El tratamiento del dolor puede fracasar si la persona que lo recibe cree que no obtendrá mejora alguna, revela un estudio
1 minuto de lectura'
Los preconceptos y las creencias del paciente previos a la iniciación de un tratamiento constituyen uno de los más poderosos predictores de su resultado. Este concepto, nacido del campo de la psicología cognitiva, fue el estímulo inicial de un equipo de científicos de la Universidad de Maastricht, en los Países Bajos, que se dispuso a comprobar su veracidad en el resbaladizo territorio médico del control del dolor.
Coordinados por Marielle Goossens, los investigadores estudiaron a 171 personas de 42 años de edad como promedio, que sufrían lumbalgia o fibromialgia (una condición caracterizada por el dolor generalizado de los músculos) desde hacía al menos diez años. Los pacientes fueron convocados para realizar un tratamiento analgésico cognitivo-conductual, basado en el aprendizaje de técnicas y procedimientos tendientes a controlar la percepción de dolor.
Divididos en tres grupos, el primero recibió un programa que incluía técnicas de relajación, visualizaciones y diversas destrezas analgésicas. El segundo participó de un plan educativo de ejercicios, con la inclusión gradual de movimientos limitados por el dolor, mientras que el tercero no inició tratamiento alguno, aunque participó de las evaluaciones tendientes a detectar el nivel de dolor, la movilidad y la calidad de vida afectada por la condición.
Todos los participantes del estudio debieron responder cuestionarios acerca de sus expectativas con respecto al tratamiento.
En la mayoría de los casos éstas fueron moderadas, hecho que sugiere que los pacientes que sufren dolor crónico suelen depositar escasa fe en la posibilidad de reducir el peso de su padecer, ya que arrastran una historia de fracasos debidos a experiencias analgésicas poco efectivas.
"Cuanto más esperanzado está el paciente, mayores son las expectativas positivas sobre el resultado, aunque esto puede cambiar rápidamente después de haber experimentado apenas una muestra del tratamiento", dijeron los autores del estudio. Sin embargo, la investigación comprobó que las expectativas previas a la iniciación del tratamiento fueron las que definitivamente definieron el éxito o fracaso del mismo.
¿Cómo se explica tanta fidelidad a la posición inicial?
Como director médico de la Clínica de Diagnóstico y Tratamiento del Dolor de la Fundación Favaloro, el doctor Gustavo Blanco admite el poder de las creencias, pero da un paso más y resalta las complejidades de "la psiquis del individuo, que puede condicionar no sólo la aparición del dolor, sino la perpetuación del mismo".
Y el psiquismo no es, justamente, racional y unívoco: puede combinar fuerzas opuestas y muchas veces incomprensibles desde el sentido común.
"Así como el deseo de mejorar garantiza esa posibilidad, el deseo o la necesidad consciente o inconsciente de permanecer con el dolor impedirán todo tipo de mejora", dice Blanco, y confirma: "Si la idea es no mejorar, no habrá grandes posibilidades de lograrlo a menos que se consiga un cambio profundo".
Fuerzas ocultas
Las fuerzas ocultas que atraviesan el dolor se manifiestan en innumerables situaciones. Acostumbrado a lidiar con los altibajos del mapa hormonal femenino, el doctor Carlos Gresta, médico obstetra a cargo del Consultorio de Patología Cervical del hospital Pirovano, ejemplifica: "El parto es una situación donde se conjugan de modo único grandes cargas de expectativa, factores culturales y creencias.
"En mi experiencia compruebo a diario que una mujer que cursa un embarazo deseado experimenta mucho menos dolor que una mujer cuya gestación no es deseada -agregó-; del mismo modo, las mujeres con el antecedente de una experiencia obstétrica traumática tienen mayor propensión a sufrir dolor en el parto que aquellas con partos previos felices."
El dolor es un territorio subjetivo y particularmente complejo, atravesado por "múltiples factores, como las creencias del sujeto, sus experiencias previas (positivas y negativas) y su personalidad", comenta el doctor Gresta. Por eso su enfoque no puede menos que compartir estas dificultades.
"En situaciones de duelo, en las que el dolor es una forma de manifestar un conflicto, el tratamiento convencional no suele alcanzar el resultado deseado", agrega el doctor Blanco y postula la necesidad establecer un enfoque multidisciplinario para el tratamiento del dolor, que incluye la participación de psicólogos que intervienen para encarar el tratamiento más adecuado con el fin de resolver los "conflictos acompañantes".
El doctor Gresta, por su parte, rescata el papel del médico como una de las claves en la terapia del dolor.
"Si tiene una actitud positiva, aumentará la efectividad de la estrategia terapéutica -afirma-; además, tiene que tener presente que muchas veces el dolor es una forma de pedir atención y contención, por eso una palabra afectuosa y una mano tendida suelen lograr más que el mejor analgésico."





