
Por Carlos C. Abad
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La evolución del pensamiento científico nos lleva a enfrentar un nuevo concepto de lo que es el estado de salud.
Si bien la salud es un estado biopsicosocial -y espiritual- los nuevos paradigmas están vinculados con un genuino estar bien, que puede lograrse mediante un equilibrio estable y general en la relación mente-alma-cuerpo.
Porque la salud ya no se refiere solamente a la ausencia de patologías, sino que también consiste en alcanzar un estado de plenitud.
En medio de los claroscuros que nos plantea un nuevo siglo, igualmente estamos frente a un dato objetivo como es la certeza de que la vida se está prolongando.
En Escandinavia, las expectativas de vida se extienden más allá de los 90 años.
En los obituarios de The New York Times se puede observar regularmente que las edades superan con holgura los 90 y en muchos casos los 100. La Argentina, por su parte, ya está en los 74 años.
Aunque otros países han tenido un descenso en la expectativa de vida de su población. Un ejemplo puede ser Rusia, cuya expectativa era de 73 años, pero descendió hasta alcanzar los 57, igualándose con la India y Pakistán.
Es cierto que uno de los desafíos del hombre es prolongar la vida. Pero también es un desafío y un interrogante cómo llenar esa vida y con qué calidad.
Es este concepto -nuevo, fresco, tonificante- que nos lleva a pensar que si bien a la salud hay que continuar enfocándola como un tema de los enfermos,también es conveniente abordarla desde el mundo de los sanos.
Estamos en el tránsito de este nuevo cambio cultural, desde donde la gente reclama cada día nuevas formas terapéuticas y modelos asistenciales cuyos objetivos son mejorar la calidad de vida.
En el plano científico ya quedó demostrado que los hábitos alimentarios, la estructura espiritual y cultural y la forma de vivir están estrechamente reflejados en un óptimo estado de salud. Como dato ilustrativo vale un ejemplo: en los Estados Unidos la población que más ha crecido últimamente es la mayor de 85 años. Las personas que hicieron los tres niveles educativos (primario, secundario y universitario), un posgrado y mantuvieron una actitud de capacitación continua, tuvieron una gran satisfacción por esta cuota de conocimiento: más años de vida.
Por el contrario, las personas con menor nivel de educación y deficiente nivel cultural tienen menor expectativa de vida. Por eso hay un resurgimiento para modificar los hábitos cotidianos, inaugurando un espacio para las actividades físicas y el rediseño de los conceptos alimentarios.
En la década del 60, el desafío fue luchar contra el tabaco y en la del 90 fue pelear contra el SIDA. La meta del 2000 quizá sea combatir el sedentarismo. Un desafío que apunta a lograr una vida con actividad física, con caminatas, con un tiempo dedicado al cuerpo.
Esta doctrina permitió lograr cambios extraordinarios en enfermos y en sanos. Enfermedades como la depresión, el stress, la diabetes, los problemas cardiovasculares, alcanzaron importantes mejoras cuando la persona se movió.
Tampoco debemos olvidarnos que la vida moderna nos demanda a todos una aptitud física cada vez mayor. Ya no sólo es el paradigma de John Glenn (un octogenario que viaja al espacio), sino que las exigencias cotidianas nos ponen ante la obligación de contar con una óptima calidad de salud que nos permita enfrentar las cada vez mayores exigencias de la competencia social.
Estoy convencido de que estamos ante una nueva forma de entender la salud que ya no va a ser solamente no estar enfermo, sino estar muy sano para poder aprovechar todas las oportunidades.
En este sentido, la informática y los medios masivos abren un capítulo nuevo en materia de conocimiento de prevención y tratamiento de enfermedades, pero también de nuevos recursos farmacológicos o sobre la identificación de las mejores propiedades de los alimentos.
Todo eso nos permitirá permanecer en un estado de bienestar que no se circunscribe sólo a un hedonismo malentendido o a una exigencia más como puede ser luchar contra la silueta.
Un buen estado de salud favorecerá considerablemente a potenciar los mejores atributos del ser humano.





