
Aunque durante mucho tiempo se les prohibía hacer actividad física, hoy ésta se considera una pieza fundamental de su prevención y tratamiento
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Como sucede con tantos otros aspectos de la fisiología del organismo, la presión arterial no es igual en los niños y adolescentes que en las personas adultas. Tampoco es sencillo determinar los valores de presión "normales" en sus cuerpos en permanente crecimiento y desarrollo, y cuándo un chico padece hipertensión.
Ya en los adultos son arbitrarios los valores de 140 milímetros de mercurio (mmHg) y 90 mmHg para la presión sistólica y diastólica, respectivamente, pasados los cuales se habla de hipertensión. Han sido obtenidos por estadísticas de las compañías de seguros en base a la presión de las personas que sufrían infarto cerebral.
Para los niños y adolescentes hay tablas de perccentilos, matrices complejas que permiten conocer la frecuencia con que aparecen determinados valores de presión en relación con la edad, la talla y el sexo del chico en crecimiento. De acuerdo con esas tablas, se consideran hipertensos a aquellos cuya presión se encuentra por encima del percentilo 95, es decir: a aquellos que tienen un valor de presión arterial que supera al del 95% de los chicos de su edad, sexo y talla.
El número es también arbitrario, ya que aún no existen seguimientos que indiquen a partir de qué valores los chicos tendrán alto riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular (ACV) a los 40 años, por ejemplo. En base a ese número, la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA) estima que entre un 3 y un 4% de los chicos niños y jóvenes –varones, principalmente– padecen hipertensión en la Argentina, país que dicho sea de paso cuenta con uno de los niveles de prevalencia de hipertensión más altos de toda América en la población adulta: el 28 por ciento.
Ejercicio sí
Uno de los problemas que durante mucho tiempo han tenido que afrontar los niños y jóvenes hipertensos ha sido la recomendación de no hacer ejercicios ni esfuerzos físicos, ya que estas circunstancias aumentan la presión sanguínea en cualquier persona.
Pero ahora los especialistas opinan lo contrario, tal como lo confirmaron en el último Congreso Argentino de Hipertensión Arterial, realizado en Buenos Aires entre el 17 y el 19 de abril pasados. "Muchos piensan que es un riesgo que el chicos esté jugando al fútbol y la presión le suba a 180 o a 200 [mmHg] y entonces se lo prohíben, pero en realidad no es una contraindicación, sino que es parte del tratamiento hacer actividad física", remarcó la doctora Rosa Simsolo, médica especialista del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, donde funciona hace más de 20 años el consultorio de Hipertensión Arterial.
La única contraindicación –temporaria– para el ejercicio físico sería un grado de hipertensión muy severa no controlada, puntualizó, "pero en general lo que se ve cotidianamente son chicos con aumentos leves de la presión, en los que el tratamiento es actividad física, que además los va a hacer bajar de peso", de modo que reduciría a la vez otro de los principales factores de riesgo conocidos.
Pero sucede que, aunque las evidencias clínicas lo han demostrado hace tiempo, es frecuente que lleguen chicos al consultorio a los que, al preguntárseles si realizan actividad física, contestan que no, justamente, porque se los tienen prohibido, "a veces los padres, pero sobre todo el médico", relata la médica.
"En pediatría tenemos una oportunidad única –cree Simsolo en referencia a los cambios de hábitos hacia pautas más saludables de dieta y actividad física–, porque como los padres se preocupan por la salud de sus hijos muchas veces más que de la propia, si se les indica que tienen que comer más sano y lo hacen, disminuyen factores de riesgo todos los miembros de la familia".
Riesgo sin síntomas, síntomas sin riesgo
De la misma manera que sucede con los adultos, la mayoría de los chicos hipertensos (y sus padres) no saben que lo son y, por eso, la medida central a imponer es que en el consultorio se le tome la presión a todo el mundo, independientemente de su edad. Y que los padres hipertensos lleven siempre a controlar a sus hijos, porque los niños y adolescentes hipertensos son, en un 80%, hijos de hipertensos.
"Los antecedentes de hipertensión en la familia son, según se sabe hoy, el principal factor de riesgo; y como gatillo pueden actuar los mismos factores que en los adultos", con la obesidad, el sedentarismo y el exceso de colesterol a la cabeza, señala la especialista del Gutiérrez.
Los médicos llaman "hipertensión de guardapolvo blanco" a aquella que el niño experimenta sólo en el consultorio, cuando el médico está tomando la presión, y luego se normaliza. La forma estándar de proceder ante una sospecha de que se trate de esto amerita 24 horas de observación continua del paciente, midiendo la presión en diferentes circunstancias, para afinar el diagnóstico.
Pero aunque se ignora el grado de riesgo de estos chicos, también ellos son en su enorme mayoría hijos de hipertensos.
La "falsa hipertensión"
Existe un fenómeno relativamente frecuente en los adolescentes, y consiste en que a veces el impulso del latido cardíaco es impetuoso y llega amplificado, por fenómenos físicos, a los vasos periféricos –las arterias del brazo donde se mide la presión, por ejemplo–. Esta condición se llama hipertensión sistólica aislada, se manifiesta como un valor alto de la presión arterial "máxima" mientras que la mínima es normal, y algunos autores médicos lo han llamado "falsa hipertensión".
El problema es saber si los chicos con hipertensión sistólica aislada deben ser tratados o no, y en este sentido los criterios de los especialistas difieren un poco. "Lo que no tenemos son seguimientos a largo plazo con estos pacientes", explica el doctor Marcelo Orías, jefe del Servicio de Nefrología del Sanatorio Allende de Córdoba, quien fue el encargado de exponer este tema en el citado congreso.
"Hay quienes piensan que esta amplificación le va a hacer daño a las arterias en el tiempo, lo consideran hipertensión y por lo tanto los tratan; y otros que no, porque las presiones en el área del corazón son bajas y piensan que no habría daño en el sistema cardiovascular", resume Orías.
Pero, ¿qué significa "tratar", en estos casos? La aclaración se vuelve necesaria, ya que para algunos médicos darle al paciente pautas de dieta y ejercicio controlados ya significaría por sí un tratamiento, independientemente de que se utilicen o no fármacos, y otros consideran a los cambios de hábitos simplemente como una medida universal, mientras que decir "tratamiento" implica el paso hacia lo farmacológico. Y desde este punto de vista pueden ser partidarios de no adelantar la administración de medicamentos al "sistólico aislado", pero no dejan de recomendar la dupla: dieta y ejercicio.





