
Por el doctor Luis Pintos Especial para La Nación
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Ante el partido que mañana jugará la selección argentina en Bogotá, a 2600 metros sobre el nivel del mar, cabe preguntarse cómo incidirá la altura en el desempeño de los jugadores.
Para quienes viven en la llanura es riesgoso competir durante 90 minutos a gran altura, a diferencia de aquellos que se han ido adaptando a las condiciones hostiles a lo largo de muchas generaciones.
Un ejemplo de lo que ocurre cuando se somete el organismo a los rigores de la altura fueron los Juegos Olímpicos de México de 1968, realizados a 2300 metros. Allí se registraron algunos problemas de salud y distorsiones de los resultados de muchas pruebas atléticas de natación, ciclismo, etcétera. Sin embargo, se tardó varios años en mejorar algunos récords allí obtenidos pues los atletas africanos, habitantes de las montañas, superaron a los campeones mundiales de fondo. Estos deportistas que provenían de regiones planas estuvieron tratando de adaptarse a la altura durante años y fracasaron estrepitosamente.
Por otro lado, en 1986 nuestra selección obtuvo el título de campeón mundial sin que se advirtieran trastornos físicos, producto del esfuerzo en la altura.
Biología de la altura
Los efectos que produce ascender varios miles de metros son conocidos como mal de montaña , puna o soroche , y fueron descriptos en 1590 por el jesuita José de Acosta.
Diariamente se publican trabajos científicos dedicados a conocer la adaptación a las condiciones ambientales hostiles como el frío, la falta de gravedad, la aceleración o las profundidades. En la ciudad de La Paz, la presión atmosférica es de 473 mm de mercurio y la del oxígeno, en la cavidad alveolar del pulmón, es de unos 52 mm. En esa altitud, la participación en una competencia deportiva de 90 minutos significa enfrentar una de las condiciones más adversas a las que pueden ser sometidos sujetos sanos nacidos y entrenados en el nivel del mar.
El doctor Jean Coudert, destacado médico fisiólogo francés, realizó durante años experiencias en el Instituto Boliviano de Biología de la Altura en La Paz -paradójicamente creado por los mismos bolivianos- investigando las diferencias significativas en la fisiología de las poblaciones en el nivel del mar y las de gran altura. La información científica constituye el fundamento para la toma de decisiones oportunas sobre la participación en competencias deportivas por encima de los 3000 metros, o gran altura, llamada así para diferenciar la de México (2300) o Bogotá (2680), para citar algunas conocidas.
Músculos ahogados
Todos los estudios realizados con- vergen en la dificultad de los músculos para obtener la cantidad suficiente de oxígeno, debido a la escasa presión de dicho gas. Además, los trastornos provocados por el ejercicio en la altura son exacerbados por el esfuerzo físico y los síntomas clásicos de dolor de cabeza, mareos, desvanecimiento, náuseas, ahogos y sangrado de fosas nasales, junto con la dificultad para conciliar el sueño empeoran por la disminución del oxígeno en la sangre.
Por esa razón se produce una reacción instantánea de la médula ósea, fábrica de glóbulos rojos, con la finalidad de aumentar su cantidad (son los transportadores de oxígeno hacia los tejidos). Sin embargo, dicha propiedad supletoria aumenta la viscosidad de la sangre con lo que somete al músculo cardíaco a un esfuerzo mayor que aquel para el cual está preparado.
En conclusión, el ambiente hostil que representa un escenario a 3650 metros sobre el nivel del mar implica una exigencia a la que sólo pueden adaptarse quienes nacen y viven en alturas similares.





