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NUEVA YORK (The New York Times).– Por generaciones, los padres han advertido a sus hijos respecto de que nunca traguen los chicles, por miedo a que permaneciera sin digerir por días, semanas o incluso años.
Esto es, en gran medida, un mito. Un chicle tragado habitualmente pasa a través del tracto digestivo sin causar daño y es eliminado tan rápido como cualquier otro alimento.
Infrecuentemente pueden ocurrir complicaciones. La literatura médica contiene muchos casos reportados de personas, en su mayoría chicos pequeños, que desarrollaron obstrucciones intestinales porque tenían el mal hábito de tragar sus chicles.
Un estudio de 1998 publicado en la revista Pediatrics, por ejemplo, describe los casos de tres niños que llegaron a una clínica con dolor intestinal, constipación y otros síntomas, y a los que se les hallaron pequeñas masas de chicle en sus intestinos. Uno de ellos era una chico de 4 años que siempre tragada el chicle después de masticar entre 5 y 7 unidades cada día.
Otros tres estudios, incluido uno publicado en la revista The American Journal of Diseases of Children, describen casos similares. En la mayoría de ellos, los pacientes no tenían mayores problemas luego de la remoción de la causa de obstrucción.
El fenómeno es raro, coinciden los estudios. Pero puede también servir como cuento precautorio para los padres de chicos pequeños, particularmente para aquellos con un fuerte cariño por los chicles.
Conclusión: los chicles se digieren habitualmente sin causar daño, aunque pueden ocurrir complicaciones.





