El último deseo de Barreda: ser cremado y que sus cenizas terminaran en la cancha de su amado club

Crédito: Miguel Braillard
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28 de mayo de 2020  • 17:17

El múltiple femicida Ricardo Barreda tuvo como último deseo, antes de morir, que su cuerpo fuese cremado y sus cenizas, esparcidas en la cancha de Estudiantes de La Plata. No fue posible, porque a los 83 años murió solo en un geriátrico de José C.Paz., y su inhumación fue autorizada por un empleado del PAMI que firmó la documentación necesaria para su traslado al cementerio de ese distrito, en un acto al que no concurrió absolutamente nadie más que los sepultureros.

Así lo reveló hoy su biógrafo Pablo Marti, la única persona que lo visitaba en ese establecimiento para adultos mayores. "Su última voluntad era ser cremado y que se esparcieran sus cenizas en la cancha de su amado Estudiantes de La Plata", aseguró a la agencia de noticias Télam Martí, quien contó que se había enterado de la muerte del odontólogo el mismo lunes por un llamado que le hicieron desde el geriátrico, ya que él era la única persona que tenía contacto con el cuádruple homicida.

Enterados de la novedad, directivos del club platense descartaron de plano que siquiera se hubiese analizado la posibilidad de que los restos de Barreda terminaran en el campo de juego "pincharrata", el remozado estadio de 57 y 1.

"El club tiene una historia muy fuerte de respeto y de participación de mujeres en la vida social y deportiva, y eso marca toda una definición y una postura muy clara [...] No hubo ningún pedido al respecto, no se consideró ni está en evaluación. El tema no admite discusión alguna", dijo un importante directivo del "León".

Barreda, que iba a cumplir 84 años el próximo 16 de junio, falleció alrededor de las 14 del 25 de mayo último, cuando sufrió un paro cardíaco en el Hogar Geriátrico "Del Rosario", donde estaba internado desde el 10 de marzo.

"Tenía problemas en la próstata, demencia senil, deterioro cognitivo, estaba postrado en silla de ruedas y conectado permanentemente a una sonda. Estaba parcialmente ubicado en tiempo y espacio. Había momentos en que estaba lúcido y otros en los que no sabía ni quién era", contó a Télam el dueño del establecimiento, Daniel Otero.

El propietario del geriátrico "Del Rosario" explicó: "A veces tenía pantallazos, les decía a las enfermeras que tenía una casa [aquella de La Plata en la que mató a su esposa, sus hijas y su suegra] y cuando lo llamaban 'doctor' les respondía 'yo no soy médico'".

Por su parte, Martí, que es escritor y tuvo contacto con Barreda hasta su muerte, recordó: "Lo conocía desde hace más de un año y le pedí escribir un libro sobre su vida. Lo vi por primera vez en un bar frente a la estación de trenes de San Martín, y después lo seguí viendo en el Hospital Eva Perón [del mismo distrito], donde se generó un vínculo a través de las visitas y empezó a contarme cosas".

Afirmó: "Siempre supe que estaba frente a un cuádruple femicida y cada vez que veía esas manos me impactaban porque pensaba que con esas manos agarró la escopeta con la que mató a su familia". El escritor se refería a la Víctor Sarrasqueta calibre 16 que su suegra le había traído de regalo tras un viaje a España y con la que el domingo 15 de noviembre de 1992 mató, sucesivamente, a su esposa, Gladys McDonald, de 57 años; a su hija mayor, Cecilia, de 26; a la menor, Adriana, de 24, y a la abuela de las chicas, Elena Arreche, de 86.

El biógrafo aseguró que Barreda "nunca olvidó sus crímenes" y recordó que alguna vez le preguntó si pensó en suicidarse, a lo que Barreda respondió que no.

Marti recordó algunas charlas que mantuvo con el femicida respecto a lo sucedido ese 15 de noviembre de 1992, cuando cometió el ataque.

  • "Siempre habló con convicción de lo que hizo" y "se mostró arrepentido y analizó que en algún punto pudo haber cambiado algunas cosas", contó.
  • "Él siempre me decía antes de que le pregunte 'si, ya sé, querés saber por qué nunca me separé -de su esposa-", y se respondía: 'porque la quería", contó Marti, quien aseguró que el femicida llegó incluso a decirle que si pudiera "volvería a conocer" a quien fue su pareja, pero "haciendo las cosas bien".

Una de las palabras que al biógrafo le llamó la atención es que, a pesar de la brutalidad del hecho que cometió, Barreda "no quería que la gente se olvidara de él: disfrutó de cierta fama que le dio todo lo que hizo, creo que hizo un personaje para manejarse en el mundo".

Marti recordó también las últimas veces que mantuvo contacto con el odontólogo.

"El 15 de noviembre de 2019, en el 27° aniversario del hecho, cayó viernes. Y siempre iba a verlo los jueves, pero preferí esperar un día más y estar con él para evitar que alguien se le metiera en la habitación. Ese día estuvo muy mal de salud y la verdad que pensé que se iba a morir justo en esa misma fecha", dijo.

Por otra parte, contó cómo fue el momento que lo acompañó a Barreda para internarse en el geriátrico y rememoró su última conversación por medio de una videollamada.

"Lo acompañé el 10 de marzo y justo empezó la cuarentena. Tuvo siete días de adaptación donde no podía tener visitas", dijo, y agregó: "El 18 lo fui a visitar a las 10.30 horas y lo vi durante 15 minutos, con todos los recaudos".

"Lo vi totalmente rapado, sentado y atado a la silla de ruedas para que no se caiga", sostuvo.

Marti contó que días después realizaron una videollamada de WhatsApp, donde Barreda le dijo que estaba bien y le agradeció por todo lo que hizo por él.

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