
MADRID.- En estos días se expone en el Museo del Prado la muestra temporal El proceso creativo de los Caprichos , que no sólo plantea una aproximación al modo en que el genial Francisco José de Goya y Lucientes concibió parte de su obra. Constituye, además, una excusa para volver a pensar por qué la producción del pintor zaragozano ocurre después de que -en 1792- Goya se ve afectado por una grave enfermedad.
Muchos autores han hablado de la existencia de alguna patología mental, lo que refuerza la vieja idea de la creatividad y la genialidad asociadas a la locura; otros sostienen que Goya sufrió una enfermedad profesional, derivada de intoxicaciones causadas por el plomo contenido en las pinturas con las que trabajó.
El pintor enfermo
Lo cierto es que desde la sífilis hasta la depresión endógena como causa del cambio, en la mayor parte de las teorías es una enfermedad la que marca la división entre la producción anterior y posterior de Goya.
Otros enfoques restan importancia a lo patológico y consideran la enfermedad sólo como crisis vivencial , que no constituyó el motor generador del talento.
Hay consenso en un punto: la enfermedad que afectó al pintor en 1792 o 1793 y lo dejó sordo por el resto de sus días habría sido la sífilis. En Goya, Saturno y melancolía, Folke Nordström cita diversos autores que coinciden en que la enfermedad alcanzó un estadio en el que puede asociarse con "la sordera permanente".
De aquí parten aquellos que sostienen que la sífilis constituye el puntapié inicial de la segunda etapa de Goya, que entonces "comenzó a dibujar intensamente", produjo los Caprichos y, más tarde, las Pinturas Negras. La melancolía, que tanto aparece en los textos que describen al pintor y sus obras, así como la existencia de "una afección cerebral como consecuencia de una infección sifilítica" son algunas de las afirmaciones que ubican a esta enfermedad de transmisión sexual como generadora del cambio.
Si bien los trastornos psiquiátricos pueden asociarse a estadios avanzados de esta patología, otros autores han afirmado que Goya podría haber sido un paciente esquizofrénico. Esquizofrenia significa escisión , perturbaciones en el contacto con el mundo, delirio, alucinaciones monstruosas o terroríficas. "El sueño de la razón produce monstruos", es la frase que puede leerse al pie del Capricho número 43, donde un hombre dormido sobre un escritorio (se cree que es el propio artista) aparece rodeado de monstruos.
Venenos de pincel
Hay, por otra parte, un fuerte tendencia que diagnostica en el pintor de Saturno devorando a su hijo una encefalopatía saturnina , lesión del sistema nervioso central provocada -según cuenta el doctor Roberto Pelta en El veneno en la historia - por "costumbres cotidianas como sujetar el pincel entre los dientes, ingerir alimentos sin haber efectuado una limpieza previa de las manos tras la permanencia prolongada en su estudio (...) o la manipulación de polvos metálicos para elaborar las pinturas". El autor cita al psiquiatra estadounidense William Niederland, que afirma que "los síntomas corresponden a los de una encefalopatía causada por una gran cantidad de plomo en la sangre".
Y se sostiene que la intoxicación con pinturas ocurrió porque "Goya utilizaba más que ningún otro artista de su época pintura blanca, compuesta de carbonato de plomo, y absorbía grandes cantidades, ya que era capaz de trabajar durante largos períodos de tiempo e incluso terminar un retrato el mismo día que lo había empezado".
Goya, el único
El prestigioso psiquiatra español Antonio Vallejo-Nágera se atrevió a desafiar estas teorías en su libro Locos egregios .
Para este autor, "la enfermedad no es significativa en la evolución de Goya como proceso patológico".
Y disiente con los conceptos anteriores :"Una esquizofrenia lo suficientemente grave como para producir tan clara modificación en el modo de pintar habría alterado la personalidad toda del pintor, lo que no acontece en el caso de Goya". Además -explica-, "la esquizofrenia produce fijaciones, estereotipias; no originalidad e innovación creadora".
Sobre las interpretaciones de Niederland, Vallejo-Nájera no concuerda por dos motivos: resalta la ausencia en Goya de síntomas claves en la encefalopatía saturnina (convulsiones, excitación, delirio) y, además, afirma que "si el material empleado por Goya era tan tóxico, ¿cómo no se envenenó más intensamente el encargado de su molienda?".
El pintor murió en abril de 1828. Aunque la polémica persista, es probable que todos acuerden en resaltar -observando la coincidencia de que Beethoven falleció unos meses antes- que el pintor de las Majas fue "el otro gran sordo con quien está en deuda la humanidad".
Al filo de la muerte
En 1810, Goya estuvo a punto de morir. Sus problemas de salud se acentuaron y el pintor recurrió entonces al médico Eugenio García Arrieta. Cuando pudo sentirse mejor , realizó una de sus obras más dramáticas, Goya atendido por Arrieta . Al pie del cuadro escribió: "Goya agradecido, a su amigo Arrieta: por el acierto y esmero con que le salvó la vida en su aguda y peligrosa enfermedad, padecida a fines del año 1810, a los 73 años de edad".



