
Nacido en un barrio porteño, hoy es un fenómeno global que desafía la lógica de los deportes tradicionales
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Su nombre deriva del golpe con la palma abierta, y desde su creación en el barrio de Mataderos, ha cobrado un impulso inusual tanto en el país como en el exterior, rompiendo los moldes de los deportes tradicionales.
Ahora bien: ¿Qué es el cacheball? “Se juega a pegarle a una pelota liviana con la palma de la mano; de ahí el nombre cache, por la acción de la cachetada, y ball por balón”, resumen Luciano Silva, profesor de educación física y uno de los encargados de difundir el cacheball y los deportes alternativos por el interior del país.
“El cacheball nació de una idea colectiva de alumnos de una escuela del barrio Pirelli, en Mataderos. Lo inventaron ellos. Luego, los chicos mismos fueron a presentar el juego a la Comisión de Deportes Alternativos de Argentina (Codasports), que enseguida lo toma, lo organiza y le agrega condimentos que lo hacen especial”, rememora por su parte Esteban Llull, profesor de educación física, presidente de la Asociación Profesional de Educación Física de Mar del Plata (APEF) y miembro activo de la organización Codasports.
El despegue oficial ocurrió alrededor de 2007, cuando el profesor Leonardo Erezuma presentó la propuesta en el primer Congreso Argentino de Juegos y Deportes Alternativos en el Cenard. A partir de entonces, el cacheball se transformó en un deporte reglamentado con normas específicas.
Lo que vuelve al cacheball una disciplina especial es su reglamento, diseñado para fomentar la camaradería. Sin dudas, una de sus normas más sorprendentes es la regla tehuelche, inspirada en los pueblos originarios que, según explican los especialistas, celebraban tanto el gol propio como el contrario. “Esta regla indica que cuando un equipo convierte un gol, todos y todas deben festejar esa conquista. Si algún integrante del equipo al que le convirtieron el gol no festeja, ese tanto pasa a valer dos puntos. En cambio, cuando todos festejan, el gol pasa a valer un punto. Aquí hay que estar muy atentos a todos los integrantes del equipo que recibe el gol y a sus reacciones”, explica Silva.
Una pequeña regla que, inesperadamente, transforma el clima de la cancha. “Es muy común ver en cada gol la celebración de los dos equipos en simultáneo, incluso abrazados entre todos”, agrega Llull.

El que busca, saca
Pero esto no termina acá. La regla tehuelche se complementa con la regla busca-saca, que aporta agilidad y diversión al juego. Cuando la pelota sale de los límites laterales o de fondo, la posesión no pertenece a nadie: el primer equipo que logre tomar el balón reanuda el juego. “Indefectiblemente, todos quieren alcanzar la pelota, aun fuera de la cancha, lo que hace que la lucha por la posesión continúe”, comenta Silva.
El juego se disputa oficialmente en canchas de 40x20 metros con metas de 2x3 metros (dimensiones similares al handball y futsal). Sin embargo, su flexibilidad permite que se juegue en otras superficies. También se puede utilizar cancha de baloncesto con 5 jugadores por equipo) y de voleibol (18x9, con 4 jugadores por equipo).
La dinámica del juego es simple pero exigente: una vez iniciado, el jugador debe golpear la pelota con la palma abierta. No se permite el dominio, ni el drible –la acción de botar el balón contra el suelo mientras el jugador se desplaza–, ni el uso de los pies. “Cada jugador puede darle un solo golpe a la pelota, y solo se puede participar nuevamente del juego cuando algún otro deportista le haya pegado. Esto lo convierte en un juego muy dinámico e impredecible. Además, baja los requerimientos técnicos y atléticos para practicarlo, haciéndolo sumamente inclusivo”, sigue Llull.
Así, el cacheball democratiza el acceso al movimiento. “Como profesor, considero los deportes alternativos como una respuesta social a la pirámide elitista de las disciplinas tradicionales, que excluyen a quienes técnicamente no son aptos para la élite. Al contrario, democratizan y favorecen el acceso y ofrecen variadas respuestas a los gustos personales. Los entiendo como el eslabón perdido entre el juego libre y el deporte competitivo”, reflexiona Llull.
Esta característica de golpe único permite que niños, niñas, adolescentes, mujeres y hombres compartan el campo bajo las mismas reglas, convirtiéndose en una herramienta pedagógica de gran valor para la escuela primaria y secundaria.
Desde el punto de vista de la salud, Ulises Godoy, especialista en cardiología, señala que entre sus beneficios físicos se destaca el aumento de la capacidad cardiovascular, la mejora del equilibrio y un desarrollo muscular integral, especialmente en el tren superior y core. Además, al ser un deporte de equipo, fomenta la coordinación intermuscular, la toma de decisiones rápidas y el trabajo conjunto.
“Es fundamental considerar estudios médicos previos, ya que el cacheball es un deporte de alto rendimiento. Se recomienda un electrocardiograma, ecocardiograma y una prueba de esfuerzo, junto con análisis clínicos de laboratorio. Estos estudios permiten identificar posibles arritmias, alteraciones estructurales o riesgos cardiovasculares, asegurando una práctica segura”, precisa Godoy.

Los cuidados previos al cacheball incluyen un chequeo con un médico deportivo, asegurando la ausencia de factores de riesgo. Es importante iniciar con sesiones progresivas, respetando tiempos de descanso y una hidratación adecuada. Además, se sugiere el uso de calzado apropiado y la realización de ejercicios de calentamiento y estiramiento para prevenir lesiones.
“Su práctica regular reduce la presión arterial, mejora la resistencia aeróbica y aumenta la densidad ósea. Con una adecuada supervisión médica y un entrenamiento progresivo, el cacheball se convierte en una excelente opción para mejorar la salud cardiovascular y la condición física”, concluye el especialista.
Por lo pronto, el desarrollo del cacheball se nutre de los Encuentros Nacionales de Deportes Alternativos (ENDA). “En estos espacios es donde se presentan deportes de pueblos originarios y otros alternativos; todos terminan jugando, pero lo más importante es el conocimiento y aprendizaje de nuevas opciones para las comunidades”, cuenta Silva.
Así las cosas, actualmente el cacheball se practica en las 24 provincias y ha cruzado fronteras a Chile, México, Paraguay, España, Brasil, Colombia, India, Turquía, Bielorrusia, Polonia, Bolivia y Uruguay. La Asociación Argentina de Cacheball certifica las ciudades y coordina las competencias. Su próximo objetivo es celebrar el primer mundial en 2027 con la participación de 16 países.


