
Crimen de Jimi Altamirano: condenaron a 11 años a un soldadito narco que usó el cuerpo de un músico como mensaje mafioso
Daniel Bommer aceptó, en un juicio abreviado, su participación secundaria en el homicidio del artista callejero, secuestrado al azar y ejecutado frente al estadio de Newell’s en febrero de 2023
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ROSARIO.- Lorenzo “Jimi” Altamirano no tenía nada que ver con Newell’s: quienes lo conocían decían que era antifútbol. Tocaba el bajo en bandas punk, hacía malabares en los semáforos y soñaba con volver a viajar a Brasil. La noche del 1 de febrero de 2023 lo eligieron al azar en una esquina de la zona oeste, lo subieron a un auto robado y lo ejecutaron frente al Coloso Marcelo Bielsa. En uno de sus bolsillos dejaron un papel. Su cuerpo fue apenas el soporte de un mensaje dirigido a los jefes presos de la barra leprosa. Los fiscales lo definieron con una palabra que resume la crueldad del caso: “envase”.
Tres años y medio después llegó una condena. El juez Fernando Sosa homologó este lunes el acuerdo entre los fiscales Anabel Cerutti y Franco Miatello y el defensor público Iván Russo, por el cual Daniel Mateo Bommer, de 25 años, recibió 11 años de prisión por ser integrante de una asociación ilícita, autor de amenazas calificadas y partícipe secundario del homicidio calificado de Altamirano. La pena unifica una condena anterior de un año y medio por tenencia de drogas dictada por la Justicia federal.
Según la acusación, Bommer era una pieza operativa de la organización que Pablo Nicolás Camino manejaba desde la cárcel federal de Rawson: conseguía los autos que luego se usaban en los ataques, guardaba armas y hacía de enlace entre el jefe preso y los sicarios. El día del crimen, su teléfono se comunicó una y otra vez con Alexis “Tato” Romero, a quien tenía agendado como “TT”, y con Camino, registrado como “trotro”.
Para la Fiscalía, esas llamadas sirvieron para coordinar el asesinato entre quien lo ordenó y quienes lo ejecutaron. Esa noche, además, su celular impactó en una antena cercana al estadio. No alcanzó para atribuirle la autoría material.

Condenado y blanco
La pista que llevó hasta Bommer surgió de la propia violencia de la banda. El 4 de febrero, tres días después del crimen, recibió once disparos en Iriondo y 3 de Febrero. Sobrevivió. Internado en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez, contó que hacía “trabajos” para Camino. Los investigadores sospechan que quisieron matarlo sus propios compañeros porque sabía demasiado.
Poco después, un informe de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) elaborado a partir de datos de informantes de San Francisquito, Parque Casado y Bella Vista advertía que uno de los asesinos de Jimi había sido baleado.
Bommer escapó de Rosario y se refugió en un hogar cristiano de rehabilitación en Villa Bosch, en el conurbano bonaerense, para dejar las drogas y esconderse de los sicarios que lo buscaban. Allí lo detuvieron el 20 de julio de 2023. En su imputación dijo que era hincha fanático de Newell’s y que conocía a Camino de la cancha.
A las 21.19 de aquel miércoles, Altamirano fue obligado a subir a un Renault Sandero en 27 de Febrero e Iriondo. El auto había sido robado a punta de pistola dos días antes en Chacabuco y Cochabamba. Lo llevaron hasta el ingreso del estadio, sobre la calle Morcillo, lo hicieron bajar y le dispararon tres veces con una pistola calibre 9 milímetros.
El papel que dejaron nombraba a Damián “Toro” Escobar, Leandro “Pollo” Vinardi y Gerardo Gómez, los referentes de Los Monos en la barra, y les exigía que “dejen de sacar chicos del club para tirar tiros en Rosario”. Ese mismo día, dos jóvenes en moto balearon la comisaría 26 de Villa Gobernador Gálvez y dejaron carteles con un texto casi idéntico.

Seguidilla de ataques
El crimen de Jimi instaló en Rosario una idea que hasta entonces parecía lejana: que la guerra narco podía caer sobre cualquiera que estuviera en la calle en el momento equivocado.
Camino se había presentado durante años como leal a Ariel “Guille” Cantero y había compartido pabellón con Vinardi en Piñero. La relación se quebró a fines de 2022 por una deuda de 60.000 dólares vinculada a un cargamento de cocaína. Junto con Eric Mansini y Leandro Vilchez, también presos en Rawson, Camino desató una ofensiva para golpear los negocios formales e informales de la barra de Newell’s.
La secuencia fue vertiginosa. El 19 de febrero balearon el carrito de comidas de Agustín “Tato” Leguizamón. Al día siguiente ejecutaron a Jorge Gustavo Maturano en su casa y, durante su velatorio, dispararon con una ametralladora contra la gente que estaba en la puerta: Pablo Sebastián Latorre murió y seis personas quedaron heridas.
El 28 de febrero mataron a Benjamín Echavarría. El 2 de marzo, a las 2.53, balearon el supermercado Único de José Roccuzzo, suegro de Lionel Messi, y dejaron un cartel: “Messi, te estamos esperando”. La Fiscalía le atribuye a Camino la instigación de cinco homicidios y 18 balaceras.
Los Monos respondieron con una exhibición de poder: durante la despedida de Maxi Rodríguez, con Messi en la cancha, desplegaron en la tribuna una bandera de más de 40 metros con un mono, un pollo y un toro.
Camino, apodado “El Carnicero” desde que en 2018 mató a puñaladas y con alambre a Rubén “Tubi” Segovia en la cárcel de Coronda, está preso desde 2015. Construyó su poder sin pisar la calle, a través de celulares que circulaban por boquetes en las paredes de los penales. Ya tiene una perpetua por el doble crimen de las hermanas Marianela y Estefanía Gorosito, además de otras condenas que suman 40 años. A mediados de este mes protagonizó un incidente en el penal de Marcos Paz.
El 13 de octubre comenzará el juicio oral por esta saga de violencia. En el banquillo estarán Camino, Romero, Uriel Enrique, señalado como otro de los tiradores, y otros cuatro acusados. La familia de Jimi, que marchó a los tribunales para que su muerte no quedara “como un caso más”, espera ese debate para que se juzgue a quienes eligieron a un músico al azar para convertirlo en mensajero.



