, que se mezclan después con una cucharada de postre de agar- agar diluida en un vaso de agua, hervida durante 5 minutos. Si la preparación no quedó con la consistencia ideal, se puede agregar más agar-agar (siempre diluida en agua y sometida a hervor) para que solidifique más.
Puede consumirse a diario hasta normalizar la función intestinal, y luego hacerlo varias veces por semana.





