
Investigan si fue homicidio el supuesto suicidio de un empresario gastronómico
La Justicia no descarta la posibilidad de que Mirco Zampieri, quien fue uno de los socios del restaurante Harry Cipriani en Buenos Aires, hubiera sido asesinado; el cuerpo fue hallado en su casa con una herida de bala en la cabeza
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Como todas las mañanas, el portero Patricio Mallado Castillo se dedicó a limpiar el pasillo y las escaleras del edificio de Libertad 1637, entre Posadas y avenida del Libertador, en Retiro. Cuando ingresó en el ascensor advirtió que se le había mojado la cabeza con algo que caía del techo. Ese líquido era sangre.
En ese edificio vivía un conocido empresario gastronómico veneciano que fue socio del restaurante Harry Cipriani y era propietario de una firma dedicada a la elaboración de pastas y pizzas gourmet.
Entonces, el encargado comenzó a revisar piso por piso para buscar de dónde venía esa sangre. Al llegar al segundo piso, llamó a la empleada doméstica para que le abriera la puerta. Así fue que en el palier privado de ese departamento, en un espacio de dos metros por dos, encontraron el cadáver del dueño de casa, el empresario Mirco Zampieri, de 61 años, con la cabeza destrozada.
El cuerpo de Zampieri fue hallado el 4 enero pasado minutos después de las 7. En principio, los policías de la comisaría 15a. caratularon el caso como suicidio, pero dos meses después la Justicia abona la sospecha de que se trataría de un homicidio.
Cuando el encargado del edificio y la empleada de la familia Zampieri hallaron al empresario, el cuerpo tenía un arma en la mano izquierda y una gran herida en la cabeza producida por el balazo calibre .380 que salió de la pistola encontrada en el lugar del hecho.
A simple vista parecía un suicidio. O al menos eso habrían intentado hacer creer los policías que llegaron luego que la esposa de Zampieri avisara al número de emergencias 911.
Pero, cuando el fiscal Martín López Perrando comenzó a investigar y a solicitar los informes balísticos surgieron las sospechas que apuntarían a que Zampieri pudo haber sido asesinado y que alguien habría intentado encubrir el crimen.
Zampieri, que fue uno de los socios del afamado restaurante Harry Cipriani, también se desempeñó como gerente en el restaurante La Cabaña, de Puerto Madero, y manejaba su propia empresa dedicada a la elaboración de pastas y pizzas gourmet.
Las dudas sobre las circunstancias que rodearon su muerte surgieron cuando el fiscal advirtió que la vaina servida eyectada por la pistola calibre .380 fue hallada debajo del cadáver del hombre, desafiando toda las leyes de la física. Además, tampoco había improntas o marcas del proyectil que mató a Zampieri en ninguna parte del palier. Según las fotos, el plomo que acabó con su vida parecía acomodado al lado del cadáver.
Otro dato que llamó la atención de los investigadores fue que nadie dentro del departamento del segundo piso escuchó el estruendo producido por la detonación de esa poderosa arma de guerra en un espacio tan reducido.
Además, los sospechas por el encubrimiento se acrecentaron cuando el fiscal comprobó que la policía no le hizo el dermotest al cuerpo de Zampieri para determinar si había restos de deflagración de pólvora en sus manos, lo que hubiera permitido confirmar que había disparado el arma.
Tampoco se ordenó hacer la prueba del dermotest a las personas que estaban en el departamento de Zampieri en el momento del hallazgo del cuerpo, al menos para descartarlos como sospechosos.
Todos los restos de pólvora o cualquier otra prueba que abonara la sospecha del homicidio fue borrada del lugar de la muerte porque la policía no preservó la escena del crimen, según sospecha el fiscal que ahora está a cargo de la causa.
Más sospechas
Según informaron fuentes de la investigación, en los últimos días, el fiscal López Perrando se dedicó a tratar de reconstruir las últimas horas con vida del empresario.
En la declaración de la mujer de Zampieri, identificada como Flavia Giua, no había quedado claro si su esposo atravesaba problemas económicos que lo hubieran llevado a tomar la decisión de quitarse la vida o si había recibido amenazas de muerte de parte de alguna persona vinculada con su actividad comercial.
Aparentemente, Zampieri había dejado de vivir en el departamento donde murió a mediados de diciembre del año pasado.
Por eso llamó la atención de los investigadores el hecho de que el empresario anduviera por la calle en las primeras horas de la mañana, sin documentos, sin billetera, sin dinero y sin su teléfono celular. Sólo llevaba encima un manojo de llaves.
Había un detalle más curioso todavía y que, según una importante fuente de la investigación, no encaja en la escena del suicidio. De confirmarse que el empresario no vivía más en el departamento donde murió, significa que anduvo por la calle a la mañana temprano, con un arma de guerra en la mano, sin la credencial que autorizaba su portación, por una de las zonas más patrulladas de la ciudad, a la vuelta del Patio Bullrich, sin que nadie lo detuviera.
Esto fue así porque se confirmó que la pistola calibre .380 apareció junto al cuerpo del empresario sin funda. Además, Zampieri no llevaba ninguna prenda de vestir que sirviera para ocultar el arma.
Si bien el cadáver fue hallado a las 7.10, los peritos de la Unidad Criminalística Móvil de la Policía Federal que revisaron el cuerpo estimaron que la muerte ocurrió a las 6.15. Hasta el momento, ninguno de los testigos cuyas declaraciones figuran en las más de 300 páginas que tiene el expediente escuchó el disparo que mató a Zampieri. Un hecho que resulta extraño si se tiene en cuenta el poder de fuego del arma y que estaba en un lugar de reducidas dimensiones, pero al lado del hueco del ascensor, lo que hubiera expandido el ruido a otros pisos.
Un local frecuentado por famosos
Mirco Zampieri fue uno de los socios del local de Harry Cipriani inaugurado en la Argentina. La famosa cadena de restaurantes cerró su único local en nuestro país en febrero de 2002. Funcionaba en Posadas 1229 y fue uno de los más concurridos por artistas, empresarios famosos y también por funcionarios de la administración de Carlos Menem, en la década del ‘90. Alfredo Yabrán era uno de los habituales clientes.
En 1996, el local por el que desfilaron personajes de la farándula porteña fue escenario de un asalto perpetrado por la "banda de los chicos bien", que se dedicaba a robar en restaurantes de alto nivel.
Su trayectoria
Tenía 61 años y había nacido en Venecia, Italia. Fue uno de los socios que instalaron en Buenos Aires un local del famoso restaurante Harry Cipriani, que funciona en Nueva York. También había trabajado en el Harry’s Bar, de Venecia. Estaba separado de su primera esposa y tenía hijos en Italia. En los últimos años comenzó una relación con su actual pareja, con quien tenía una hija. Cuando cerró Harry Cipriani en Buenos Aires, trabajó como gerente en el restaurante La Cabaña, de Puerto Madero, y comenzó con un emprendimiento propio para elaborar y comercializar pastas y pizzas gourmet
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