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Ninguno de los soldados que esperaba atención médica en aquel edificio de Fort Hood llevaba un arma. Nidal Malik Hasan lo sabía: era psiquiatra del Ejército estadounidense y trabajaba en esa misma base militar de Texas. El 5 de noviembre de 2009, mientras sus compañeros aguardaban para recibir vacunas y completar controles antes de partir hacia una zona de guerra, el mayor sacó una pistola FN Five-seveN y comenzó a disparar. Según los testigos, gritó “¡Allahu Akbar!” (Dios es grande, en árabe). En unos diez minutos asesinó a 13 personas, entre militares y un civil, e hirió a otras 32.




