Cruzar un umbral puede reorganizar la memoria y provocar lapsos “blancos” momentáneos
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Se cruza una puerta con una idea clara en la mente. Un objeto, un encargo, una frase que estaba a punto de decirse. Pero al entrar en la habitación, todo se desvanece. La escena es tan habitual que suele atribuirse al cansancio o a la distracción.
Sin embargo, la psicología cognitiva ha demostrado que detrás de ese olvido cotidiano hay un mecanismo cerebral preciso. El fenómeno es conocido como ‘efecto umbral’ o ‘efecto de la puerta’.
Investigaciones desarrolladas por psicólogos de la Universidad de Notre Dame, en Estados Unidos, señalan que atravesar un límite físico, como pasar de una habitación a otra, puede alterar la forma en que la memoria procesa la información inmediata.
Cuando el cerebro cambia de capítulo
La explicación está vinculada a la memoria de trabajo, el sistema que permite retener datos de manera temporal mientras se realiza una tarea. Este tipo de memoria es limitada y, para funcionar con eficiencia, el cerebro organiza la experiencia en segmentos.

Según la teoría de la segmentación de eventos, la mente divide lo que ocurre en ‘modelos’ o unidades que ayudan a anticipar lo que viene después. En la práctica, esto significa que, al cambiar de entorno, el cerebro interpreta que una situación terminó y otra comenzó.
El cruce de una puerta actúa como una frontera simbólica entre un ‘antes’ y un ‘después’. Al actualizar ese modelo mental, la información asociada al espacio previo puede volverse menos accesible.
No desaparece, pero deja de estar en primer plano. Incluso regresar al lugar original no garantiza recuperar de inmediato la intención olvidada, porque el retorno implica la creación de un nuevo segmento mental que puede interferir con el anterior.
La evidencia científica del contexto
El interés por este fenómeno no es reciente. En la década de 1970, el psicólogo británico Alan Baddeley realizó experimentos con buceadores universitarios que debían memorizar palabras bajo el agua y en tierra firme.
Los resultados mostraron que recordaban mejor la información cuando el entorno de recuperación coincidía con el de aprendizaje, lo que evidenció la influencia del contexto en la memoria.
Décadas después, estudios con entornos virtuales confirmaron que el simple hecho de atravesar el umbral entre dos salas digitales reducía la capacidad de recordar objetos aprendidos momentos antes. El cambio de escenario, y no la distancia recorrida, era el factor determinante.
Investigaciones posteriores también señalaron que este efecto puede intensificarse cuando existe fatiga o multitarea, ya que la atención dividida reduce la capacidad de mantener activa cierta información.

Lejos de ser un signo de deterioro cognitivo, el efecto umbral es una respuesta habitual y saludable. Afecta tanto a jóvenes como a adultos mayores y refleja la manera en que el cerebro prioriza datos relevantes para el nuevo entorno.
Curiosamente, este mismo mecanismo puede favorecer el aprendizaje. Al separar experiencias por contextos, la mente evita la sobrecarga y organiza mejor los recuerdos. El olvido momentáneo no es un fallo estructural, sino una estrategia de adaptación.
Comprender este proceso permite asumir con mayor calma esos lapsos cotidianos. No se trata de que el cerebro ‘se reinicie’, sino de que reorganiza sus prioridades cada vez que cambia el escenario. En ese ajuste constante radica, precisamente, su eficiencia.
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