Guerra narco. Cayó Aldo, jefe de uno de los clanes que a tiros se disputaba el territorio de la villa 31
Aldo Rolín Lezcano, de nacionalidad paraguaya, estuvo prófugo tres años; está considerado como una pieza clave de la organización conocida como Los Sampedranos, rival de la banda de César Morán de la Cruz, el Loco César
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Aldo Rolín Lezcano está considerado como uno de los jefes de la organización criminal Los Sampedranos, un clan narco que operaba en la villa 31 de Retiro y que a fuerza de tiros se disputaba el territorio con la banda de César Morán de la Cruz, el mítico Loco César, quien en 2019 fue condenado a prisión perpetua por el crimen por encargo de una joven, asesinada por error de cuatro balazos en 2016 en su casa del partido bonaerense de Moreno. Estuvo prófugo casi tres años hasta que en las últimas horas fue detenido por la Policía de la Ciudad y en las próximas horas será indagado por el juez federal Ariel Lijo.

Así lo informaron a LA NACION calificadas fuentes judiciales. Los voceros consultados sostuvieron que Rolín Lezcano, de nacionalidad paraguaya, era uno de los cuatro jefes de Los Sampedranos y bajó su mando tenía a varios integrantes de la banda de menor rango, como los denominados campanas y los “jefes de cancha”.
El sospechoso fue detenido ayer a las 16 por personal de la División Investigación Antidrogas de la Policía de la Ciudad en la villa 31.
“Evidentemente, fue al barrio a arreglar algún problema. Hace tres años que no pasaba por la villa 31. Personal policial lo vio y lo reconoció”, dijo una fuente de la investigación.
Los Sampedranos es una banda integrada por ciudadanos paraguayos, oriundos, precisamente, de la ciudad de San Pedro.
Los otros tres jefes de la banda, según fuentes de la Policía de la Ciudad, eran Juan Ramón Acosta Ortigoza y Aurelio Acosta Almada, ambos detenidos, y Florentín Bentos Montiel, prófugo de la Justicia.
Entre noviembre de 2019 y los primeros días de marzo de 2020, la guerra entre Los Sampedranos y la organización del Loco César se habría cobrado seis víctimas, asesinadas a sangre fría en los pasillos de la villa 31.
“Estos homicidios no son casualidad: son una señal de alerta mayor. Hay una disputa por el territorio”, había dicho a LA NACION en ese momento una fuente del Ministerio de Justicia y Seguridad porteño.
El fallecido fiscal Jorge Di Lello fue uno de los funcionarios judiciales que investigó a las organizaciones criminales que se disputaban el territorio en la villa 31 y 31 bis.
En junio 2016, por orden del juez Lijo en un expediente del que también intervenía el fiscal Di Lello, la Policía Federal Argentina (PFA) hizo una serie de allanamientos para dar con Bladimir Morán Joyo, alias Cabecita, el hijo de el Loco César.
Cabecita no fue encontrado en la villa 31, pero se allanó su domicilio donde los uniformados se encontraron con seis pantallas de plasma, un baño con hidromasaje, equipo de aire acondicionado y cuartos como los de un moderno dúplex que desentonaban con el entorno de sus vecinos.
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