Prometen resultados rápidos sin esfuerzo, pero alteran el metabolismo, generan carencias nutricionales y dañan la relación con la comida
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En redes sociales, especialmente en temporadas vacacionales y de comienzo de año, aparecen por todos lados supuestas ‘dietas milagrosas’ para perder los kilos de más. Y entre ellas encontramos las llamadas monodietas: regímenes restrictivos que consisten en consumir exclusivamente un solo tipo de alimento (o un grupo muy limitado de alimentos) durante un periodo determinado. El objetivo es perder peso rápidamente o ‘desintoxicar’ el organismo.
Ejemplos populares son las dietas de la piña, de la manzana, de la sandía, del melocotón, algunas incluyen cereales como el arroz, e incluso hay regímenes basados en la ingesta de alimentos proteicos como el atún. Su aparente simplicidad y la promesa de obtener resultados rápidos explican su popularidad, pero detrás de este tipo de dietas hay diversos riesgos.
Una pérdida de peso efímera
Al tratarse de dietas que generan una drástica reducción calórica, se produce una pérdida de peso a corto plazo. Sin embargo, una ingesta tan baja de calorías da lugar a una disminución de los niveles de glucosa en la sangre, lo que activa mecanismos compensatorios para mantener el suministro de energía que se necesita a diario.
Inicialmente, el cuerpo utiliza el glucógeno hepático, principal fuente de reserva de glucosa que se encarga de mantener los niveles adecuados de este azúcar, especialmente entre comidas o durante el ayuno. No obstante, al agotarse ese depósito, el organismo comienza a movilizar masa muscular para obtener aminoácidos que, a través de otras rutas metabólicas, permiten la síntesis de glucosa. Este proceso, sostenido en el tiempo, puede llevar a una pérdida significativa de masa muscular y otras alteraciones metabólicas.

Por lo tanto, buena parte de la bajada de peso de estas ‘dietas milagrosas’ corresponde a una pérdida de agua y masa muscular, más que de grasa corporal, por lo que esos resultados tienden a ser temporales. Al finalizar este tipo de dietas, es común que el individuo recupere rápidamente el peso perdido cuando retoma su alimentación habitual, lo que se conoce como ‘efecto rebote’.
En ese sentido, si bien las monodietas pueden resultar atractivas por sus resultados rápidos, no promueven una pérdida de peso sostenida en el tiempo ni educan en hábitos alimentarios saludables.
Más allá de la citada pérdida de peso inicial, las evidencias científicas que respalden beneficios reales y duraderos de las monodietas son prácticamente inexistentes. Algunos individuos reportan una “sensación de ligereza” o mejor digestión, pero estos efectos pueden deberse más a la eliminación de alimentos procesados que al régimen en sí mismo.
También puede producirse el llamado ‘efecto placebo’: al creer que están siguiendo una dieta detox y están “limpiando” su cuerpo, las personas se sienten mejor, aunque no haya cambios fisiológicos demostrados.
Los riesgos de estos planes alimenticios
Las monodietas pueden llegar a ser peligrosas, especialmente si se prolongan en el tiempo. Su principal riesgo es la deficiencia de nutrientes, pues al consumir solo un tipo de alimento, dejamos de ingerir proteínas, grasas saludables, vitaminas y minerales claves para el correcto funcionamiento del cuerpo.
Además, pueden dar lugar a problemas digestivos, trastornos metabólicos, problemas osteomusculares, alteraciones hormonales y desequilibrios electrolíticos, especialmente en personas que tienene una situación de salud previa vulnerable.
Otro peligro importante es el de generar una relación poco saludable con la comida, marcada por la restricción y la culpa, que en casos extremos pueden desencadenar trastornos alimentarios como la ortorexia o la anorexia nerviosa.
Adicionalmente, esta limitación radical de nutrientes puede afectar el equilibrio de neurotransmisores a nivel cerebral, contribuyendo a una situación de irritabilidad y fatiga, afectando negativamente el bienestar emocional.
Una mejor estrategia
En lugar de dietas que ofrecen resultados efímeros y se acompañan de diversos riesgos, la mejor estrategia para lograr y mantener un peso saludable sigue siendo una alimentación equilibrada, acompañada de actividad física regular y hábitos de vida saludables.
Además, instituciones como la Mayo Clinic, de Estados Unidos, sugieren que antes de comenzar un programa alimenticio, se consulte a un profesional de la salud para evaluar el estado de cada persona, así como sus condiciones previas o situaciones que puedan tener efectos sobre el peso y la salud general.
Una consulta de este tipo también puede ayudar a comprender cuáles son las necesidades de cada persona, según sus hábitos y estilo de vida, puesto que no existe un plan de pérdida de peso único para todos.
“Las dietas que hacen a las personas sentirse hambrientas son fácilmente abandonadas, y muchas dietas populares no se centran en cambios duraderos en el estilo de vida”, dice la Mayo Clinic en una publicación en su página web.

En lugar de esto, la institución recomienda elegir un plan que se adapte a las necesidades propias y que por tanto sea sostenible en el tiempo, ya que bajar de peso con éxito requiere de un compromiso a largo plazo para realizar cambios saludables en la alimentación, ejercicio y hábitos.
Por Ana Montero Bravo- The Conversation
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