
Los nuevos medicamentos comienzan a ganar la batalla contra el HIV pero, al mismo tiempo, en algunas personas favorecen el aumento de grasas y glucosa en la sangre, con los riesgos que esto implica
1 minuto de lectura'
Luego de décadas de incesantes reveses, el arsenal terapéutico desarrollado en los últimos años ha permitido lograr un frágil equilibrio en la contienda entre el virus del SIDA y el organismo de los pacientes infectados. Pero que el combate no finalice en derrota no sólo depende de la ingesta correcta del cóctel de drogas adecuado: otra arma imprescindible para sostener esa terrible pelea es el cuidado de la alimentación del paciente.
Fórmulas antiguas
"No se trata solamente de darles de comer, sino que también tenemos que nutrirlos", destaca la licenciada Graciela González, nutricionista del hospital Juan A. Fernández, de Buenos Aires. Según la especialista, que también desarrolla su actividad profesional en la Fundación Huésped, quienes padecen esta enfermedad requieren de nutrientes específicos para combatir al virus, como por ejemplo antioxidantes, ácidos grasos esenciales y proteínas; pero además deben recibir una dieta que contenga un valor calórico adecuado. "Nuestros infectados son en su mayoría adolescentes y adultos jóvenes con una edad de entre 15 y 40 años; es decir, que están en una etapa de desarrollo y gran actividad física, por lo que necesitan más calorías aún", explica González. Hasta hace poco, este mayor requerimiento energético era cubierto mediante comidas con alto contenido en lípidos y carbohidratos. Las grasas animales y los dulces eran alimentos de elección a la hora de poner gorditos a los pacientes para evitar probables complicaciones de la enfermedad. Pero hoy estas herramientas nutritivas han caído en desuso como consecuencia de un efecto inesperado que producen ciertas drogas antivirales de última generación.
La paradoja
La aparición a finales de los años 90 de los inhibidores de la proteasa (IP), que interrumpen la reproducción del virus, permitió un progreso importante en el tratamiento del SIDA. Por un lado, disminuyó la necesidad de internación del individuo infectado y, por el otro, aumentó la sobrevida de los pacientes, permitiendo transformar esta dolencia -que en otro tiempo hubiera resultado inevitablemente mortal- en una enfermedad crónica.
Pero en los últimos años diferentes trabajos científicos han demostrado que, a mediano plazo, los IP podrían favorecer el incremento en la sangre del colesterol, los triglicéridos y la glucosa. Aunque todavía no se comprenden las causas de este desorden metabólico, lo que sí se sabe desde hace mucho es que el aumento de esas sustancias constituye un factor de riesgo para el desarrollo de la diabetes y la enfermedad coronaria.
Nuevo paradigma
"Ahora, el desafío de la nutrición no es solamente sostener a estos pacientes sin complicaciones en su tránsito por la enfermedad crónica sino, además, prevenir la posible aparición de esos otros padecimientos", afirma la licenciada González.
El actual modelo de trabajo, puesto en práctica en el último año, radica en un cambio sustancioso: "Ya no utilizamos grasas de origen animal, salvo las que se encuentran en las carnes y quesos magros. Además, incluimos leche descremada, claras de huevo, verduras, frutas, cereales integrales, legumbres, aceites vegetales, y un mayor aporte de pescado de mar, por su contenido en ácidos grasos omega-3 que son importantes para la inmunidad del paciente", ilustra la especialista. Para González, el comienzo del cuidado dietético debe ser precoz: "Es recomendable que toda persona que sepa que está infectada por el HIV consulte a un nutricionista no sólo para supervisar su dieta y mejorarla, sino porque es muy importante que conozca las normas de higiene alimentaria (ver recuadro) y evite agregar otra infección más a la que ya tiene".
Enseguida, la profesional explica que la incorporación de una bacteria patógena al organismo de una persona con SIDA puede ocasionar diarreas de hasta un mes de duración. "Al igual que como se hizo para el cólera, debería haber una campaña sobre este tema", agrega.
Los problemas de siempre
La experiencia en distintos países muestra que el HIV encuentra más cómodamente a sus huéspedes entre las poblaciones que sufren las mayores desigualdades.
"Sólo pueden hacer un camino nutricional correcto quienes tienen acceso a la salud y a la información", subraya Graciela González, mientras relata su experiencia hospitalaria atendiendo enfermos de SIDA que llegan desnutridos y, a veces, demasiado tarde para un tratamiento. "Cuando asisten al hospital y se internan reciben contención y cuidado, pero una vez que se van de alta solamente reciben los medicamentos del Plan Nacional de SIDA. En estos casos -opina-, suponer que van a comprar suplementos nutricionales y a seguir una dieta adecuada, lamentablemente es ilusorio".
La asociación observada entre el uso de los inhibidores de la proteasa y la aparición de desórdenes metabólicos ha impulsado la búsqueda de nuevos tratamientos. Pero, mientras tanto, los especialistas recomiendan controlar periódicamente los niveles sanguíneos de colesterol, triglicéridos y glucosa de los pacientes que se traten con IP, como así también disminuir los factores de riesgo de enfermedad coronaria mediante una dieta adecuada, el abandono del cigarrillo y la práctica regular de algún ejercicio físico. Asimismo, y considerando la ecuación riesgo-beneficio, los expertos coinciden en que no debe suspenderse esa medicación antiviral aunque dichos desórdenes metabólicos ocurran.
Cuidados para la seguridad alimentaria
Las bacterias, virus u hongos pueden ingresar en el organismo a través de los alimentos. Para evitarlo, debe seguir las siguientes recomendaciones.
Alimentos
- Consumir la leche preferiblemente esterilizada o pasteurizada. En el caso de utilizar leche en polvo, agregar agua hervida y enfriada.
- Los huevos y carnes deben ingerirse totalmente cocidos.
- Evitar o prohibir los fiambres y embutidos.
Temperaturas
- Descongelar las carnes directamente en el horno (microondas o convencional).
- Mantener las comidas cocidas calientes sobre los 80ºC. No dejar nunca alimentos cocidos por más de 2 horas a temperaturas de entre 30 y 70ºC. Si no se los consume durante este período, deberá enfriárselos para evitar la contaminación.
- Mantener los alimentos fríos hasta consumirlos, no romper la cadena de frío. Cuando realice las compras de esos productos, hágalo justo antes de ir a la caja; utilice recipientes adecuados para el traslado, luego conserve en heladera o freezer a la temperatura correspondiente.




