Se trata de dejarse “fluir” con la realidad en comunión con ella, de mirar el mar y de habitar el silencio.
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Seguro que lo vieron a Cristian Castro, el nuevo gurú del ocio. Para los que estaban demasiado ocupados como para escuchar al cantante y ahora militante del “hacer nada”, les contamos que ya hace un tiempo, en un reportaje con Daniel Gebel, el mexicano se dedicó a contar que se dedica a “hacer nada” en momentos de su vida. Ante esta afirmación, Gebel le pidió precisiones, y la respuesta no fue muy nítida: “Hago nada, me dedico a hacer nada, miro este punto que hay acá…”.
La cuestión no avanzó demasiado a partir de eso, sobre todo porque Castro no hizo nada para sumar detalles a su afirmación, honrando la filosofía “nadista” en la que se embarcó en ese momento. La cuestión tuvo repercusiones, muchas de ellas hilarantes, y, si bien al escuchar lo que Cristian decía no se sabía si estaba hablando en serio o en broma. En los hechos el hombre “dejó picando” un tema que fue abordado desde siempre por los contemplativos, el budismo zen, los meditadores y filósofos de alcurnia, que se debatían entre “el ser y la nada” en medio de complejidades a las que Castro ni por asomo querría entrar.
Digamos todo: la evocación de las palabras de Cristian Castro no es inocente. Se trata de traer el tema en la temporada de vacaciones, esa en la que muchos dejan sus ocupaciones para hacer otras, muy distintas, como el ir a la playa, hacer caminatas en el sur, refrescarse en la pelopincho o regocijarse en las serranías.
El furor vacacional, para los que tienen la fortuna de poderlo experimentar, es directamente proporcional al tipo de vínculo que se tiene con el trabajo y las “obligaciones” que la vida depara. No podemos negar que la palabra “presión” es parte de la cotidianidad de muchos, incluidos los chicos que, tras el doble turno van a taekwondo, cerámica o profesora particular, entre otras innumerables actividades extracurriculares.

Se habla de desconexión, descanso, diversión, socialización, aventura. Quizás no tanto de “hacer nada”, aunque esa imagen aparece durante el año en la mente de muchos como reacción ante las presiones antes enunciadas. La deuda con los famosos “to do” desgasta las almas y los cuerpos, y es así que las vacaciones son la Tierra Prometida que permite que no todo sea tan duro.
El problema es que si quisiéramos “hacer nada” igual sería un hacer. En tal sentido, si se toma literalmente la propuesta de nuestro gurú mexicano, igualmente tendríamos problemas para alcanzar su práctica.
Se habla en tal sentido del estado meditativo, de “fluir” con la realidad en comunión con ella, de mirar el mar, de habitar el silencio. Sin embargo, aquellos que en medio del ajetreo vacacional quisieran deliberadamente cumplir con la presión “nadista” (porque puede ser una presión, por supuesto) se sumergirán en una paradoja de aquellas, ya que es como aquel chiste que, en diferentes versiones, circulaba en nuestra infancia cuando íbamos en auto: “no hay que pensar en un elefante cuando pasemos bajo el puente”, lo que, de inmediato, convocaba a que las mentes distraídas trajeran la imagen del paquidermo.
Es verdad que las vacaciones “industrializadas”, generan cierto estrés. Es imperativo pasarla bien para amortizar la inversión y cumplir con lo anhelado. Es un clásico decir que los primeros días de vacaciones suelen ser algo tormentosos, hasta tanto se encuentre el ritmo.
Vaciar la mente
La solución no pasa por llevar adelante esa nada propuesta por Castro, sino por ir viendo cada día qué se quiere hacer, incluyendo en el menú el vaciar la mente cuando eso surja.
Es costumbre que, cuando uno se queda mirando un punto con la mente en blanco no falta quien venga y pregunte: ”¿Te pasa algo?” o “¿Qué estás pensando?” arruinando así las cosas. No es fácil el silencio, el vacío, el mirar el punto sin intención ulterior.
La paradoja, insistimos, es la militancia en la nada, porque ya significa “algo”. Pero si en una playa tranquila pinta siesta, mirada profunda al mar, o escuchar la cadencia de las olas; o si en la pelopincho de pronto se siente el agua y se observan los reflejos del sol en la misma, sería lindo validar ese estado, respetarlo y que se lo respete.
No sabemos qué hace Cristian Castro en las vacaciones. ¿Vivirá de vacaciones? Vaya uno a saber. Por acá, sin embargo, le agradecemos su apología al hacer nada, no tanto por el contenido de sus dichos, sino por la oportunidad de introducir en territorios diferentes un tema que, bien llevado, permite abrevar en las fuentes, esas que nos quedan lejos cuando el año se hace duro, presionante y a veces cruel. Es que lo curioso del asunto es que en sintonía con esa nada o vacío, nos podemos recordar como habitantes del Todo, recuperando esa dimensión que siempre está, pero olvidamos en el fragor de las batallas.
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