
Confesó bajo el dolor de la picana, pero igual sigue detenido
Guillermo Aguirre fue acusado de matar a su abuela; sus torturadores terminaron condenados
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LA PLATA.- El 8 de febrero de 2014 encontraron a la abuela de Guillermo Aguirre muerta en la cocina. Ese día estaba todo inundado, la tormenta complicaba cada vez más los caminos. Cuando él se enteró, estaba con su novia, embarazada de siete meses; ambos recorrieron los tres kilómetros que los separaban de la casa de la abuela, Marta Chiesa, que yacía en el piso sobre un charco de sangre. Los policías los hicieron esperar afuera, mientras analizaban la escena del crimen, en Virrey del Pino.
Los hijos, nietos, nueras y yernos de Marta estaban en el lugar. A las órdenes del secretario del fiscal, Claudio Giliberti, la policía revisó todo y encontró un tarro vacío de alcohol y un fósforo entre las piernas de la mujer. Patricia, la mamá de Guillermo, nuera de la mujer muerta, escuchó a los policías cuchichear: "El guacho la mató porque la vieja se defendió".
Cuando estudiaba el profesorado de matemáticas, Guillermo iba a lo de su abuela y se quedaba ahí en la semana para no tener que viajar. Convivió con ella casi un año. Los fines de semana volvía a la casa de sus padres para atender el quiosco de la escuela donde ellos son caseros o a trabajar en la cosecha de kiwi.
"El 8 de febrero de 2014, a partir de las 22, cuatro sujetos masculinos, uno de ellos sin identificar, en su condición de funcionarios de la policía de Buenos Aires trasladaron a Guillermo Héctor Aguirre desde su domicilio, en Numancia 7070, subiéndolo a una camioneta particular donde le aplicaron golpe de puño y de «cachiporras» en la zona de las costillas", se lee en la resolución firmada el 22 de enero de este año por Sergio Gago, juez de Garantías N° 6 de La Matanza.
La noche de la muerte de su abuela, Guillermito, como le dicen sus padres, tenía un rasguño en la mejilla. La relación con su novia no era buena. "Mi nuera Camila era muy celosa, lo lastimaba mucho", explica el papá. Esa noche, cuando ya habían vuelto a la casa donde vivían ellos dos, Camila llamó al padre de su novio: a Guillermito lo habían ido a buscar en un patrullero para llevarlo al destacamento del kilómetro 43 de la ruta 3.
"Una vez en el destacamento lo colocaron en una oficina, le propinaron «cachetazos» y le solicitaron que entregara dinero por la suma de 30.000 pesos", dice la resolución.
Continúa: el oficial Acosta iba de un lado. El oficial Cuella, del otro. Antes de arrancar, el subcomisario Carrizo bajó y pidió "la linterna" [la picana]. Manejó hasta el frente de la casa de la abuela Marta y frenó a media cuadra. Acosta agarró la picana y la apoyó sobre el cuerpo de Guillermo.
-¡Acosta, pará que lo vamos a matar! -dijo Cuella.
-Pendejo de mierda, no me digas el apellido, me estás quemando.
Cuando volvieron a la comisaría, los padres y la novia de Guillermo estaban ahí. Media hora después, Carrizo les dijo que su hijo iba a quedar demorado y que sólo quería que entrara la novia.
-Decile por qué estás acá -lo increparon los policías.
Guillermo la abrazó y le dijo: "Yo maté a la abuela. Cuidá a mi hija".
"Porque ellos lo amenazaban con que si él no se autoinculpaba la iban a violar a Camila e iban a matar al bebé", explica a LA NACIÓN Patricia, su madre, concentrada en el mate dulce, intentando contener el llanto.
Los policías Héctor Oscar Acosta y Enrique Armando Carrizo fueron condenados por torturar e intentar extorsionar a Aguirre. Cuella fue absuelto por oponerse a los tormentos. Y Aguirre aún sigue preso.
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