Según expertos de la Clínica Mayo
1 minuto de lectura'
ROCHESTER, Estados Unidos.– Entre las dietas más populares en estos días figuran las hiperproteicas: bajas en carbohidratos, pero con alto contenido de proteínas. Los investigadores han reportado que la restricción del consumo de carbohidratos da buenos resultados a corto plazo, lo que ha reavivado el debate en torno de estos programas de descenso de peso.
Las dietas que reducen el contenido de carbohidratos –como la dieta de Atkins, la dieta Zone o la South Beach– han ganado muchos adeptos a partir de esos estudios. Sin embargo, más allá de los libros y las campañas de marketing que promueven estas dietas, quienes estén pensando en adoptarlas deberían preguntarse: ¿son efectivas? Y si lo son, ¿también resultan seguras?
La teoría detrás de Atkins La dieta de Atkins, por ejemplo, limita la ingesta diaria de carbohidratos a 20 gramos. En contraste, el Instituto de Medicina de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos recomienda que los adultos consuman no menos de 130 gramos al día.
Esa popular dieta deja de lado los granos, las frutas, el pan, el arroz, la papa, las pastas y los vegetales. En su lugar, admite el consumo de generosas cantidades de carne vacuna, cerdo, pollo, huevo y manteca. El principal secreto que esconden estas dietas es que los carbohidratos promueven la producción de insulina, lo que lleva al aumento de peso. Así, al reducir su consumo se puede quemar con mayor facilidad los carbohidratos almacenados en el cuerpo en forma de glicógeno.
Y cuando el cuerpo quema glicógeno, libera agua, lo que permite el descenso de peso. Al mismo tiempo, el cuerpo empieza también a quemar grasa. Finalmente, si la ingesta total de calorías en una dieta baja en carbohidratos es lo suficientemente baja, el cuerpo comienza a quemar masa muscular, lo que también se traduce en pérdida de peso.
A favor
Muchas personas, en especial los amantes de la carne vacuna, gustan de las dietas con un reducido contenido de carbohidratos, al menos por un tiempo. Dicen que al comer estas dietas hiperproteicas ven reducido su apetito.
Un estudio publicado, en mayo de 2003, en la revista The New England Journal of Medicine comparó la dieta de Atkins con una dieta reducida en grasas y calorías. Los investigadores observaron que ambas dietas permitían el descenso de peso. Pero el estudio también reveló que aquellas personas que seguían la dieta de Atkins:
1. Perdían más peso, más rápido. Esta diferencia se producía en los primeros seis meses. Pero al año, las diferencias entre quienes siguieron la dieta de Atkins y los que adoptaron una dieta baja en grasas y calorías no eran estadísticamente significativas.
2. Mejoraron sus niveles de colesterol bueno (HDL, por sus siglas en inglés) y de triglicéridos. Estos resultados sorprendieron a sus oponentes, que afirmaban que una dieta con alto contenido graso afectaría negativamente el perfil lipídico.
En contra
Los mismos investigadores encontraron no sólo que, un año después, no había diferencia significativa en cuanto a pérdida de peso entre quienes siguieron la dieta de Atkins y quienes adoptaron una clásica dieta hipocalórica. Es más, la adherencia a las dietas hiperproteicas no resultó más fácil que las dietas habituales.
Quienes siguieron la dieta de Atkins tuvieron una tasa de abandono similar a la del grupo que adoptó la dieta baja en grasas. Si los participantes no obtenían los resultados que esperaban -pérdida de peso temprana-, abandonaban, lo que sugiere que, al igual que el resto de las dietas, la de Atkins también es difícil de mantener a largo plazo.
Y aunque uno inicialmente esté a gusto con los alimentos que integran las dietas hiperproteicas, las posibilidades de elegir qué comer siguen siendo limitadas y las opciones se vuelven menos tentadoras con el paso del tiempo. Por otro lado, los críticos de Atkins plantean que su uso prolongado puede disminuir riesgosamente las reservas de minerales del organismo, lo que puede volver porosos los huesos.
Los riesgos a largo plazo de estos programas alimentarios todavía no han sido determinados, y existe cierto grado de preocupación en la comunidad médica sobre la salud cardiovascular. Se sabe que los alimentos que integran las dietas baja en carbohidratos (como las carnes y la manteca, que tienen alto contenido de grasas saturadas) incrementan el riesgo de enfermedad cardíaca y de ciertos tipos de cáncer.
Además, los alimentos excluidos o restringidos por estas dietas -los cereales, los vegetales y las frutas- contienen vitaminas, minerales y nutrientes que ayudan a reducir el riesgo de diabetes, enfermedad cardíaca y cáncer.
Un recurso a corto plazo
En definitiva, ¿estas dietas funcionan? Las dietas hiperproteicas son eficaces en el corto plazo. Pero los resultados en términos de reducción de peso no son significativamente diferentes de los de otras dietas en el largo plazo. ¿Son seguras? Es imposible de determinar porque es muy poco lo que se sabe sobre sus efectos a largo plazo sobre la salud cardiovascular o sobre el riesgo de cáncer.
Un último consejo: tenga cuidado de las dietas que prometen resultados rápidos o que suenan demasiado buenos como para ser ciertos. Lo ideal es adoptar un programa alimentario a largo plazo, y aunque las recomendaciones tradicionales -como incluir una buena cuota de vegetales, frutas y granos en la dieta, o mantenerse físicamente activo- tardan en dar resultados, constituyen el camino más seguro para mejorar la pérdida de der peso y mejorar la salud.
Esta nota fue elaborada por especialistas en nutrición de la Clínica Mayo en Rochester, Estados Unidos ( www.mayoclinic.com ).





