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"Ha sido un día largo para todos -confesó notoriamente exhausto el neurocirujano Jorge Salvat, luego de una ardua labor de ocho horas y media en el quirófano-. Por suerte, todo ha salido mejor de lo previsto." La escena ocurrió hace algunos días, cuando se realizó en la Fundación para la Lucha contra las Enfermedades Neurológicas de la Infancia (Fleni) el segundo implante troncocerebral que ha sido realizado en la Argentina. Este tipo de intervención permite recuperar algún tipo de audición a aquellas personas que padecen una enfermedad hereditaria llamada neurofibromatosis central tipo II .
"La neurofibromatosis es una enfermedad que se caracteriza por generar tumores (neurofibromas) en determinadas partes del organismo, especialmente en los nervios auditivos. Estos últimos pueden dejar sordo al paciente", explica el doctor Vicente Diamante, otocirujano de Fleni. También conocida como enfermedad de Von Recklinghausen, ésta es el resultado de una alteración del cromosoma 22 que afecta a 1 persona por cada 50.000.
Reencuentro con el sonido
El implante de un microelectrodo en el tronco encefálico -un área extremadamente sensible que es responsable de funciones básicas para la vida, como la respiración o el pulso- que cumpla las funciones del nervio auditivo dañado por la enfermedad, permite que los estímulos eléctricos que generan los sonidos lleguen a la corteza cerebral para su posterior interpretación.
"A diferencia del implante coclear, el implante troncocerebral tiene ciertas limitaciones en cuanto a la cantidad de audición y de discriminación -reconoce Diamante-. De lo que se trata es de que el paciente que es un sordo completo se reencuentre con el mundo del sonido: que perciba los sonidos ambientales a una intensidad normal, que perciba la palabra y que discrimine una buena proporción de ella."
Esta capacidad puede alcanzar un 50% y ser complementada con la lectura labial, lo que puede brindar al paciente un manejo fluido de la comunicación interpersonal. Para eso es necesario un trabajo de rehabilitación que dura de 3 a 6 meses, a través del cual el paciente aprende a identificar los sonidos y a asociarlos con su fuente.
En este sentido, la intervención quirúrgica no sólo permitirá que en un futuro cercano el paciente recupere parte de la audición que perdió dos años atrás; también permite ahuyentar peligros mayores. Según el doctor Salvat, "por causa del tumor, la vida del paciente empezaba a correr peligro. Por eso decidimos extraerlo y, al mismo tiempo, colocarle el implante".
La primera vez
En 1997, los doctores Jorge Salvat y Vicente Diamante fueron protagonistas del primer implante troncocerebral que se realizó en la Argentina. Al igual que el 24 de marzo último, ambos cirujanos contaron con la colaboración de un especialista en la materia, el profesor W. Hitselberger.
Por aquel entonces, el paciente que fue sometido al implante tenía 23 años y había perdido totalmente su capacidad auditiva. A pocos meses del implante, y gracias al proceso de rehabilitación conducido por fonoaudiólogas especializadas, el paciente pudo comenzar a percibir y reconocer sonidos en forma útil nuevamente.





