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La sala de espera quedó como si hubiera pasado un tifón. Desparramadas por el piso todas las revistas a medio romper, los juguetes cabeza abajo.
Vicentito era un niño hiperactivo. Apenas entró en el consultorio trató de acercar una silla para mirar por la ventana... ¡menos mal que el consultorio está en la planta baja!
La madre comenzó su relato: Vicentito tenía 5 años, era el segundo de tres hermanos. El embarazo y el parto habían sido normales. Había comenzado el jardín hacía pocas semanas, al principio sin problemas, pero luego la maestra empezó a quejarse por el comportamiento y la incesante movilidad. Tanta actividad le impedía cumplir con las mínimas destrezas exigidas en el jardín y molestaba a los demás compañeros.
Miré de reojo. A esta altura de la charla, Vicente estaba parado sobre la balanza tratando de alcanzar las pesas.
Pregunté sobre la alimentación: ¿desayunaba antes de ir a la escuela?, ¿qué comía en el jardín?, ¿y por la tarde?
Vicentito desayunaba una leche chocolatada a la que le agregaba dos cucharadas de azúcar. A media mañana le daban un jugo y un alfajor en el jardín. Almorzaba con la abuela comidas tradicionales, como carne con papas o arroz, y tomaba una gaseosa. Luego lo llevaban al parque para conseguir que se cansase y durmiera una siesta. Si dormía, como premio pasaban por el quiosco para comprar golosinas. La cena consistía en sopas y pastas o sándwiches.
En su dieta predominaban hidratos de carbono simples y refinados: azúcar en las bebidas y caramelos, harinas en los alfajores, papas, arroz y pan. Estos hidratos simples, de absorción rápida, producen en algunas personas sensibles un desequilibrio en la regulación de la insulina provocando descenso del nivel de azúcar en la sangre (hipoglucemia), que se refleja en la irritabilidad de las neuronas cerebrales. Debido a esto no se consigue una respuesta adecuada ni a los castigos ni a los premios.
El tratamiento implica una corrección nutricional más que medicamentos tranquilizantes, que no atacan el origen metabólico del problema. La incorporación de cereales, harinas y azúcar integrales que se absorben lentamente debido a las fibras que poseen -acompañado muchas veces por un apoyo psicopedagógico o medicaciones suaves como la homeopatía y las terapias florales- pueden conseguir una rápida recuperación de los síntomas.
Es muy importante tratar a Vicentito, ya que las alteraciones cerebrales que en un principio son fisiológicas pueden transformarse en orgánicas y permanecer para toda la vida.
Médica naturista





